La vuelta al mundo en 80 manicomios

Una aventura científico-viajera sin parangón, del reputado psiquiatra y escritor Blas Curado García

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En Extremo Oriente ha sido la última incursión del psiquiatra buscando manicomios. BLAS CURADO
En Extremo Oriente ha sido la última incursión del psiquiatra buscando manicomios. BLAS CURADO

La locura ha sido tratada a lo largo de los siglos de diversas maneras y únicamente en nuestros días las discapacidades mentales empiezan a recibir la atención adecuada y no en todos los países. Hubo un tiempo en que a los llamados locos se les encerraba de por vida. Alrededor del globo se construyeron innumerables centros de reclusión donde estos enfermos fueron tratados muchas veces como prisioneros sin derechos. Para estudiar este fenómeno, el prestigioso psiquiatra y colaborador de PROPRONews, Blas Curado García, se ha embarcado en una aventura formidable alrededor del planeta.

No es Phileas Fogg ni su reto nace de ninguna apuesta, sino del compromiso intelectual y profesional de un hombre con su profesión y con su deseo de compartir con el mundo unas experiencias inéditas y únicas. Muchos de los lectores y lectoras habrán conocido u oído hablar de tal o cual manicomio, más o menos cercano a su lugar de nacimiento o residencia, y habrán escuchado historias de lo que sucedía en esos centros, algunas, verdaderamente escalofriantes. Pero nadie, en ningún lugar del planeta, ha tenido la opción ni, probablemente, la curiosidad de averiguar cómo eran los manicomios en otros países, culturas y continentes y cómo se trataba en ellos a los internos. El misterio va a quedar desvelado próximamente, cuando Blas Curado García publique el libro que prepara, una obra colosal para documentar la cual está recorriendo prácticamente todo el planeta.


Todo empieza con un viaje a la Argentina para estudiar La Colifata, la célebre radio de los locos.


La vuelta al mundo en 80 manicomios es la obra y la aventura personal más fascinante de la que hayamos tenido noticia en mucho tiempo en el ámbito de la cultura, y de la que hoy PROPRONews da cuenta en exclusiva. Este viaje científico e histórico alrededor del mundo es la consecuencia de la vocación médica indesmayable y de la perpetua curiosidad de un hombre extraordinario, tan buen médico como excelente escritor y cronista de viajes, del que nos orgullecemos de contar en nuestra nómina de colaboradores.

A sus estupendos 72 años y sin desatender a sus numerosas ocupaciones profesionales e intelectuales, Blas Curado está dando la vuelta al mundo para estudiar 80 manicomios de todo el planeta. Tomando prestado el título de Julio Verne, si el autor francés nos condujo con su novela, en un maratón de ochenta días, por la cáscara del globo, Blas Curado está realizando un fascinante viaje por las interioridades más sobrecogedoras del planeta, por el mundo de la locura y los espacios que se habilitaron a través de los siglos para recluir a los locos.

Emisión de La Colifata de Buenos Aires, la radio de los locos. Aquí empezó la idea del libro.
Emisión de La Colifata de Buenos Aires, la radio de los locos. Aquí empezó la idea del libro.

La experiencia de Blas Curado, tanto como psiquiatra, como observador privilegiado del universo de los manicomios, es enorme. Esta experiencia arranca cuando, en plena juventud, para realizar su MIR de Psiquiatría vive durante tres años en el manicomio de la Cadellada, de Oviedo. Posteriormente ha tenido largo contacto con el mundo de los discapacitados psíquicos a lo largo de toda su vida profesional.

LIBRO SECRETO

PREGUNTA.- ¿Qué le mueve a realizar una obra semejante?

RESPUESTA.- Estoy inmerso en este libro que me llena y siento un gran placer realizándolo: Viaje alrededor del mundo en 80 manicomios. Libro secreto, azaroso y literario. Es un romántico periplo por manicomios del mundo del siglo XIX, viendo los que queda de ellos, en qué se han convertido y si encontramos una historia literaria embozada, la citamos.


En un manicomio de Kioto, el hospital Juzenkai, en apenas nueve meses murieron en extrañas circunstancias más de 850 pacientes.


P.- ¿Cómo se le ocurrió tan original e inédita idea?

