Refugiados: morir de indiferencia

Patricia Sierra, una cooperante solidaria, el contrapunto del homicida desinterés gubernamental

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Refugiados sirios caminan por la nieve este invierno. RTVE
Refugiados sirios caminan por la nieve este invierno. RTVE

Desde los campos de refugiados de este gélido invierno en Europa y desde las fronteras de la indiferencia donde el frío está matando a hombres, mujeres y niños que huyen de la guerra y del hambre, nos llegan esta crónica y estas imágenes. En la colosal tragedia que sufren millones de refugiados en todo el mundo en medio de la indiferencia de los gobiernos, cooperantes valientes y abnegados, como Patricia Sierra, se convierten en la voz, en el grito, de quienes están muriendo en silencio, abandonados por nuestros nefastos gobiernos.

La cifra de personas refugiadas y desplazadas por diversos conflictos en el mundo supera en la actualidad los sesenta y cinco millones. Es el número más alto jamás registrado desde la II Guerra Mundial.

Empecé a escribir este artículo tras leer una noticia que me llegó al corazón. La fotografía que la ilustraba era desgarradora. Nueve cadáveres yacían desperdigados sobre la nieve. La carga de soledad y tristeza que emanaba de la instantánea era insoportable. He tardado un par de días en retomar esta crónica. En estas horas la cifra de muertos de frío, mientras intentaban huir del terror, llega ya a los quince. Es probable, incluso, que desde el momento en que envío esta pieza al periódico y su publicación mueran algunos más. Y esto, solo por lo que concierne a los refugiados sirios.


La reciente tragedia de los refugiados sirios muertos por congelación debe golpear la conciencia de todos.


Son ya siete los años que llevamos leyendo atrocidades sobre la violencia y el dolor al que está sometido el pueblo sirio y parece que nos vamos acostumbrando. Tanto que, salvo excepciones, este tipo de noticias aparece ya casi exclusivamente en páginas interiores de los medios en papel o perdidas entre el cúmulo de informaciones de los digitales. En PROPRONEWS, en cambio, este asunto va a ocupar hoy la portada.

Patricia Sierra, voluntaria española.
Patricia Sierra, voluntaria española.

Creímos, cuando todos vimos el cuerpo de Aylan ahogado en una playa de Turquía, que aquella víctima inocente sería una de las últimas, que aquel niñito y su imagen desoladora nos avergonzaría de tal manera que rápidamente nos pondríamos a clamar justicia. No ha sido así. Nos escandalizamos, nos entristecemos momentáneamente y luego, la mayoría continúa con su vida normal, con sus problemas cotidianos, que no son pocos: el paro, lo cara que está la luz, los recortes… Todos volvemos, tras el instante de compasión, a la rutina. Todos, menos algunos, que se quedan atrapados en la enorme desolación que trasmiten esas fotos y deciden dar un paso.

EL PASO DE PATRICIA SIERRA

Es lo que hizo Patricia Sierra (natural de Gargáligas (Badajoz), vive en Cáceres desde hace veinte años. Maestra de Educación Física. Psicomotricista. Experta en Atención Temprana y estimulación motriz. Trabaja en Cañaveral (Cáceres). Es voluntaria y miembro de la Plataforma de Refugiados de Cáceres y presidenta de la Asociación Sonrisas en Acción), tras seguir durante unos meses, acongojada, las noticias que narraban el periplo de los refugiados y sentir en sus carnes el dolor de aquellos niños de un campo de Idomeini, cubiertos de lluvia y barro en completo desamparo. “Tengo que hacer algo”, se dijo, y un mensaje en Facebook de una voluntaria que pedía acompañantes para viajar al centro del horror fue la espoleta definitiva. Recaló en las Termópilas, cuyo nombre tan épico nos resulta cercano merced a la batalla que allí tuvo lugar y a la película famosa que rememora la hazaña espartana, “300”. Allí, en un balneario abandonado, donde el olor a azufre taladraba el cerebro, se alojaban 500 personas, hasta ocho en una habitación. El impacto fue brutal. Desde entonces, cuando llegan las ansiadas vacaciones -ya sabemos, viajes, compras, risas, espectáculos, copas, museos…-, Patricia recoge todos los donativos que puede y se va a un campamento de refugiados a echar una mano. Y dice con tristeza que cada vez regresa más desanimada y desesperanzada.

PREGUNTA.- ¿A qué obedece tu desánimo?

RESPUESTA.- A que las ONGs poco pueden hacer contra la maquinaria legal que empuja a estas personas a malvivir. No hay voluntad política por parte de ningún país. Desgraciadamente, son las ONGs las que tienen que hacer la labor que corresponde a los gobiernos, pero no es suficiente.

