Vara, exministro virtual de España

La negativa del extremeño a entrar en el ejecutivo de Sánchez “obedeció al cálculo y no al altruismo”

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Fernández Vara, el ministro que no fue por un pacto eterno difícil de creer. RTVE
Fernández Vara, el ministro que no fue por un pacto eterno difícil de creer. RTVE

La negativa de Guillermo Fernández Vara a entrar en el gobierno de Pedro Sánchez tiene razones ocultas pero fáciles de vislumbrar, según fuentes de sectores socialistas extremeños críticos. Su rechazo del ministerio que le ofreció el presidente, y desde el que podría haber realizado una gran labor por una Extremadura que sigue siendo la última en casi todo y que desde la Junta le es imposible de hacer, obedece “al interés personal y al cálculo, y no al altruismo, como ha pretendido hacernos creer a todos”, según las citadas fuentes. Salvando las distancias, el caso es casi idéntico a la negativa de Núñez Feijóo a presidir el PP, con la diferencia de que este no había traicionado previamente a su líder.

¡Ha quedado como Dios! Ahí es nada, decir no a un cargo de ministro. Es que es coherente con su compromiso con Extremadura… Estas son algunas de las reacciones de los más incautos a la hora de interpretar la negativa del presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, a formar parte del ejecutivo de Pedro Sánchez y “en un Ministerio de los más importantes”, como él mismo ha dicho públicamente. Sectores críticos de los socialistas extremeños que prefieren guardar el anonimato por ahora, llaman a Vara “exministro virtual de España”, porque “presume de lo que no es sin haberlo sido”. Desde la extrema comodidad de su cargo como presidente de la Junta de Extremadura y prácticamente sin oposición porque Monago –cuyo partido se deshace en la región cada día que pasa- está desaparecido, Vara añade a su admirable curriculum político algo incluso más importante que ser ministro del Gobierno de España: “haber rechazado ser ministro del Gobierno de España”, como dice un veterano socialista extremeño; “algo al alcance de muy pocos, pues se pueden contar con los dedos de una mano los políticos que hayan dicho que no a ser ministro en la historia de España”.


Por motivos casi idénticos y con las mismas excusas, Feijóo ha huido de presidir el PP.


Pero hay múltiples indicios de que el gesto no ha sido sincero, según los análisis realizados por diferentes observadores, y más al ver las analogías entre su negativa a ser ministro y la negativa de Feijóo –cómodo presidente también de una comunidad autónoma- a ser presidente del Partido Popular.

GRANDILOCUENCIA DELATORA Y CAUSAS

Lo primero que delata a Vara y que pone en solfa la sinceridad de su gesto es la grandilocuencia empleada en explicarlo. Para justificar su negativa a aceptar no un ministerio cualquiera, sino uno “de los más importantes” -¿hacía falta, encima, tirarse este farol, que incrementa el tamaño de su desprecio al gesto de Sánchez?- ha aludido a su “pacto eterno” con los extremeños. Lo de eterno sale un poco de ojo, aunque un devoto creyente como él tal vez quiera anunciar que piensa seguir en la poltrona incluso después de la muerte. Debe de ser el mismo “pacto eterno” que tiene Feijóo con Galicia.

Pero hay otras circunstancias que han determinado también la negativa de Vara a ser ministro que observadores y críticos ponen de manifiesto, y que se resumen en las siguientes.

* 1ª, la mala conciencia. Una cosa es formar parte, por la generosidad y la inteligencia de Pedro Sánchez, de los máximos órganos de dirección del PSOE, gracias a haber sido nombrado Vara en su día presidente del Consejo Territorial del partido por el ahora presidente del Gobierno de España, lo que permite su pertenencia a la cúpula socialista y determina su contacto de tarde en tarde con Sánchez, y otra, formar parte del Consejo de Ministros y ver como mínimo todos los viernes a aquel al que traicionó con nocturnidad y alevosía y al que fue poniendo a caer de un burro por todas las televisiones y medios, especialmente los más antisocialistas, durante meses.

No sabemos si el atraso ferroviario y general de Extremadura es consecuencia de ciertos pactos eternos.
No sabemos si el atraso ferroviario y general de Extremadura es consecuencia de ciertos pactos eternos.

