Los militantes le siguen. PROPRONews
Los militantes le siguen. PROPRONews

Nadie se explica que las cabezas pensantes del PSOE del pasado y del (entonces, ahora ya no) presente cometieran tantas torpezas en el proceso de defenestración de Pedro Sánchez. Pero el episodio tiene una explicación sencilla. La inquina por el secretario general les enajenó la realidad; la falsa idea de que estaban en juego no sé qué intereses capitales -¡capitales!, desde luego- patrios les brindó la coartada; y la soberbia les cegó. Jamás tantos líderes y exlíderes de primer nivel se confabularon de tan desafortunada manera para cosechar el mayor de los fracasos y hacer juntos el mayor de los ridículos, un fracaso y un ridículo que quedan para los libros de historia.

No fue la conjura de los necios –estuvieron muy lejos del humor y la agudeza de la novela de John Kennedy Toole y, por otra parte, ellos tontos tampoco son- sino más bien la rebelión de los torpes. El modo como se organizó el complot; el burdo proceso de puesta en marcha; la infamante orquestación llevada a cabo durante semanas –con la participación unánime de buena parte del aparato socialista, los exdirigentes y los barones, y la complicidad gustosa del Gobierno de Rajoy, además de los medios de comunicación públicos y la mayoría de los privados, con La Razón, ABC y El País a la cabeza, y el aplauso de la oligarquía empresarial, económica y financiera de este país-; lo burdo de la ejecución –con aquella joven representante del PSOE andaluz perteneciente a la especie de las “manosderechas de Susana”, de cuyo nombre no quiero acordarme, diciendo eso de “la única autoridad aquí soy yo”, que recordaba a aquel capitanote que el 23-F dijo en el Congreso que pronto llegaría la autoridad competente, “militar por supuesto”-; lo cruel del desenlace, sin la más mínima humanidad en el trato al secretario general caído; la forma insidiosa con que la Gestora se hizo con el poder del partido; la manipulación del partido y de los tiempos por esa misma Gestora durante tantos meses; las facilidades dadas por la susodicha Gestora a Susana Díaz y los obstáculos puestos en el camino del exsecretario general; los medios puestos a disposición de Susana Díaz, orgánicos, institucionales, económicos y mediáticos, y, en cambio, la indigencia de la campaña de Pedro Sánchez, solo mitigada por el apoyo humano y económico de la militancia; y la creencia, en fin, de que, con toda esa artillería, Pedro Sánchez se rendiría, y que, aunque no se rindiese, el día de las primarias resultaría arrollado por la lideresa que nunca lideró en realidad nada, todo eso junto –y por separado- prueba una torpeza olímpica de los organizadores y ejecutores de la conspiración, de quien jubilosamente la encabezó y de sus padrinos dentro y de fuera del partido.

RESPONSABILIDADES

De las responsabilidades y del ridículo que les corresponde a los que desde el Gobierno de Rajoy, los medios de comunicación y los poderosos de este país participaron en la operación o la apoyaron –los llamados “cebrianes”-, no vamos a hablar. Allá ellos. Todo el mundo lo sabe y, por otro lado, por ser “ajenos” al anterior aparato socialista responsable del desaguisado, ellos están exentos de cualquier asunción de culpas por el fracaso. Son los otros, en cambio, los dirigentes socialistas que defenestraron en primera instancia –sin éxito en el segundo tiempo, como se ha comprobado posteriormente- a Pedro Sánchez, los que han quedado tocados, y seguramente hundidos, para siempre.

En septiembre de 2016 pronostiqué la victoria de Pedro Sánchez en las primarias.

El asunto es de primer nivel, un acontecimiento histórico no a la altura de los “idus de Marzo” desde luego, pero en esa línea; un hecho relevante que en cualquier otro país de mayor cultura democrática hubiera merecido análisis en profundidad y estudios independientes, por la olímpica desproporción entre la unanimidad de la conjura, las dimensiones de la ofensiva y el catastrófico resultado obtenido. Sin embargo, dado que la mayoría de los medios de comunicación públicos y privados de este país vieron con buenos ojos la rebelión contra Pedro Sánchez, no es de extrañar que prácticamente ningún analista político se haya referido al ridículo cosechado por los muñidores del golpe y sus apoyos. A nosotros nos parece que la evolución del proceso de la traición, el manejo de los tiempos posteriores por el aparato y el resultado final de la operación constituye una catástrofe política para sus muñidores digna de estudio y reflexión.

