PNV: gobernabilidad, sí; complicidad con la corrupción, no

Rajoy comparece en un pleno monográfico del Congreso gracias a los decisivos votos del PNV

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Con la mayor desvergüenza volverá a decir que no sabía nada. EFE
Con la mayor desvergüenza volverá a decir que no sabía nada. EFE

Hasta última hora trató de negociar el PP para evitar que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tuviese que comparecer ante el pleno del Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre sus responsabilidades en la corrupción que ahoga a su partido. Tras el acuerdo con el PNV que permitió la aprobación de los presupuestos de 2017, Rajoy daba por descontado que el partido vasco no apoyaría la petición del PSOE y Podemos. Se equivocó y de nuevo se ve obligado a comparecer en otro pleno de la vergüenza.

El PNV tiene fama de honrado y seguramente es el partido que menos salpicado se ha visto por la corrupción en la España democrática. Cierto es que en el País Vasco se produjeron también casos de corruptelas y apaños clientelares, pero se trata de casos menores y aislados –sin comparación con los grandes escándalos de corrupción del PP o el PSOE-  y del pasado –algunos, de décadas atrás-, que nada tienen que ver con la etapa actual ni con la presidencia del hoy lehendakari Iñigo Urkullu. Y esta fama de partido honrado que tiene el PNV no iban a permitir sus dirigentes –por lo que hemos podido saber- que se viera salpicada por ninguna sospecha de connivencia o complicidad con el PP, un partido, este sí, carcomido por la corrupción a todos los niveles y en casi todas las administraciones e instituciones que ha gobernado o gobierna. Por eso, la creencia de Rajoy de que, después del acuerdo presupuestario podría contar también en esto con el apoyo del PNV, era totalmente injustificada.


El Grupo Vasco en el Congreso vuelve a hacer gala de su coherencia una vez más.


Rajoy consiguió salvar el escollo de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2017 gracias al apoyo del PNV. El acuerdo, firmado a principios de mayo pasado, incluía 36 puntos que beneficiaban al País Vasco en materia económica, social, de infraestructuras, de competencias, etc., y fue presentado por las autoridades vascas como muy favorable para la comunidad autónoma, tanto que en otras zonas de España se escucharon algunas voces que protestaban por lo que consideraban un “pago excesivo” a cambio de los cinco votos de la minoría vasca. Pero en el País Vasco el acuerdo fue considerado, en términos generales, como la consecuencia favorable de algo que había que hacer y que hubiese sido un dislate no aprovechar. De hecho, la sociedad vasca está acostumbrada al acuerdo quizás más que ninguna otra del Estado, tanto por su capacidad para generar pactos de gobierno de todos los colores en su seno, como de prestar su apoyo a nivel estatal a partidos de derecha o izquierda, para la gobernabilidad de España, y siempre con contrapartidas positivas para la comunidad autónoma, una práctica que algunos no entienden o no aceptan en otras comunidades, pero que está en la base de toda transacción o acuerdo político.

MANIOBRAS INFRUCTUOSAS

Siendo, pues, claramente ventajoso para el País Vasco el acuerdo que le permitía a Rajoy sacar adelante los PGE, el presidente dio por supuesto también que en el “paquete” entraba tácitamente el apoyo del PNV en otras cuestiones más vidriosas. Y en eso se equivocó por completo. No obstante, hasta última hora ha estado maniobrando el PP para evitar lo que ya es un hecho inevitable, la comparecencia de Rajoy ante el pleno del Congreso, para declarar por sus responsabilidades, al menos políticas, en relación con la corrupción de su partido. La nueva escenificación pública del pozo de lodo en el que está sumergido el partido de la derecha se produce pocas semanas después de la comparecencia de Rajoy ante la justicia como testigo por el caso Gurtel. Porque a mediados de este mes de agosto, todavía negociaba el PP a contrarreloj para evitar la comparecencia de Rajoy en el pleno del Congreso. Pero esas negociaciones no dieron resultado y, finalmente, el PNV inclinó la balanza a favor de dicha comparecencia, que empezará este miércoles, a las 9 de la mañana, y que se produce por la iniciativa de PSOE y Podemos, que son los partidos que pidieron una sesión plenaria del Congreso para que Rajoy asuma las responsabilidades políticas que le corresponden por la corrupción de su partido o explique por qué se niega a asumirlas. Algunos medios han calificado de “giro sorprendente” la decisión del PNV de apoyar la comparecencia en el pleno, cuando otras fuerzas políticas que también apoyaron los presupuestos de este año, como Ciudadanos, se decantaban por una comparecencia en formato Comisión, más discreta para el presidente, aunque punzante también por su esquema de interrogatorio “pregunta-respuesta”. Pero el PNV ha dejado muy claro con su actitud que una cosa es el apoyo a la gobernabilidad del Estado y otra cosa la connivencia o la complicidad, ni por activa ni por pasiva, con la corrupción del partido gobernante. Por eso no ha amparado la pretensión del PP de evitarle a Rajoy la nueva vergüenza de ser interpelado públicamente, ante las cámaras y los micrófonos, por toda la oposición, en un asunto tan espinoso e indecente.

El curso político no puede empezar de peor manera para el presidente del Gobierno, que cada día pierde girones de autoridad –como se vio en su gestión de los recientes atentados de Cataluña y sus pasivas reacciones a la instrumentalización de la manifestación de Barcelona por el independentismo- en un momento tan crucial para la vida política española, a un mes de la consumación del desafío soberanista catalán.