Se buscan gobernantes ZEN

¿Van nuestros políticos por ese camino o se entrenan para confundirnos con artes de gran apariencia y dudoso fruto?

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Buda reclinado en un templo de Shanghai. J.M. PAGADOR
Buda reclinado en un templo de Shanghai. J.M. PAGADOR

Hoy, en vista de lo que sucede, tenemos que preguntarnos si necesitamos políticos y gobernantes Zen. El Zen es una milenaria escuela oriental de autorrealización, joya del budismo japonés que, en los últimos decenios, está penetrando con fuerza en Occidente por su capacidad de dar expresión profunda y transformadora a la mayoría de las acciones o dinámicas domésticas, profesionales y artísticas. También en la búsqueda del poder personal y social, como camino que ha heredado los secretos de los samuráis que buscan en el combate la victoria decisiva: aquella que uno gana sobre sí mismo.

Xavier Moreno Lara
Xavier Moreno Lara

Por eso el Zen lo toman como reto hombres de negocios y líderes de empresa acudiendo a maestros reputados. También han seguido ese camino destacados políticos. Uno de ellos, muy significativo, fue Kakuei Tanaka (1918-1993), importante hombre de negocios, conocido como el shogun a la sombra, que llegó a ser primer ministro de Japón a principio de los 70. Dos veces por semana, el chofer que le llevaba al ministerio conducía antes hasta el dojo de su profesor de kendo con quien practicaba el arte del sable, buscando alcanzar maestría suprema en la conducción de su pueblo.

La paradoja a la que nos enfrenta una conducta Zen, su exigencia y su naturalidad, está muy bien expuesta en el diálogo de un viejo maestro con un principiante que quería iniciarse en un modo de proceder que le habían ponderado en extremo:

– Vivir al estilo Zen -dice al principiante- supone pasear cuando se pasea, leer cuando se lee, comer cuando se come…

– Eso es lo que hace todo el mundo -responde el discípulo con aire evidente de decepción-. Yo esperaba que me iniciase en algún misterioso camino…

El maestro sonríe mientras le descubre el secreto: La gente común, mientras pasea tiene la mente en otros lugares, distraído por sus preocupaciones o sus logros. Mientras come, repasa o discute sobre las expectativas puestas en el viaje que tiene previsto… Da por conseguidas las ventajas profesionales que anhela, o lamenta haber perdido un ascenso que consideraba decisivo… Salir de ese mundo ficticio de la mente y sentirse real en todo momento, esa es la sabiduría que te enseña la escuela Zen…

¿NECESITAMOS POLÍTICOS ZEN?

¿No es este realismo sencillo del estar a lo que se está lo que echamos de menos en el combate que están librando en estos momentos nuestros políticos? No podemos negar la importancia del objetivo: aspiran a conducir a este país y a sus comunidades, regiones y municipios por un camino de prosperidad. Y no vale aquello que se decía en la mili de los reclutas: “el valor se les supone”.


¿No es este realismo sencillo del estar a lo que se está lo que echamos de menos en el combate que están librando en estos momentos nuestros políticos?


Es muy de valorar el arte de saber encarar una disputa u optimizar un programa haciéndolo atractivo. Pero son habilidades que, si no pasan de la retórica, mal van a contribuir a que la acción política alcance su fin, que no es otro que el progreso creciente del pueblo a quien aspiran a representar. ¿Van nuestros políticos por ese camino o se entrenan para confundirnos con artes de gran apariencia y dudoso fruto?

Una vez más me estoy situando -sin hacer la venia a ningún partido- entre el número creciente de quienes ponemos hoy en duda el nivel de nuestros políticos, atrapados en la telaraña de las diferentes formas de corrupción o lanzando proclamas de transformación radical de la sociedad, a la que creen enriquecer con sus fantasías, tomando el PIB por algo tan extensible como un chicle. Son cantos de sirena puestos en evidencia por el realismo de la precariedad laboral, la carencia de techo, los pueblos que se vacían, las ciudades con precios de alquiler especulativos… Que el lenguaje y la acción para responder a estos retos sea un enfrentamiento que deriva cada vez más hacia extremos, es una actitud que no nos gusta a una gran mayoría…

No deja de ser muy significativo el mensaje que de un modo tan espontáneo como profundo ha dado nuestra sociedad con el elogio generalizado y extenso que mostraba al llorar la pérdida de Alfredo Pérez Rubalcaba. Y quizás no tanto por los detalles de su muerte -prematura en tantos sentidos- como por el hecho de que, habiendo utilizado las más altas cotas de poder en un servicio eficaz a nuestra nación, hubiera sido arrinconado más o menos discretamente por su partido: no era pasajero digno del Falcon que todos pagamos a Pedro Sánchez.