Los barones no supieron ver lo que venía. PROPRONews
Los barones no supieron ver lo que venía. PROPRONews

En política, como en la guerra, incluso como en la vida misma, las estrategias no son nada sin las tácticas adecuadas. Incluso una mala estrategia puede llegar a buen puerto si los instrumentos y el método de ejecución son certeros. En este caso, sin embargo, no ha ocurrido ni una cosa ni la otra. Aquí la estrategia, bien que indigna y contraria al espíritu democrático, estaba clara, aunque parecía de antemano destinada al fracaso, dado que se había diseñado de espaldas a la militancia. Pero es que, además, las tácticas empleadas por los ejecutores del golpe y sus peones fueron tan elementales y burdas como desastrosas. Y todavía se explica menos lo sucedido si se tiene en cuenta que entre esa nutrida legión de torpes que comandaron o arroparon la confabulación se encontraban nada menos que Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, Alfonso Guerra -¡ay, Alfonso, quien te ha visto y quien te ve!-, José Luis Rodríguez Zapatero,  José Bono, Matilde Fernández, Carme Chacón, Micaela Navarro, Eduardo Madina y tantos otros “notables”, además de muchos exministros socialistas, presidentes autonómicos, barones regionales, presidentes de diputación de numerosas provincias y alcaldes de innumerables ciudades, muchos de los cuales asistieron luego al burdo acto de entronización de Susana Díaz celebrado en Madrid.

EL ERROR DEFINITIVO

No voy a recordar las semanas y meses durante los cuales Pedro Sánchez fue denigrado y  acusado de todo en la mayoría de las televisiones, las radios y los periódicos de España, por “compañeros” tan leales como Guillermo Fernández Vara, Emiliano García Page, Ximo Puig, Felipe González, Susana Díaz, Javier Lambán, Javier Fernández y tantos otros. Tan solo voy a referirme, como definitorio de lo que iba a suceder, a aquel acto “de masas” celebrado el domingo 26 de marzo en Madrid, para la entronización de Susana Díaz ante su “segura” victoria en las primarias del partido. En su soberbia, todos ellos se habían olvidado de que existía algo que se llama militancia.

Muchos barones socialistas han quedado tocados y posiblemente hundidos.

El sabor a rancio de ese acto pretendidamente multitudinario que no lo fue tanto, el cónclave exánime de los viejos dinosaurios del partido, la visualización de una fuerza gastada y pasada de moda y de tiempo, fue el último y definitivo argumento que tuvo este periodista para pronosticar la derrota sin paliativos de Susana Díaz. Cuando vi las imágenes del mitín, comenté a los que se encontraban conmigo: “hoy ha perdido definitivamente Susana las primarias. A nadie se le ocurre presentarse ante los militantes, los votantes y la opinión pública dando esa imagen caduca. Por otra parte, quien necesita rodearse de tanta autoridad es porque carece de ella”.

Estaba claro que la militancia estaba con él. PROPROPNews
Estaba claro que la militancia estaba con él. PROPROPNews

Los torpes que idearon, ejecutaron y administraron la defenestración de Pedro Sánchez cometieron, sobre todo y entre otros muchos, dos errores principales. El primero, minusvalorar a la militancia. El segundo, sobrevalorar a Susana, una política sin bagaje intelectual, sin trayectoria de verdadera líder, sin peso político auténtico y sin más ideas que un rosario de lugares comunes. ¿De verdad creía Felipe González y todo lo que él representa, que los militantes iban a aceptar de buen grado la traición? ¿De verdad creían Felipe González y los demás que Susana era la mejor candidata para liderar un partido con vocación de gobierno y 140 años de existencia? Yo no sé aún si ese líder podrá serlo Pedro Sánchez o no. Eso está por ver. Quien estaba claro a priori que no podía serlo era la lideresa andaluza.