R.- Todo empieza con un viaje a la Argentina, como colaborador de FUTUEX (Fundación para la Promoción y Apoyo a las Personas con Discapacidad de Extremadura), para estudiar la célebre radio de los locos, La Colifata, en el manicomio de Buenos Aires “El Borda” (Hospital Psiquiátrico José Tiburdio Bordas). Trabajo que ha sido publicado en una revista (Ventana Abierta) y en un libro (Derecho y discapacidad). Después de realizar este viaje de placer y trabajo, recorrido que sale especialmente emotivo al encontrar un proyecto común con mi mujer, Mary Chel, el Perito Moreno y las cataratas de Iguazú, fueron el empujón para seguir viajando, con el proyecto de encontrar nuevos manicomios, hasta 80, copiando al célebre libro de Julio Verne, del mismo nombre, pero con días.

P.- ¿Cuántos países han visitado hasta la fecha en este empeño?

R.- Hemos visitado más de veinte países buscando sus manicomios, entre ellos, Inglaterra, Francia, Italia, Austria, Polonia, Checoslovaquia, Turquía, Egipto, Bélgica, Portugal, EE.UU., Corea del Sur, Japón. Precisamente en octubre pasado visitamos estos dos países de Extremo Oriente y para el otoño próximo planeamos uno nueva a EE.UU., esta vez a San Francisco y Los Ángeles.

Blas Curado, recientemente en Kioto, Japón.
Blas Curado, recientemente en Kioto, Japón.

P.- ¿Cuántos países les faltan y qué nuevo proyecto tiene cuando termine esta obra?

R.- Nos faltan pocos y espero terminar el libro este año, si no tengo nada en contra y lo dioses nos son propicios. ¿Después qué haré? Pues otro libro. Se titulará Psicopatología literaria, o algo así. Eso, siempre que la salud nos responda, la economía no se resquebraje y los sobrevenidos no nos desplacen del placer de escribir y viajar, como le ocurre a Mark Twain en su cabreante libro Guía para viajeros inocentes.

P.- ¿Cómo ha sido la experiencia en Corea del Sur?

R.- Buscando en los textos de historia de la medicina, son muy raros los que dedican algunos párrafos a la medicina coreana y menos a los hospitales de ese país. Es como una tierra vacía. Sólo la panacea del ginseng, una raíz que se parece a la parte inferior del cuerpo humano, considerada el elixir de la vida. Una mujer, cuenta la leyenda, deseaba quedar embarazada y, ante su fracaso, cogió un fruto del monte, y durante seis inviernos y seis veranos lo estuvo cultivando, logrando quedar en estado de buena esperanza. No cabe la menor duda de que la leyenda del trastorno hormonal transitorio de la coreana tiene su cosa con la raíz y el parecido con el ser humano. Creo que me pasa lo que le ocurrió a Un yanki en la Corte del Rey Arturo, novela humorística y satírica que Mark Twain nos dejó para poner en solfa los valores más incuestionables. Salvando la contusión cerebral que sufre el yanki a manos de un obrero de la fábrica donde trabaja en USA, este viaje se parece un poco al sueño que padece el personaje central de la novela. No relato esta historia por vanidad, sino que lo cuento como anécdota y con la esperanza de no encontrar un hombre armado al estilo samurái que me haga de su propiedad, como le pasa al yanki de la novela al toparse con el caballero sir Cay El Senescal. La situación era de manicomio; así lo piensa el americano constantemente, pidiendo apearse, cuando antes, de la institución solicitando ver al director. El manicomio estaba muy cerca de Camelot.


El autor ha regresado recientemente de Extremo Oriente y ahora prepara viaje a San Francisco y Los Ángeles.


LAS DOS COREAS Y LA ESQUIZOFRENIA

P.- También visitó usted en este viaje la esquizofrénica frontera que separa las dos Coreas, por un largo conflicto que en las últimas semanas parece empezar a entrar en una vía más cuerda.

R.- Desde luego. Suplantemos, por un momento, el sitio donde se reunía, en algunas fechas festivas, la corte del Rey Arturo con sus caballeros de la Tabla o Mesa Redonda, por el de Seúl y sus caballeros armados contra el mal que llega del norte. Fuimos, en efecto, a la frontera que separa el bien del mal (como licencia), y dimos fe de la situación en que se encuentra. Ahora, nuestra Camelot está casi rodeada por una red de alambres y torres de vigilancia como nunca se ha visto en el mundo. Es la “tapia” del manicomio más enorme que jamás me he topado en la larga ruta de la vesania. Esto es lo que tiene de pintoresco (y dramático) el comunismo: muros de obstinación hasta el derrumbamiento por colapso económico. “Cosas horribles, muchas hay, pero nada más terrible que el hombre”, nos ha dejado escrito Sófocles, en su Antígona. En Corea del Sur el “Norte” no existe. Sólo la reunificación es su problema. Nadie tiene como tema de conversación los acontecimientos en la zona del paralelo 38 o las imprecaciones infantiles que se lanzan unos contra otros. Nos fuimos de Corea del Sur con la esperanza de que el Manicomio del Norte no desborde su tapia y haga del sueño coreano el apocalipsis del fin del mundo.