Los secretos de los samuráis. J.M. PAGADOR
Los secretos de los samuráis. J.M. PAGADOR

El clamor de ese elogio generalizado ha sido una oleada de aire puro, de silencio profundo que pone en evidencia campañas electorales que buscan su cima en debates entre candidatos encomiados por comentaristas y tertulianos que los valoran por el atuendo, el gesto, el choque…

Lo que desea el votante es apoyar programas que, dando por hechas las rivalidades que definen y explican que haya diferentes opciones, tienen que confluir, con las variaciones lógicas, en la búsqueda de un mejor abordaje de las grandes necesidades: trabajo asequible y bien pagado, ahora y en la jubilación; avance creciente en la oferta de formación, salud, vivienda; armonía que potencie como conjunto las diferencias entre regiones y comarcas cuya despoblación urge evitar. Estas diferencias tienen su naturaleza justa en la historia, incluso en la que nos lanzó a una Guerra Civil, pero no en elucubraciones políticas que nacen para un choque que cree una realidad artificial, como hemos visto en Navarra, el más antiguo de los Reinos españoles.


Una política Zen consistiría en algo tan aparentemente sencillo como hacer lo que hay que hacer en cada momento.


HACIA UNA TRANSICIÓN QUE LO SEA

Una política Zen, como la que defiendo en estas líneas, consistiría en hacer lo que hay que hacer en cada momento. Se dejó de lado tras la moción de censura que podía haber significado el cambio de agujas para conducirnos hacia una nueva Transición. ¿Dónde estaban los herederos de aquellos maestros de la concordia del 78? ¿Os digo dónde los he visto yo, dónde los ha visto todo aquel que sepa distinguir a las gentes? Utilizando el “y tu más” para generalizar una vergonzosa transigencia con la corrupción. Falsificando doctorados y otros títulos. O mostrando el profundo rencor de quienes buscan señalar su hidalguía en acciones que son lanzada a moro muerto, como desenterrar a Franco o ir a vitorearle ante su tumba.

Los gestos no son Zen: no se trata de blandir la espada del enfrentamiento y el choque mejor que nadie. En eso falló Tanaka, cuya historia terminaré de contar porque es aleccionadora… por su fracaso. Porque aquel gran empresario que jugaba a político no empleó el Zen para avanzar hacia el yo profundo por el camino del Buda y poder así conducir a su pueblo con mayor acierto. Buscaba su provecho en los negocios y acabó en los tribunales: él y su partido fueron derrotados por rivales que, aunque ignorasen la guía de Musashi para triunfar en todo combate, sabían denunciar y derrotar la corrupción. El de Tanaka era un Zen débil, por no decir falso, como el que se vende profusamente entre nosotros, en perfumerías, tiendas de decoración y cursos de iluminación o encuentros que invitan a cobijarse en la Nube del No Saber.

Dragón en un mural de la Ciudad Prohibida. J.M. PAGADOR
Dragón en un mural de la Ciudad Prohibida. J.M. PAGADOR

Lo que aquellos líderes de la Transición y Padres de la Constitución no supieron hacer, por miedo o por la dificultad de armonizar sus historias personales, se debe hacer ahora. Pero no tanto como refuerzo de una Memoria cuanto como búsqueda de una Desmemoria voluntaria y acordada. Asumida por todos como fuerza para responder a los retos del futuro. Que va a jugarse cada vez menos en el terreno del debate político y cada vez más en la órbita de las grandes corporaciones, que cada día nos atrapan un poco más en la omnipresente y muchas veces invisible red de sus intereses.

(Xavier Moreno Lara es periodista, escritor y filósofo).

SOBRE EL AUTOR

El prestigioso periodista, filósofo y escritor Xavier Moreno Lara, nuevo colaborador de nuestro periódico

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