El viraje pedrista de Vara y otras complicidades

Los que traicionaron a Pedro Sánchez con mucho menos motivo, se han vuelto de pronto inexplicablemente acríticos con el presidente

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Guillermo Fernández Vara, demasiada complacencia para la que está cayendo. RTVE
Guillermo Fernández Vara, demasiada complacencia para la que está cayendo. RTVE

El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, que tan enemigo acérrimo fue de su secretario general por motivos exclusivamente de partido, hasta el punto de colaborar activamente a su inicua defenestración, se ha vuelto -como el resto de los barones socialistas que defenestraron a Pedro Sánchez- asombrosamente acríticos con el hoy presidente del Gobierno. Pero la situación de España requiere otra cosa.

El periódico El Mundo publica hoy dos piezas muy significativas referidas a la acción del actual Gobierno. La primera de ellas es la entrevista realizada por Lucía Méndez a Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura (https://www.elmundo.es/espana/2018/11/05/5bdf4d6746163f86158b466e.html). La segunda, un editorial crítico con la complaciente actitud de los gobernantes y líderes autonómicos del PSOE, incluido Vara en relación con la acción de gobierno de Pedro Sánchez (https://www.elmundo.es/opinion/2018/11/05/5bdf3eb346163f68838b46fc.html).


El presidente extremeño aplica al líder dos varas de medir: una cuando Sánchez es solo secretario general del PSOE y otra completamente diferente cuando es presidente del Gobierno.


En la entrevista, “un relajado” Fernández Vara (que aparece en una extraña fotografía sentado en una butaca en un pasillo de un hotel de lujo de Madrid con demasiados dorados que no se compadecen con una región con tantas negruras como la que él preside, una tierra que sigue a la cola de España después de una gestión política de décadas de él y los suyos) aparece como un claro defensor de la gestión de gobierno de Pedro Sánchez, pese a los incontables bandazos, errores y dislates cometidos por este desde que es presidente y que coadyuvan a poner en peligro la integridad, la estabilidad, la convivencia y la economía de España.

En una de sus primeras respuestas, Vara dice que “desde el cambio de Gobierno, a Pedro Sánchez no le han dado ni un minuto la opción de gobernar”. Asombra que diga esto un político curtido refiriéndose a la labor crítica de la oposición y de los medios –cuya obligación es precisamente ejercer la crítica, entre otras cosas-, máxime cuando él formó parte de la camarilla que no le dio ni un minuto la opción de ejercer como secretario general del PSOE, traicionándole, con el resto de barones, hasta lograr su defenestración, y emitiendo públicamente las críticas más feroces que hemos escuchado entre compañeros de un mismo partido.

El viraje pedrista de Vara prueba que el presidente extremeño aplica a su líder máximo dos varas de medir –valga la redundancia-, porque la que utiliza cuando Sánchez es secretario general es completamente diferente de cuando es presidente del Gobierno. Y, alarmantemente, la contradicción encierra dentro de sí otra paradoja aun más profunda y lamentable. Porque si Vara y el resto de barones traidores fueron agresivamente críticos contra Pedro Sánchez cuando los motivos eran exclusivamente internos del partido y referidos más bien a las cuotas de poder de cada uno y al reparto de la relevancia orgánica, no se explica ahora que toda crítica haya desaparecido de los labios de los mismos actores cuando hay graves motivos externos, motivos de importancia nacional de trascendental calado para una necesaria crítica que induzca al presidente a corregir ciertas peligrosas derivas para los intereses de España como nación unida, moderna y pujante, advirtiéndole de las nefastas consecuencias que tiene y tendrá su ciega huida hacia adelante.


Cualquier tripulante mínimamente consciente (o menos interesado) enjuiciaría de otro modo esa “serenidad” del capitán cuando en el barco se abren vías de agua por todas partes.