P.- ¿Qué centros psiquiátricos visitó en Corea?

R.- El de Conjiam y el Jonsei Feel Mental Health Clinic. Pero los detalles, me van a permitir que los dejemos para el capítulo correspondiente del libro.

Sección de mujeres del manicomio de La Cadellada, Oviedo, donde Blas Curado trabajó tres años.
Sección de mujeres del manicomio de La Cadellada, Oviedo, donde Blas Curado trabajó tres años.

JAPÓN

P.- En este último viaje también visitaron ustedes Japón buscando manicomios. ¿Cuál es el resultado?

R.- No hemos encontrado datos históricos de los manicomios japoneses en las obras más a mano, como la más conocida de Laín Entralgo, Historia Universal de la Medicina, y que hemos manejado alguna que otra vez. En este período que analizamos, la medicina japonesa deja de depender de China, se independiza y surge la medicina propia del país, hasta la llegada de los primeros europeos, portugueses, españoles y, sobre todo, holandeses. Finalmente, la medicina alemana colaboró en la expansión del imperialismo japonés del siglo XX. En una entrevista de hace muchos años, por los ochenta del siglo pasado, recuerdo que una japonesa del círculo del poder sanitario de Japón, que vino a nuestro país para estudiar la asistencia psiquiátrica, que, en esos momentos, estaba en un convulso cambio, nos cuenta lo que sucede en su país en el área de la psiquiatría. Después de detallar las denuncias por malos tratos y vejaciones y demás conocidas humillaciones de los locos en todo el mundo, Japón no era un paraíso, sino todo lo contrario. Uno de los manicomios que se denuncia es de Kioto, el hospital Juzenkai, donde en un periodo de apenas nueve meses mueren en extrañas circunstancias más de 850 pacientes.

P.- ¿Cuál es el origen de los manicomios en Japón?

R.- En el siglo XIX se construyen los primeros manicomios japoneses. Hasta hace muy poco, los locos quedaban en el seno familiar, muchas veces recluidos en celdas en la propia casa, pues la locura era un estigma muy grave en el seno de la sociedad patriarcal japonesa, apoyado, según la entrevistada, por la ética confuciana. Aunque Confucio no dijo nada de encerrarlos, era más bien partidario de la responsabilidad de la familia en el deber de proteger y ayudar a los seres más inválidos e incapaces de la misma. Una historia que me parece interesante por su contenido y semejanzas con otra de nuestro entorno cultural es la de los antecedentes de la asistencia a los locos en el Japón, de la mano de los monjes budistas. Son ellos los que en sus templos asisten a los enfermos mentales, pues consideraban que su padecimiento era de naturaleza sobrenatural o provocado por la brujería y, para ello, en los templos se bebía el agua sagrada que manaba de sus fuentes o se realizaban conjuros para su curación. Se conoce que en el templo de Daiwan en Iwakura, Kioto, en el siglo X, el recinto sagrado budista servía como hospedaje de los locos. La difusión del tratamiento de la locura por los budistas del templo supuso una mayor demanda, que necesitó la construcción de locales anexos a los edificios sagrados, como el de Kioto. Actualmente incluidos, desde el año 1884, en el manicomio de Iwakura, que también visitamos.

Jardines del templo Kioto Iwakura Jinsso-in, donde antaño se atendía a los locos. JAPAM HOPPERS
Jardines del templo Kioto Iwakura Jinsso-in, donde antaño se atendía a los locos. JAPAM HOPPERS

KASHIKO Y SANTA DIMFNA

P.- ¿Y cuál es esa historia de nuestro entorno cultural que dice usted que tiene semejanzas con lo que acaba de contar?