* 2ª, la legitimidad. Porque, según estas fuentes, para Vara no es lo mismo haber llegado Sánchez a la Presidencia del Gobierno por las urnas que mediante una moción de censura, y por una moción de censura apoyada, además, por Podemos y los independentistas. Como si la democracia representativa no fuera tan legítima como la directa y como si para acceder al cargo Pedro Sánchez no hubiese utilizado los mecanismos democráticos y constitucionales que nuestras normas prevén para ese tipo de situaciones.

* 3ª, la precariedad. Porque para él puede ser temerario dejar la presidencia de una comunidad autónoma donde tienes asegurada la reelección, por un ministerio que a lo mejor solo dura unos pocos meses y que, en el mejor de los casos, tendrá una vigencia inferior a dos años. ¡Y luego, qué!, cuando ya se hayan posicionado los demás, en una versión extremeña de “el que se fue a Sevilla perdió su silla”.

* 4ª, la pérdida de control del aparato. Porque la marcha a Madrid significaría muy posiblemente poner en peligro el control del aparato del PSOE en Extremadura y, desde este punto de vista, es mejor continuar dominando la fontanería de reductos socialistas más proclives al centro-derecha que a la izquierda, por si el experimento de Pedro Sánchez sale mal y hay que regresar a las esencias susanistas.

Habría también otras razones personales y familiares que nos han sido apuntadas, y en las que no vamos a entrar por pertenecer a la esfera privada de Fernández Vara, pero que también habrían tenido peso en su decisión, pues no es lo mismo la confortable cercanía que ahora disfruta, rodeado, además, por aduladores y palmeros, que las molestias y el anonimato de la vida capitalina.

Parecidas razones cabe aplicar a la espantada de Feijóo cuando, después de postularse durante lustros como futuro líder in pectore del PP, ha dicho que no al cargo de presidente de dicho partido, cargo que tenía en su mano si hubiera querido. Porque si el PP no estuviera asfixiado en el pozo de lodo de su corrupción, y si tuviera la menor posibilidad de ganar las próximas elecciones y de formar gobierno, no tenemos duda de que Feijóo hubiese dado el paso adelante, como Vara si el PSOE acabase de ganar las elecciones y tuviese un horizonte de ministro de cuatro años como mínimo. Es decir, dos “pactos eternos”, el uno con los extremeños y el otro con los gallegos.


Lo primero que delata a Vara y pone en solfa la sinceridad de su gesto es la grandilocuencia empleada para explicarlo.


PACTO (FALLIDO) CON EXTREMADURA

Cuando Fernández Vara argumenta su “pacto eterno” con los extremeños para rechazar un cargo -que en realidad, por las razones citadas, no le interesa-, está olvidando que ese pacto se remonta a décadas atrás y que, en muchos aspectos, es un pacto fallido.

Debiera recordar Vara que el ibarrismo primero y el varismo después –hay críticos en el partido que dicen que la verdadera socialdemocracia es otra cosa-, gobiernan Extremadura de manera prácticamente ininterrumpida (salvo el breve paréntesis de Monago), desde hace 35 años, de los cuales, Fernández Vara viene ocupando cargos relevantes en la Junta de Extremadura, desde director general, pasando por consejero y ahora como presidente, desde hace la friolera de 23.

Y el hecho es que, a pesar de ese “pacto eterno” que muchos consideran fallido, Extremadura sigue siendo la última o penúltima de España en renta, en nivel de vida y en resultados educacionales, por citar solo tres cuestiones que tanto lastran al bienestar y el progreso de los extremeños.

Pero hay más. Bajo la autoridad máxima de Vara y cuando lleva ya dos mandatos como presidente de la Junta, en los últimos años han sucedido cosas que claman al cielo. Estas desgracias de la región pueden ejemplificarse en las siguientes:

A.- Desaparición de las cajas de ahorro extremeñas, malvendidas por una contraprestación ridícula a instituciones foráneas que ni siquiera han respetado el compromiso de mantener la marca original. Y todo ello, con la complicidad de exaltos cargos de la Junta de Extremadura, que aceptaron elevados puestos con sabrosos salarios en las cajas adquirentes. Y no se puede argumentar que la Caja de Badajoz y la Caja de Extremadura estuvieran en peligro de desaparecer por su propio tamaño y estructura, no solo porque no era así, sino porque otras entidades aun más pequeñas de la región, como la Banca Pueyo o la Caja Rural de Almendralejo, no solo han sobrevivido, sino que gozan de una envidiable salud.

