Llamadme embobada…

…que así me he quedado después de escuchar a Isabel Díaz Ayuso decir que defiende a la mujer que una semana después de dar a luz emprende, y no a las de izquierdas, que victimizan

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Esto sí que es emprender. RTVE
Esto sí que es emprender. RTVE

Llamadme embobada y secadme la baba por favor, que se me cae a raudales. Pero no de admiración. Es la respuesta fisiológica cuando se me descuelga la mandíbula cada vez que escucho a la inefable candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, soltar alguna de sus impresionantes perlas. La última, por el momento (estoy segura de que antes de que acabe de escribir este artículo ya nos habrá obsequiado otro par), es la que asegura que ella defiende a la mujer que una semana después de dar a luz emprende, y no a las de izquierdas, que victimizan.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Y nos cuenta la proeza de su valiente amiga Ana, que recién parida se ha ido por esos mundos de dios a emprender. Esa es la que le gusta a Ayuso y no las izquierdosas, que son todas unas flojas que solo sabemos dar la teta y quejarnos ¡Qué es eso de quedarse cicatrizando tranquilamente en casa! ¡A emprender!

A lo mejor es que la candidata del PP es madre de uno de esos niños no nacidos a los que ella propuso incluir en el censo, y desconoce la lata que dan los de verdad.

Tienes que ser una superwoman, estar absolutamente necesitada o disponer de una nutrida corte de ayudantes alrededor que te hagan las tareas si con un muchacho recién nacido colgado del pecho puedes estar trabajando una semana después del advenimiento.


A lo mejor la candidata del PP es madre de uno de esos niños no nacidos a los que ella propuso incluir en el censo, y desconoce la lata que dan los de verdad.


Entre las que se lo pueden permitir se encuentran la Duquesa de Sussex y su concuñada, la de Cambrigde, Kate y Meghan para los amigos, que dejan a la altura de la zapatilla a la amiga de Díaz Ayuso ¡Ni una semana oiga! A las pocas horas del trance posan con una sonrisa y una buena cara que parece que hubieran hecho un pis en lugar de alumbrar otro vástago para la corona. Se encaraman en unos taconazos que no los usa una mujer en su sano juicio, salvo que vaya a la ópera en limusina y se retratan luminosas, la imagen de la maternidad ideal, vaya. Luego, tras pestañear con embeleso, se alejan por esos largos pasillos de palacio, y a la que se van los fotógrafos, dejan al niño con alguna nanny (esto no lo sé a ciencia cierta pero lo juraría por Snoopy).

MADRES DIVINAS ESPAÑOLAS

En España también tenemos nuestro top ten de madres divinas, por ejemplo Pilar Rubio que resplandecía recién parida, con una expresión relajada que no la tiene la común de las mortales ni después de dormir ocho horas del tirón y pasar por la peluquería del barrio.

Estos irreales posados postparto plantean un debate: ¿Cómo afecta al resto de mujeres esa imagen de “perfección”?

Porque la imagen es la principal forma de comunicación. Es, además, una eficaz herramienta de influencia social. La responsabilidad sobre lo que se cuenta es importante. Siguiendo con Pilar Rubio y Sergio Ramos, en la foto publicada por la pareja ella aparece peinada, maquillada y el futbolista con el gorro y el traje verde de acabar de salir del paritorio (de acompañar, no de parir). Una foto que fortalece la idea de que hay que estar perfecta en cualquier situación. Idea falsa que ninguna de las mujeres que ven esta imagen va a poder alcanzar tras culminar un embarazo en la Seguridad Social. Para rematar la faena, Ramos se fue a jugar un amistoso apenas dos días después del parto (¡chúpate esa, amiga de Díaz Ayuso!) evidenciando las carencias en la corresponsabilidad de los cuidados y los estereotipos en torno a la maternidad.


En España también tenemos nuestro top ten de madres divinas, por ejemplo Pilar Rubio, que resplandecía recién parida.


Esto que puede parecer algo inocente, no lo es. Estas imágenes potencian el prototipo de la mujer abnegada, que lo puede todo y encima está siempre guapa y feliz, y causarán, en el menor de los casos, frustración o tristeza por no resistir la comparación ni de lejos.

Yo pienso en mí y tengo que reconocerlo, a la hora que repartieron los cuerpos que todo lo pueden, debía de estar comiendo churros. Cuando nació mi hija, yo era autónoma (trabajadora, se entiende) y a los veinte días de parir retomé la actividad laboral. Recuerdo que me iba sentando en los portales porque tenía la sensación de que se me saldría el útero vagina abajo si daba un paso más. Lo único que era capaz de emprender con cierto ánimo era el camino de vuelta a casa para abrazar a mi niña. Así que no quiero ni pensar en tantas otras mujeres, en peor situación que yo, que tienen que recoger fresas en un invernadero o echar la peonada en una fábrica.

Las otras, las que se reincorporan a una vida de emprendedora saltimbanqui por el mundo, son mujeres que desconocen lo que es trabajar limpiando mierda ajena o fregando escaleras, ni siquiera en un despacho de abogados, de periodista o de cajera en supermercado.


Recuerdo que me iba sentando en los portales, porque tenía la sensación de que se me saldría el útero vagina abajo si daba un paso más.


No necesitan reposo post parto, porque llevan el reposo y la buena vida en el ADN. Para ellas son las clínicas privadas, los partos programados minimizados en dolor, con asistencia super especializada, y los entrenadores privados que les dejan un cuerpo diez en un pis pas.

Son las mismas que están deseando la luz verde que regule los vientres de alquiler, para así no tener que parir y no molestarse ni en ese mínimo esfuerzo que supone para ellas tener un hijo y criarlo. Porque no, no son supermujeres. Son mujeres normales con muchísima ayuda, la misma que querríamos todas. Son mujeres privilegiadas que hacen flaco favor a esa inmensa mayoría que no han tenido su suerte. Mujeres que desperdician esos privilegios que les deparó el destino, y en lugar de utilizarlos para ayudar a las demás, propiciar la igualdad en el ámbito público y privado y sobre todo la responsabilidad del cuidado en general y el respeto por los procesos biológicos, se dedican a hundir lo adelantado.

Menos mal que otro al que le van las perlas verbales nos autoriza a cortarnos el pelo, las uñas e incluso a comer lo que nos apetezca, aunque de decidir sobre nuestros propios cuerpos asuntos que no sean frivolidades, ni hablamos. Este macho alfa capaz de conquistar la isla de Perejil él solito, de parir sabe poco, pero paridas dice unas cuantas. Hablo de Ortega Smith, que la tiene tomada con el sexo femenino y anda desquiciado queriendo recortarnos lo que tanto ha costado conseguir. Un poco más y le veo exigiendo por decreto aquella vieja costumbre de que los hombres se metieran en la cama a tomar calditos y recibir mimos tras el parto de su mujer ¡Qué ellos también lo pasan muy mal, pobrecitos!

Isabel Díaz Ayuso necesita un sonajero. RTVE
Isabel Díaz Ayuso necesita un sonajero. RTVE

Yo voy a ejercer todos los derechos que este hombre de Vox me concede tan magnanimamente, todos menos el de cortarme las uñas, me las dejaré largas para arañarle si le veo.

Y a Isabel Díaz Ayuso, por favor, que alguien le regale un sonajero y que se entretenga hasta las elecciones.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

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