¿CONTRA TODO PRONÓSTICO?

Y, claro, cuando una operación ideada, ejecutada y administrada por torpes sale mal, todos ellos hacen cábalas acerca de qué pudo fallar. Lo primero que han dicho todos, ellos y sus apoyos gubernamentales, institucionales, económicos y mediáticos, es que Pedro Sánchez ha ganado “contra todo pronóstico”. Mis lectores lo habrán visto escrito o lo habrán escuchado en numerosos medios. ¡Contra todo pronóstico! Esta expresión es otra prueba de la cortedad de algunos. Muchos fuimos, sin embargo, los que desde el primer momento vimos que Pedro Sánchez ganaría por goleada las primarias, como así ha sido. En el caso de este humilde periodista, en las redes pueden encontrarse precoces pronósticos míos sobre la victoria de Sánchez muchos meses antes. Incluso Fernández Vara es testigo, puesto que así se lo hice ver por escrito ya a mediados de septiembre de 2016, que Pedro Sánchez ganaría las primarias. Y no es que yo sea un vidente. Cualquier observador con dos dedos de frente podía ver lo que estaba por suceder.

Ningún analista ha comentado la desproporción entre los medios de Díaz y su derrota.

Ahora los militantes y los votantes socialistas aguardan la irrupción de un partido nuevo, regenerado, democrático y mirando a la izquierda. Un PSOE con menos aparato y con más militancia; un PSOE sin barones y con dirigentes responsables y entregados, que no se escuden en redes clientelares para fines espúreos y que no conviertan el ejercicio político en una “profesión” de la que lucrarse. Ahora, los militantes socialistas –hemos hablado con muchos- están esperando que García Page, Lambán, Fernandéz Vara o Ximo Puig hagan honor a la palabra dada cuando creyeron que Susana Díaz iba a arrollar. Los dos primeros prometieron que se marcharían del partido si ganaba Sánchez y los dos segundos manifestaron su absoluta incompatibilidad con el renacido secretario general. Lo dijeron ellos, no yo. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Fuentes de las bases socialistas lo anuncian bien claro: “si continúan en esta actitud de indignidad entre lo que dicen y lo que hacen, terminarán de comprobar lo que pensamos los militantes y los votantes en las próximas elecciones autonómicas”.

SIN AUTOCRÍTICA

Lo más asombroso de todo es la ausencia de autocrítica con que los inspiradores y los ejecutores del golpe contra Pedro Sánchez han acogido su propio fracaso. Pareciera que el resultado de tan burda acción no corresponda a nadie ni sea responsabilidad de nadie. El exceso verbal de los golpistas previo a las primarias –exceso tanto en el fondo, como en las formas, como en la cantidad de declaraciones y comunicados- se ha traducido después en un clamoroso silencio. Los que antes hablaron tanto denigrando a Pedro Sánchez y diagnosticando que su labor al frente del PSOE había sido poco menos que una catástrofe cósmica, ya no dijeron esta boca es mía después de que aquel ganase las primarias. Sin embargo, todos los muñidores del golpe y sus apoyos deberían meditar sobre las consecuencias de su acción.

La rebelión de los torpes - Los conjurados vistos por los internautas
Los conjurados vistos por los internautas

Estas consecuencias pueden resumirse en dos principales. La primera, es el daño que han causado al partido y, además, para nada, vistos los resultados. La revuelta de los golpistas es la peor acción de unos dirigentes, la más vil, al menos desde los vaivenes del partido socialista en la dictadura de Primo de Rivera, hace casi un siglo. El intento de defenestrar antidemocráticamente al secretario general, en lugar de iniciar un legítimo proceso de destitución por las vías estatutarias, fracturó al partido y creó un universo de facciones que la militancia no ha perdonado.

La segunda es que la acción emprendida por los golpistas –¡listos ellos!- ha tenido justo el efecto contrario, reforzando la figura de Pedro Sánchez, otorgándole todo el poder dentro del partido, agrupando a la militancia en torno suyo y dándole un nuevo aire como líder y aspirante a la Moncloa. Pese a todo, los golpistas no han dicho una sola palabra ni han reconocido su error. Vergüenza.