Virrey de los hunos

La sociedad que pretendíamos muchos de los que nacimos antes de la Libertad, atraviesa hoy un periodo de profundas crisis y turbulencias en las que, una vez más, los hunos pretenden imponer a hierro y fuego su parecer sobre el pensamiento de los otros.

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Atila

Nacida en el seno de una familia católica, en un núcleo cumplidor con su fe religiosa, esta niña hecha mujer no conoce varón, ni acaso lo conozca antes de contraer blancas nupcias parroquiales. Sus padres le han educado conforme sus conciencias les dictan y sus creencias les imponen. Española, moderna hasta donde su pudor permite, esta niña hecha mujer habita en un país libre, en el que las mujeres tienen la capacidad legal de decidir por sí mismas y de poseer para sí mismas. El nacionalcatolicismo impuesto por el gran dictador y bendecido desde los palacios episcopales nunca promulgó leyes ni autos que liberasen a la mujer del yugo del hombre, ni les otorgó autonomía, ni auspició su independencia. Lo que la autocracia negó, la democracia compuso. Esta niña hecha mujer ha nacido en libertad y de Franco solo conoce cuanto sus padres le cuentan. Como Teresa de Jesús, vive sin vivir en sí, espera la alta gracia y acepta el Tiempo como un inevitable puente hacia la eternidad. Esta niña hecha mujer tiene conciencia de su destino: crecer y multiplicarse.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Lejos de ella, pero en la misma ciudad, otra niña convertida en mujer habita en el seno de una familia media de la España anónima. Sus padres le han educado con amplitud, le han enseñado cuanto saben y animado a tener fe en el ser humano, lealtad al amigo, comprensión con el humilde. Como ellos, esta niña ya mujer cree en lo necesario y ama lo justo, es decir, lo merecido. Sabe que la vida es un irrepetible obsequio de la Naturaleza, un sobresaliente progreso del todo a la nada, del nacimiento a la muerte. Vive y deja vivir, porque vive intensamente en sí, no espera una alta gracia más allá de las nubes, y goza del Tiempo porque ha aprendido que su tiempo es su argumento y su expresión, cuanto posee. Esta niña ya mujer también tiene conciencia de su destino: crecer y justificarse.

Para una y otra [tan diferentes y tan respetables], cuantos nacimos antes de la Libertad y los que con mayor o menor constancia aportamos nuestros esfuerzos para lograrla, edificamos hace años esta torre multicultural en la que existe la España democrática del siglo XXI. Con normas de convivencia y leyes abiertas al deber de cumplirlas, pero también al de aplicarlas en quienes así lo demanden. Unas leyes que obligan, pero también otras que amparan a los que voluntariamente se acogen a su contenido y a sus beneficios. El sentido de la Democracia [si en esta sociedad cianótica la Democracia tiene sentido todavía] ha de ser ése exactamente: promulgar unas normas que defiendan los derechos individuales de los ciudadanos y que, como tal, las practiquen quienes así lo deciden en libertad, y con esa misma libertad opten por no ejercerlas cuantos su conciencia religiosa o su forma de entender la vida se lo impidan. El respeto a una y otra postura es, en suma, la base de la Democracia.


Una de las personas políticas con mayor índice de empecinamiento, con escaso intelecto y con una medida pasión por el absolutismo es Santiago Abascal, virrey de los hunos y el azote de Dios en pleno siglo XXI


La sociedad que pretendíamos muchos de los que nacimos antes de la Libertad, atraviesa hoy un periodo de profundas crisis y turbulencias en las que, una vez más, los hunos pretenden imponer a hierro y fuego su parecer sobre el pensamiento de los otros. Los hunos, con su particular y mediocre ‘Atila’ al frente, pretenden leyes que amparen sus derechos y sus totalitarismos, mientras que rechazan con virulencia aquellas que benefician a quienes no viven y no piensan como ellos.

SERES DEL PALEOLÍTICO

Una de las personas políticas con mayor índice de empecinamiento, con escaso intelecto y con una medida pasión por el absolutismo es Santiago Abascal, virrey de los hunos y el azote de Dios en pleno siglo XXI. Sus consignas a voz en flama y las de sus trasnochados correligionarios les presentan como el prototipo de unos seres del Paleolítico. Totalitario y ramplón, el líder de los hunos nunca ha sido un trabajador ni una persona declaradamente culta, y por eso, cuando habla, solo parece dársele bien el empleo del sujeto, primera persona singular, y el uso del pasado como tiempo verbal, que adultera. Y por ello, además, ataca donde le dejan, con lenguaje que no sabe.

Abascal, virrey de los hunos, actúa conforme la ultraderecha ultracatólica sabe hacerlo y los palacios episcopales convienen: arrogándose la representatividad del pueblo para, aún más concreto, eliminar la legítima realidad del divorcio; intentar erradicar el derecho (no el deber) de las mujeres al aborto; vestir de ‘rey católico’ para –a modo de Isabel y Fernando- querer expulsar del país a cuantos llegan a él acuciados por el hambre y la pobreza; despreciar a los movimientos sociales seculares de los colectivos de mujeres, echando excrementos sobre el feminismo; escupir maldad sobre los seres diferentes a él, pretender arrasar a lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero e intersexuales; todo como lo que realmente es, el azote de Dios, su Dios, el exterminador. No puedo entenderlo de otra manera.

Una niña hecha mujer, nacida en el seno de una familia católica, española, moderna hasta donde su pudor permite, que vive sin vivir en sí, espera la alta gracia y tiene una firme conciencia de su destino [crecer y multiplicarse], nunca se acogerá a la ley del aborto. Porque si un derecho no es un deber, ella abdicará de él. Tiene derecho.

Otra niña convertida en mujer, educada sin dogmas y en razón, animada a tener fe en el ser humano, segura de que la Naturaleza es un don, creyente en lo necesario y enamorada de lo merecido, se ajustará al derecho de abortar si lo estima indispensable y preciso. No renunciará a él. También tiene derecho: decidir por sí misma.

Una y otra, tan antagonistas entre sí, todavía son parte de este país y es necesario e imprescindible que se mantenga así, porque ambas han de seguir representándolo, y de ahí nuestro respeto. Habría de saberlo el señor Abascal, habría de distinguir y ser honesto. No ser, como los hunos, el azote de Dios, o serlo solo en su casa, si su familia se lo permite (y gustaría yo que no). Pero es mucho pedirles a las mentes obtusas.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Gregorio González Perlado, un gran periodista y poeta, se incorpora al equipo

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