B.- Privatización del Festival de Teatro Clásico de Mérida, llevada a cabo por Fernández Vara al entregar el festival y su sustancioso negocio, a dedo, a una empresa privada que ha reducido el evento a gansadas como el Ben Hur que acabamos de ver en el teatro romano de la capital autonómica, (http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/cultura/ben-hur-sin-pie-cabeza_1100331.html). El presidente no solo es responsable de haber hurtado el festival a la organización profesional pública extremeña que tan buenos resultados ha dado, y de la extracción de sus beneficios económicos con destino a bolsillos privados, sino de la ínfima calidad populachera en que ha caído el evento desde que lo gobierna Cimarro. Justificar estos desatinos en el aumento del número de espectadores (que tampoco es verdad, porque la media de público por espectáculo ha descendido) es tanto como asegurar que el televisivo Sálvame es extraordinario porque lo ven millones de personas.


Para él puede ser temerario dejar la presidencia de una comunidad autónoma con la reelección asegurada, por un ministerio de incierta duración.


C.- Carencia de un tren digno en Extremadura a estas alturas del siglo XXI, siendo la peor región de España en este aspecto; problema gravísimo que tiene incomunicada a la región por vía férrea, con frecuentes averías, trayectos interrumpidos, incendios en los convoyes, salidas de vía, accidentes, retrasos, etc. ¿De quién es la culpa? ¿Pero el ibarrismo y el varismo no gobiernan en Extremadura desde hace 35 años? ¿Pero no ha habido, al mismo tiempo, ejecutivos socialistas en el Gobierno de la Nación durante nada menos que 22 años? ¿De quién es la culpa, pues, de que Extremadura carezca  no ya de un tren digno, sino ni siquiera de un tren que funcione mínimamente? ¿Tal vez de los que tienen “pactos eternos” con esta tierra?

D.- Extremadura, penúltima región en renta de España, solo por delante de Andalucía, y una de las últimas regiones de Europa. Y si esto sigue siendo así después de 35 años de ibarrismo y varismo, ¿a quién hay que echar la culpa de la situación?

E.- Extremadura, última región en el informe PISA, que evalúa las habilidades educacionales de los estudiantes. En el último informe, los alumnos de la región fueron los últimos en comprensión lectora, penúltimos en ciencias y anteantepenúltimos en matemáticas. Pero es que resulta que la Educación está transferida a la comunidad autónoma desde tiempo inmemorial y este fracaso es responsabilidad directa de Fernández Vara y su política educativa. Esperamos con ansiedad el informe de 2018, a ver si mejora algo la situación.

De todo lo dicho, y de otros aspectos que omitimos por no alargarnos demasiado, se deduce que ese “pacto eterno” de Vara con los extremeños es, en muchos casos, un pacto fallido, incluso en cuestiones tan elementales como la inaplicación de políticas socialdemócratas a la actividad cultural pública de Extremadura o a su actividad económica –caso Festival de Mérida y caso cajas de ahorros-, o la aplicación de inadecuadas políticas educativas –caso informe PISA-, o la falta de reivindicación y energía a la hora de exigir lo que Extremadura merece –caso del tren-.

Feijóo alegó otro pacto eterno con los gallegos para rechazar el liderazgo del PP. RTVE
Feijóo alegó otro pacto eterno con los gallegos para rechazar el liderazgo del PP. RTVE

Pero es que, además, no tiene sentido decir que a una comunidad solo se la puede servir desde la presidencia de la misma. Al contrario, seguramente el señor Vara le hubiera hecho un gran favor a la región de haber aceptado ese ministerio tan “importante” que rechazó porque él es así de bueno y de flamenco; porque es desde el Gobierno de España desde el que pueden tomar medidas esenciales de índole nacional para el progreso de una región tan atrasada o, por ejemplo, para que esta tenga un tren digno. Ejemplos los hay a cientos, de ministros que desde Madrid hicieron por su tierra mucho más que algún presidente autonómico.

En el caso de Vara, a partir de ahora podrá incluir en su currículum el cargo de ministro que no quiso ser, y “de uno de los más importantes Ministerios” nada menos. Es decir, un exministro virtual, eso sí, con “pacto eterno” con los extremeños.

(José Mª Pagador es periodista, escritor y fundador y director de PROPRONews).

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