Supremo escándalo

La pirueta del Tribunal Supremo con el impuesto de las hipotecas desacredita a una Justicia que, sin embargo, sigue siendo uno de los pilares de nuestra democracia

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Tribunal Supremo. RTVE
Tribunal Supremo. RTVE

El escándalo que ha suscitado la increíble pirueta del Tribunal Supremo de cambiar tres veces de criterio en tres días, y además en un asunto tan delicado socialmente como quién debe pagar los impuestos de la hipotecas, constituye una de las peores noticias que podía generar la Justicia española. Pero tampoco hay que olvidar que esta misma Justicia es un pilar clave de nuestra democracia frente a la corrupción, el separatismo y el terrorismo.

Todos los observadores esperábamos la resolución que parecía más lógica y justa en este caso, la de que los bancos pagasen a partir de ahora el impuesto de las hipotecas y que la retroactividad no fuese más allá de los cuatro años, es decir, una solución relativamente salomónica. Pero no ha sido así y la decisión tomada por al alto tribunal se alinea al ciento por ciento con los intereses de los bancos. Las entidades financieras no podían soñar ni en la más optimista de sus fantasías que esta sería la salida al embrollo. De hecho, nos consta que habían empezado ya a tomar medidas de previsión ante lo que podía venírseles encima. La solución, sin embargo, es completamente diferente, absolutamente protectora de las tesis (y los intereses, repito) bancarias y absolutamente contraria a los intereses de los ciudadanos. Es natural que se haya generado un escándalo mayúsculo, que la reacción de los partidos esté siendo fuerte y que la ciudadanía haya empezado a movilizarse, y con razón.


La Justicia española, aunque a veces monte espectáculos como el de ahora, funciona, y funciona bastante bien.


Parece evidente que cuando está en juego la estabilidad del sistema bancario o el interés de la ciudadanía, los poderes del Estado –gubernativo o judicial- parecen optar siempre por los bancos, como ya ocurrió con el rescate multimillonario que acometió el gobierno de Rajoy y como ocurre ahora con esta resolución del Tribunal Supremo.

Pero siendo todo ello muy grave, tampoco hay que olvidar que la Justicia sigue siendo un pilar clave del edificio democrático que nos cobija y que, sin ella, no habría sido posible ganar la batalla al terrorismo y estar en vías de ganarla a la corrupción y al separatismo.

JUSTICIA EFICAZ

Para los que abominan de la Justicia porque hoy el Supremo ha fallado algo que no es justo, hay que recordar que centenares de terroristas de ETA y de otras organizaciones fueron condenados en su día a durísimas penas que aún cumplen en prisión muchos de ellos; que los autores del golpe de Estado del 23F fueron condenados a penas igualmente duras, sin reparar en si eran generales o sargentos; que los instigadores del golpe de Estado que pretendía separar a Cataluña de España están huidos o en prisión y con la perspectiva cierta de graves condenas; que decenas y decenas de ministros, presidentes y consejeros autonómicos, alcaldes, concejales, representantes patronales, sindicalistas, empresarios, banqueros y delincuentes de toda laya han sido juzgados y condenados y cumplen o han cumplido largas penas de cárcel, por muy alto que hubiesen estado en la sociedad y en la política; que el poderosísimo Rato acaba de entrar en prisión mientras ahora mismo se juzga a los expresidentes andaluces Chaves y Griñán que posiblemente serán condenados también; que el propio cuñado del Rey se encuentra en prisión, condenado por corrupción…


Corruptos, terroristas, altos cargos y hasta el cuñado del Rey en prisión, son una prueba de que la Justicia cumple.


Es decir, la Justicia española, aunque a veces monte espectáculos como el de ahora, funciona y funciona bastante bien y, desde luego, mucho mejor que otras instituciones y cargos. Precisamente por eso, el ínclito president Quim Torra se ha apresurado a utilizar el “fallo” para desacreditar a la Justicia y a la Democracia española en beneficio del fallido e imposible procés, y por eso mismo, aun siendo conscientes de que lo que ha hecho el Supremo estos días es incalificable, los ciudadanos responsables –y más los periodistas y los generadores de opinión- debemos separar el grano de la paja y, aun con nuestra condena por este escándalo “supremo”, hemos de explicar, aunque sea obvio, que toda la Justicia no es este fallo ni este Supremo tan inesperadamente casquivano.

A pesar de todo, y aun condenando el caso, esta condena no debe extenderse a la totalidad de la Administración de Justicia, que funciona y sigue funcionando todos los días, a pesar de todas sus carencias y defectos, razonablemente bien, incluso mejor que otros estamentos, y que gracias a eso nuestra Democracia sigue adelante.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Su último libro publicado es El Viaje del Tiburón – Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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