Pedro Sánchez y el hombre de estado

El presidente tiene la oportunidad de desmentir la hueca imagen precedente obra de Iván Redondo

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Pedro Sánchez. RTVE
RTVE

El resultado de las recientes elecciones generales ha suscitado no poca sorpresa en una y otra parte. En una, porque media España creyó que podría ganar la derecha. En otra, porque muchos temieron que, aunque Pedro Sánchez ganaría, lo exiguo de su victoria le obligaría a pactar con los independentistas para gobernar. No ha ocurrido ni una cosa ni la otra y, aunque la victoria tampoco es para tirar cohetes, lo acontecido es, sin duda, extraordinario. Después de los muchos avatares de la vida política de Sánchez                   –resistencias, traiciones, supervivencia, amiguismo, frivolidades, logros sociales, contemporización con el independentismo…- el presidente viene de una imagen hueca y poco sólida. Ahora le ha llegado el momento de demostrar que es un hombre de estado. Si desaprovecha la oportunidad, no pasaría a la historia a la altura de los grandes, pero, sobre todo, España terminaría de caer en el abismo que han abierto a sus pies los que quieren romperla y los que quieren acabar con el sistema.

Pedro Sánchez sale de estas elecciones como la mariposa de su capullo. Atrás queda la fase de oruga, esa morfología de la que no se sabe si estamos ante un gusano o ante la larva de un ser superior. La crisálida ha eclosionado dejando atrás todos los avatares anteriores y, como los lepidópteros, el ser político que renace ahora parece mejor que el anterior, incluso más hermoso. La prensa internacional se ha dado cuenta de este matiz y hasta el Corriere della sera le ha llamado “Pedro il bello”, Pedro el guapo, atribuyéndole también el logro de haber rescatado él solito a la izquierda europea. Nada menos. Belleza y vuelo. Como la mariposa. Hasta aquí, bien.


Sánchez sale de estas elecciones como la mariposa de su capullo. Atrás queda la fase de oruga, esa morfología de la que no se sabe si estamos ante un gusano o ante la larva de un ser superior.


Este periodista, primero en medios del grupo Zeta, en la SER y en otros, y después en este periódico (fundado para soslayar las mordazas que nos querían imponer los censores), defendió desde el principio a Pedro Sánchez y auguró con mucha antelación, de más de cinco años atrás, sus venideros éxitos. He aquí unos pocos ejemplos: julio de 2014 ¡Peeeedrooooo!; diciembre de 2015 Rara Campaña; enero de 2016 Pedro avanza; febrero de 2016 Bailando con todosValentía y responsabilidad; agosto de 2017 Las 7 vidas de Pedro Sánchez.

Este periodista criticó también duramente a los que traicionaron a Pedro Sánchez y le expulsaron de mala manera de la secretaría general del PSOE (Vara, de enemigo a pelota de Pedro Sánchez), afeó la conducta de las viejas glorias socialistas (Clamoroso repudio de las bases a las viejas glorias insolidarias con el PSOE,  La rebelión de los torpes), auguró certeramente su regreso triunfal a la dirección del partido y sus posteriores éxitos (La hora de Pedro Sánchez) y alabó su ejecutoria inicial (Una jugada de libro), pronosticó en agosto de 2017 la caída de Rajoy (El crepúsculo de Rajoy) y en julio de 2018 el imposible futuro de Pablo Casado (Pablo Pasado: regreso al futuro del aznarato).

Es decir, expusimos desde el principio las posibilidades que tenía Pedro Sánchez de llegar donde ha llegado, vaticinamos la evolución de su andadura política y pronosticamos lo que finalmente iba a ocurrir con el PP. Y todo eso sin necesidad de ser ningún gurú de los que ahora se llevan.

MARGEN DE CONFIANZA

Igualmente, a lo largo sobre todo de los primeros diez meses de su gobierno, hemos criticado también lo que hemos creído negativo en la acción y la política del presidente. Y ahora, al abrirse esta nueva y decisiva etapa, creo que debemos darle todos un margen de confianza que ha de basarse en dos condiciones previas insoslayables: la negativa a cualquier pacto o concesión a los nacionalistas y los independentistas fuera del marco de los respectivos estatutos de autonomía y de la Constitución; y la negativa a toda consideración populista de un lado y de otro, es decir, ni involución (Vox) ni demolición del sistema (Podemos).


Desde más de 5 años atrás vaticinamos la victoria de Sánchez (y el hundimiento del PP), sin dejar de ser críticos con él.


Por otro lado, la victoria socialista no debe nublar los ojos ni de los razonables ni de los críticos dentro de ese partido. Y debe considerarse que, siendo logros admirables, tanto la exitosa moción de censura como este triunfo en las urnas no dejan de ser también fruto de un azar imprevisible hace años, como la condena del PP de Rajoy por corrupción y la división de la derecha en tres partidos. Porque las circunstancias que posibilitan un logro en un momento dado, pueden concitarse en otro momento para causar el efecto contrario.

No hay que olvidar, asimismo, que la victoria socialista queda oscurecida por un hecho cada vez más preocupante, como es el avance aparentemente arrollador de los independentistas tanto en Cataluña como en Euskadi. Aquí tendrá Pedro Sánchez la ocasión de probar si elige ser un verdadero hombre de Estado o no.

LA “CUESTIÓN IVÁN REDONDO”

Luego quedan asuntos menores, pero igualmente distorsionadores, como el papel que ejerce el “gurú” Iván Redondo en todo este proceso. Iván se ha atribuido tanto la idea y el éxito de la moción de censura como el del resultado electoral, cuando la realidad es que todo ello obedece a la acción y al trabajo de los órganos socialistas y del núcleo duro de Pedro Sánchez.

Iván Redondo ha sido responsable de la hueca y pobre imagen que el presidente ha dado de sí mismo a lo largo de los últimos meses y, ahora, en el estado de euforia en que ambos se encuentran –uno porque ha llegado donde soñaba pasando por fin por las urnas, y el otro, porque se dice el padre de tales conquistas, incluido el triunfo de las primarias- los dos corren el peligro de dejarse llevar por la pomposa vacuidad que conforma la sustancia de Redondo, la misma que, tras una victoria inesperada, acabó destruyendo para siempre, con su inestimable asesoramiento, a un José Antonio Monago que ya no levantó cabeza en posteriores elecciones ni en la vitrina del prestigio nacional.

En próximas fechas vamos a publicar en este periódico una serie de reportajes bajo el título común de LOS MALOS CONSEJOS QUE HUNDIERON A MONAGO, para que, entre otras cosas, sirvan de aviso sobre las consecuencias de fiar la propia imagen y la propia estrategia política a un fantasioso vendehumo, farolero y mentiroso como Iván Redondo, de cuyas letales consecuencias venimos informando en este periódico, hablándolas con diferentes dirigentes socialistas y constatando el rechazo que concita en círculos cada vez más amplios del PSOE. Tanto por ahorro económico –sus ocurrencias con Monago costaron una fortuna a los extremeños- como por salvaguarda de la imagen del presidente y en beneficio de su estrategia y del prestigio del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez debería apartar de su lado al “gurú” cuanto antes. Porque, contra lo que puedan creer los más ingenuos, los éxitos del presidente no son gracias a Redondo sino a pesar de Redondo y, en cambio, los consecuencias negativas de su cercanía y sus manejos terminarán revelándose, como con Basagoiti, Albiol y Monago, nefastas. Al tiempo.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Su último libro publicado es la novela El Viaje del Tiburón – Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

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