Campo de refugiados de Petra (Grecia) al atardecer. P. SIERRA
Campo de refugiados de Petra (Grecia) al atardecer. P. SIERRA

P.- ¿Cuál es tu experiencia personal?

R.- Nadie deja su país por gusto. Estas pobres gentes se han convertido en cifras molestas. Son simples números para la Administración. Pero yo lo sé, yo conozco a muchos y sé lo que valen sus vidas y sé que cada vida de ellos es una historia de dolor y miedo. Han pasado verdaderos calvarios. Han sufrido mucho. El ser humano no debería ser algo con lo que otras personas jueguen desde sus despachos. Creo que ellos ya no cuentan como personas. Cuenta el dinero. El problema de los refugiados se ha convertido en un problema económico, y los Estados son cómplices de lo que está pasando. Debemos convencer a la sociedad de que esto no debe seguir siendo así.

P.- ¿Los políticos no conocen esa realidad sobre el terreno?

R.- Siempre digo –explica Patricia con un hilo de voz- que me gustaría traerme a un político conmigo, para que viera en tiempo real las caras de los niños o las de sus asustadas madres… Que comprendiera que el peligro no son los refugiados, sino las mafias que los atemorizan y se lucran con su desgracia. Y luego, después de ver eso, que me explique por qué no se emplean a fondo para arreglar su situación, para ampararlos.

PLATAFORMA DE AYUDA A REFUGIADOS

El último viaje de Patricia Sierra, en las pasadas Navidades, no ha sido a un campo de refugiados sino a París, pero no para visitar el Louvre ni para cenar en restaurantes chic o pasear por los Campos Elíseos. Patricia y otra compañera han estado en los callejones parisinos donde se hacinan los que llegaron a la “ciudad de la luz” creyendo que era el final del camino y solo encontraron la oscuridad de la pobreza y el abandono.

Hace unos días tuvimos una reunión. Patricia pertenece a la Plataforma de Refugiados de Cáceres, en la que también colabora esta periodista, y que reúne a un grupo de personas de lo más variopinto pero con un pensamiento común: “hay que hacer algo”. Pero ¿qué podemos hacer? Patricia nos contó a su vuelta de París que la situación es cada día más desesperada.

Desde la Plataforma se han realizado algunas acciones de concienciación y otras de ayuda directa; se han enviado dieciséis contenedores de alimentos y pañales a campamentos de refugiados en Grecia, una campaña a la que la ciudad entera de Cáceres respondió de una manera asombrosa y generosa. Era emocionante ver a algunas ancianas claramente humildes, dar tres y cuatro viajes con el carrito de la compra hasta arriba, para donar potitos o lentejas. De esa experiencia sacamos en claro que la ciudadanía, aunque siga con su vida cotidiana, quiere ayudar; y que mandar provisiones está bien, pero que la solución requiere medidas que exceden lo que se puede hacer con la generosidad de los particulares.

Son los Estados los que han de solventar el problema. Todos sabemos que de los 160.000 refugiados que prometió acoger la Unión Europea solo 30.000, apenas el 20 por ciento, han sido admitidos, cifra, escasa ya, que España ni siquiera roza, quedándose en un vergonzoso 11 por ciento a fecha de término de la campaña (26 de septiembre de 2017).

Las protestas de ONGs y asociaciones de todo tipo han sido muchas, pero sus denuncias han quedado ahogadas entre otras noticias más importantes (por ejemplo, si Puigdemont sabe besar, si Rajoy no quiere hablar de brechas salariales, la corrupción que no cesa, las declaraciones alucinantes de Celia Villalobos, la pobre Belén Esteban, a la que su cadena no le quiere subir el sueldo, o los modelitos de la reina más glamurosa que ha tenido España).

Y una vez más sale a la luz pública otro comunicado, en este caso, el que han elaborado el Observatorio de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Badajoz y la Plataforma Refugiados Extremadura. Es una acuciante llamada de socorro. Un SOS que pide la solidaridad de todos. La pretensión es que se adhieran a él todas aquellas personas o entidades que consideren que lo que está sucediendo es un atropello a los Derechos Humanos. El Observatorio de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Badajoz y la Plataforma Refugiados de Extremadura piden a la ciudadanía que suscriban este comunicado en el que piden el fin de la necropolítica practicada por los gobiernos.

(PROPRONEW se suma a este comunicado y pide a sus lectores que lo firmen, lo difundan y exijan responsabilidades a los dirigentes políticos).

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora).

ENLACE DE ADHESIÓN AL COMUNICADO PRO DERECHOS DE LOS REFUGIADOS

https://docs.google.com/forms/u/4/d/e/1FAIpQLSeV92IabMH2KlMDuuB_PGMh-XI86RA70lU65RsYkAf850Hc8A/viewform

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