Ser un demonio o no serlo

Todo librepensador tiende a ser satanizado por los demás.

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¿Tan malo era Lucifer que no podrá ser perdonado en toda la eternidad?  Y si Lucifer no puede ser perdonado, ¿es Dios tan bondadoso como dicen? ¿Por qué los religiosos han quemado gente, han creado inquisiciones y han declarado guerras –llamadas, además, “de Religión”- mientras los librepensadores jamás han hecho nada semejante? ¿No habrá llegado la hora de amnistiar al Demonio y reconocerle su aportación a la libertad?

Si Dios, después de crear el mundo y al hombre, hubiera convocado elecciones en lugar de instaurar una monarquía eterna y hereditaria, seguramente no se habría rebelado Lucifer y, con él, el resto de los demonios. Crear un mundo para gobernarlo tú solo y sin consultar con nadie, y, además, sin posibilidad de cambio alguno en la cúpula hasta el final de los tiempos que, al ser eternos, en ellos no cabe término ni límite, es una perspectiva un tanto inquietante para alguien de criterio; por ejemplo, para un librepensador con espíritu crítico.

Yo creo, y a las pruebas me remito, que Lucifer fue el primer librepensador de la historia. Lucifer, antes de convertirse en Satanás –la sociedad, incluso la celestial, tiende a satanizar siempre a los rebeldes-, fue un ser portador y dador de luz. Está en su nombre. Todos los intelectuales son así. Precisamente lo único que produce el intelecto es luz, aunque esta venga presentada en forma de libro, rayo láser, sinfonía o vacuna contra la viruela. Pero la luz resulta letal para la superstición. Ya se sabe que razón y religión están reñidas. Si quieres pensar, no creas. Y si crees, no pensarás. Está en las raíces de la materia gris que transportamos en el cofre óseo superior de nuestro cuerpo, tan dada a la candidez como a la lucubración.

DEMONIOS

La rebeldía es cosa del Demonio, se decía antiguamente y aún se dice. El asunto llegaba a tanto que al niño zurdo se le decía endemoniado, porque con esa mano escribe el diablo y a la siniestra del Padre quedarán los condenados. Toda la pedagogía que se descargaba en el infante zurdo consistía en cambiarle la lateralidad y hacerle diestro. Una verdadera diablura que volvió locos a muchos.

Esta sociedad sataniza fácilmente a cualquiera que se salga del redil y, en cambio, entroniza sin dificultad a quien se hace de creer, sea director general u obispo. En esa creencia medran los pecadores y los corruptos. Y cuando se les descubre la mentira, ya es demasiado tarde.

Satanás fue antes Lucifer. PROPRONEWS
Satanás fue antes Lucifer. PROPRONEWS

A los niños revoltosos o rebeldes se les llama “demonios” o “diablillos”. Una parte de la sociedad –los que tienen el poder y los que les sirven- quiere tenernos domesticados a todos desde pequeñitos. La rebeldía está anatematizada y la rebelión, que es su hija natural, ha sido proscrita. Así que, ojo con la Ley Mordaza y similares. Sin embargo, sin rebeldía y sin rebeliones no avanza el mundo ni progresa la humanidad.

¡Ojalá cupiera Lucifer en la Creación! Lucifer está deseando ser perdonado, pero no a costa de renunciar a su propio criterio y a su razón. Lucifer pide a gritos que le dejen de satanizar, lo que pasa es que nadie quiere escucharle. La vida, la naturaleza, el cosmos, deben ser una república en la que todos seamos iguales y en la que se elija entre todos a la máxima autoridad. Una monarquía eterna, incluso una monarquía transitoria, es demasiado para el body. Por eso los niños, es decir, los que seguimos pensando libremente, no podemos dejar de ser unos demonios. Somos incorregibles.

 

(Próximamente: Guía mundial del Diablo).