R.- Una historia muy similar, tanto en el tiempo como en la forma, la hemos encontrado en la ciudad belga de Gheel, donde la iglesia de Santa Dimfna y sus curas milagrosas atrajeron a numerosos enfermos mentales y que, con el tiempo, sobrepasó el primitivo sistema de atención en salas anexas a la iglesia. La princesa irlandesa de Gheel tiene su parecido con la lunática princesa Kashiko, hija del emperador Gosanjó (1034-1073), del periodo Heian, que padecía una clase de locura que necesitó la reclusión en el templo Daiun-ji. Se cura bebiendo el agua sagrada de un pozo del templo y con el baño de una cascada para purificarse. Rezó al buda Kanzeon Bosalsu y, cuentan, que recuperó la razón. Nuestra princesa Dimfna no tuvo tanta suerte, y muere, como sabemos, a manos de su enloquecido padre. Kashiko o Yoshiko es la princesa y la suprema sacerdotisa del templo Kamo que protegía la ciudad de Kioto de los malos espíritus. Al caer en las garras de la locura fue desposeída del cargo de Saiô con veintinueve años de edad. A pesar de ser princesa heredera del emperador y virgen, tuvo que dejar el templo para curarse. De hecho, esta forma de tratamiento del loco japonés, con la colaboración de los vecinos de Kioto, es bastante parecida a la que observamos en el pueblo belga de Gheel, y por ello se le conoce como el Gheel japonés.

P.- Curiosas coincidencias, sin duda.

R.- A nuestro parecer, la coincidencia es muy grande para que dos culturas, tan diferentes y tan alejadas en el espacio, con nula posibilidad de influencia mutua, lleguen a tan gran similitud: la misma época (edad media), personajes de la alta nobleza (princesas), vírgenes, y un templo como asilo de los locos (católico y budista), con hospedajes de los enfermos en las casas de los vecinos de la ciudad; terminando, finalmente, como dos manicomios.

Santa Dimfna, a la que se atribuye la capacidad de curar a los enfermos mentales.
Santa Dimfna, a la que se atribuye la capacidad de curar a los enfermos mentales.

P.- ¿Hay más casos de este tipo?

R.- He tenido la oportunidad de conocer otra situación parecida a las que hemos descrito. Se trata de la historia que nos hace llegar Vicente Blasco Ibáñez en su libro de viajes Oriente. Tras la búsqueda de los restos de Bizancio, necesita descansar y para ello entra en el pequeño monasterio de Balouki, en Estambul. En su cripta surge la fuente milagrosa de Zootocos, cuyas aguas obran prodigios, según lo griegos. Es una cisterna bajo cúpula sombría, en cuyo líquido nadan muchos peces rojos. El famoso milagro de los peces coincide con el asalto de los turcos a la ciudad de Constantinopla. Se conserva la tradición de que las aguas de las fuentes son milagrosas, idea impresa en el pensamiento mágico-primitivo desde el principio de la humanidad. Las fuentes de agua han sido siempre protegidas por las ninfas, en todas las latitudes de esta tierra nuestra.

El psiquiatra y escritor, en la frontera entre las dos Coreas.
El psiquiatra y escritor, en la frontera entre las dos Coreas.

P.- Volviendo a Kioto, ¿qué le lleva precisamente a esta ciudad en busca de manicomios?

R.- Aparte del Protocolo de Kioto (1992), mi curiosidad no llegó antes hasta esta ciudad y menos, buscando manicomios. Toda la humanidad le debemos algo. La entrevista que venimos citando explica la administración tan especial que recibe la locura en el país asiático. Interesa, como ya hemos referido, para ver el manicomio más conocido de Kioto: Iwakura. Hemos visitado el manicomio, al norte de la ciudad y, a su lado, saliendo por la carretera que nos ha llevado a su puerta principal, a mano izquierda, encontramos una plaza donde aparece la gran puerta de madera de un templo. El templo es el Kioto Iwakura Jinsso-in, budista, que nos ofrece su curiosa historia milenaria. Compramos un libro que la narra y que nos venden en el mismo templo. Lo visitamos descalzos, como manda el ritual japonés. En la lectura del librito no encontramos ahora nada referente a los locos japoneses. Pero la belleza de sus rincones y su jardín en miniatura, típico japonés, es especialmente refrescante y nos llena de una gran paz en el silencio que nos rodea. Y lo fotografiamos, como pudimos, ante la prohibición de hacerlo.

(José Mª Pagador es escritor, periodista y fundador y director de PROPRONews).

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