Llamadme escéptica…

…pero yo del ser humano (en España hay más cerdos que personas) a veces espero poco

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En España hay ya más cerdos que personas. RTVE
En España hay ya más cerdos que personas. RTVE

Llamadme escéptica, sí, pero yo del ser humano, a veces, espero poco. Es más, llamadme atrevida: borro el “a veces”. Tantos años de evolución ¿para qué?, me pregunto, si no hemos resuelto lo más elemental. Al grano, acabo de leer que en España hay más cerdos que personas. Un informe del Ministerio de Medio Ambiente cifra los datos en 50 millones de cerdos frente a los 46,5 de habitantes humanos, pánico ambiental. Aclaro, que cuando digo cerdos, me refiero a la primera acepción de la RAE: ”Mamífero artiodáctilo del grupo de los suidos”, y no a la segunda, tercera y cuarta: “Persona sucia”, “persona grosera”, ”persona ruin”, porque con esos calificativos, y de dos patas, no me aventuro a calcular qué población tenemos.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Y entonces es cuando me cuestiono a qué extremos está llegando la industria cárnica, que de seguir así van a acabar los animales rebelándose, y con razón. Como sucede en la peli El planeta de los simios, pero con cerdos. Gorrinos gobernando e impartiendo justicia sobre la faz de la tierra. Tengo esperanza, quizá nos traten con más contemplaciones que nosotros a ellos.

Y si me pongo a pensar veo que hay movimiento, indicios, señales cósmicas, avisos del universo de que el apocalipsis está cerca… Y voy con el primer síntoma. Según una información de El País a unas leonas les está creciendo la melena. Estas hembras de Botsuana (sí, donde el emérito se fundió la cadera, pero no voy a hacer ningún chiste), concretamente del delta del río Okavango, además de empezar a necesitar periódicamente retoque de raíces, han comenzado a actuar como machos, a saber: rugir, desperezarse y dormir, porque como bien sabemos, gracias a los documentales de La 2 mil veces entrevistos durante la siesta, su majestad el rey de la selva es bastante vago. Los leones suelen salir a cazar en manada, pero las hembras son más rápidas, más flexibles y menos visibles que los machos. A ellos les pasa lo que a Arcadi Espada, que con ese pelazo que se gasta va llamando la atención y luego tiene que soltar sandeces para estar a la altura de su ego nivel macho super alfa. Sigo: estas felinas utilizan un método elaborado, se sitúan al acecho, rodean a la presa, se aproximan sigilosamente, y cuando están lo bastante cerca, corren y se abalanzan sobre ella. Si el macho, por un casual, abre el ojo y se espabila un poco, va a reclamar el botín: “Solo alcanza con que saque las garras, gruña y demuestre poder”, señala el biólogo Ruben Holland, “y se hace con la mejor tajada”; como buen monarca, puntualizo.


He dejado de preocuparme por el independentismo, lo que me asusta es lo que se nos viene encima, teniendo que llevar una vida de cerdos.


Yo no soy bióloga, ni siquiera tengo un triste master, pero me lo estoy viendo venir; las leonas se han hartado y han decidido que atusarse el flequillo igual que sus “hombres” y roncar a pierna suelta en la quietud de la sabana, es más placentero que correr tras la comida, ¡que cace el soberano!, se han dicho, y que llene la nevera, que ya iré luego yo a zampármelo todo. Me parece bien.

AVANCE ANIMAL

Y hay más pistas sobre el avance animal. Yo ya he dejado de preocuparme por el independentismo, lo que me asusta es lo que se nos viene encima, teniendo que llevar una vida de cerdos, que si en este cambio que vaticino te toca ser ibérico no está mal del todo, pero si naces de pata blanca no tendrás ni un mal charco donde chapotear antes de dar con tus rosadas carnes en el matadero.

Hay más síntomas. decía, unos hipopótamos que salvan a un ñu de ser devorado por un cocodrilo. Lo he visto en Youtube (mucho más instructivo que un master). El ñu se acerca al agua y el cocodrilo le entalla el pernil, los colegas que iban con él se quedan mirando sin moverse y hete aquí que llegan unos hipopótamos y rescatan al pobre ñu, que tras el momento agónico, se va, cojeando, pero vivo. Salvamento in extremis.

Y no acaban aquí las advertencias sobre la hecatombe que nos acecha. Stephen King, ese poco valorado escritor pero infinitamente más bueno que Javier Marías y Reverte juntos, dedica su última novela a un planteamiento angustiante: ¿Qué pasaría con nuestra civilización si las mujeres se durmieran y no despertaran nunca más?

En su distopía, titulada Las Bellas Durmientes, las mujeres se quedan amodorradas, por ejemplo en Albacete, y aparecen frescas como lechugas en un Albacete paralelo, pero sin hombres. Y ellos, mientras tanto, solos en el otro Albacete (hala, ya os jorobé media novela). ¿Os lo imagináis? Yo no quiero ni pensarlo.

Leonas a las que les crece la melena y se comportan como leones. GVES
Leonas a las que les crece la melena y se comportan como leones. GVES

Luego está esa otra noticia inquietante que publicó el National Geographic, sobre una joven que vivió hace 90.000 años y que nació de la mezcla de dos especies distintas, Neandertal y Denisovano, lo que viene a confirmar mis teorías. ¿No son esos hipopótamos bondadosos para comérselos? (a besos digo), rescatando a los inocentes ñus del infierno dental de los cocodrilos como si fueran refugiados en alta mar (arriba la solidaridad). ¿No es verdad que quizá el mundo sería mejor si cambiaran los paradigmas?, las leonas bostezando igual que sus machos y ellos cuidando a las crías (abajo el patriarcado). ¿No sería maravillosa una utopía donde las bellas durmientes de la ciencia ficción de Stephen King vivieran en un mundo de armonía entre géneros? Interesante, ¿a qué sí?

No os lo vais a creer pero yo hoy iba a escribir sobre la familia de Franco, que quiere honores militares para el abuelo dictador. Ya, por no dejarlo en el tintero, propongo, resumiendo mi opinión, que lo más oportuno es que se olviden de misas, himnos, descarga de fusilería y salva de cañonazos y le hagan un entierro a la irlandesa. Esos funerales sí que son la monda.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora).

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