COMPLICIDADES

Vara elude vergonzantemente, una y otra vez, referirse a las responsabilidades de Sánchez; contesta “no lo sé” cuando la periodista le pregunta sobre el silencio del presidente ante la pregunta de si indultará a los independentistas catalanes; evita entrar en crítica ni descalificación alguna de una acción de gobierno que merece, al menos, la mitad del rigor que él y su cuadrilla utilizaron otrora contra su secretario general; y termina diciendo algo inaudito cuando la entrevistadora le pregunta cómo ve al presidente: “Enormemente sereno. Me llama la atención que con la altísima responsabilidad que tiene, sea capaz de estar tan sereno. Y me tranquiliza”. Cualquier tripulante mínimamente consciente (o menos interesado) enjuiciaría de otro modo esa serenidad del capitán cuando en el barco se abren vías de agua por todas partes, y, desde luego, estaría menos tranquilo.

La segunda pieza de El Mundo es un editorial titulado Silencio cómplice de los barones, en el que el periódico abunda en los razonamientos que acabamos de exponer, pero referidos esta vez a todos los barones socialistas, especialmente a aquellos que fueron “tan valientes” con Sánchez cuando solo era secretario general de su partido. El Mundo lo dice bien claramente, en una opinión que compartimos: “No es el PSOE moderno una organización política hermética, sino un partido en el que hasta hace poco incluso se exhibía, al menos de cara a la galería, la existencia de cierto grado de disidencia interna cuando el objeto del debate poseía cierta envergadura. De hecho, fueron las divisiones intestinas las que llevaron a los socialistas a ser los primeros en España en instaurar un sistema de primarias para elegir a su secretario general. Pero una vez asaltado el poder por Pedro Sánchez, aquel espíritu crítico y constructivo brilla hoy por su ausencia cuando lo que está en el centro de la mesa es una cuestión de emergencia nacional: la erosión de los fundamentos del Estado de derecho por su connivencia con el nacionalismo. Partícipes de este silencio son los barones socialistas, quienes tienen tanto la autoridad como la responsabilidad de mantener a su partido en la senda constitucionalista. Se convierten así en cómplices necesarios de Sánchez y de su desleal estrategia, que no es otra que la pura supervivencia en La Moncloa aunque para ello deba violar sin remilgos el principio fundamental de toda democracia: la separación de poderes”.

Los valientes de antaño callan ahora. RTVE
Los valientes de antaño callan ahora. RTVE

A Vara y al resto de los barones se les ve demasiado el plumero en estos momentos de aspiraciones electorales de unos y de otros –aunque a más de uno (y una) le pueda costar cara esa “complicidad” que denuncia El Mundo-, pero en el caso del presidente extremeño la cosa tiene más bemoles, no solo por la contradicción entre sus críticas feroces de ayer a su secretario general y sus halagos de hoy al presidente del Gobierno, sino también por la doble complacencia –la que rezuma en relación con Pedro Sánchez y la suya propia, su autocomplacencia- que traslucen sus palabras y actitud acrítica, incomprensible en un dirigente que preside una región que, como publicaba El País el domingo en un sobrecogedor reportaje a doble página titulado Extremadura se ahoga (https://elpais.com/politica/2018/11/01/actualidad/1541097687_731508.html), en el que describe la gravísima situación que vive esa región cuando está bien avanzado ya el primer cuarto del siglo XXI, “más de 400.000 extremeños (casi la mitad de la población) viven con 700 euros al mes”; “el 44´3% de los habitantes está en riesgo de exclusión social” (la tasa de pobreza más alta del país, que, según el periódico, “ha aumentado en la región el último año, otra vez”); y nada menos que “13.000 jóvenes se han marchado en los últimos cinco años” para una población que apenas supera el millón de habitantes.

Ante todas estas circunstancias, más les valdría a los susodichos barones socialistas asumir sus responsabilidades políticas, institucionales y patrióticas, echándole a su deber de hoy un cuarto del valor crítico que demostraron anteriormente con su entonces secretario general.

Y al presidente Fernández Vara, vista la doble complacencia que traslucen su imagen y sus palabras y el marco en el que las dice, habría que preguntarle qué ha pasado para que Extremadura siga a la cola de España después de 31 años de gobiernos socialistas, en muchos de los cuales él ha participado ininterrumpidamente desde 1995, como director general, consejero y presidente.