La (¿inevitable?) destrucción del PSOE

Pedro Sánchez y Susana Díaz, solos y con ayuda de otros, ponen en serio peligro el futuro del partido y la estabilidad de España

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Ellos son hoy los responsables máximos de la situación crítica del PSOE. RTVE
Ellos son hoy los responsables máximos de la situación crítica del PSOE. RTVE

Desde que Felipe González perdiera las elecciones de 1996, tras una deriva política desde la izquierda social hacia el centro, con medidas a veces prácticamente de derechas, y tras una sucesión imparable de escándalos (Juan Guerra, Luis Roldán, caso Filesa, caso Gal, fondos reservados…) que minaron el prestigio del presidente y las expectativas electorales del partido, el PSOE lleva una trayectoria descendente y agónica que conduce a la situación crítica en que hoy se encuentra, después de haber perdido la Junta de Andalucía y mientras Pedro Sánchez gobierna con 84 diputados, “montado” (cree él) en los tigres del independentismo y en fuerzas contrarias a nuestro modelo de Estado.

A todos los líderes socialistas es atribuible la responsabilidad de este desastre, por haber ido abandonando los principios de la socialdemocracia y hacer políticas claramente de derechas, más atentas a los mercados y al capital que a la ciudadanía. Después de Felipe, Almunia, Zapatero, Rubalcaba y Pedro Sánchez se reparten el mérito, en un declive electoral progresivo e imparable, de haber llegado a los 84 diputados actuales, con una pérdida de más de la mitad en porcentaje de voto y casi la mitad de los votos reales, hasta los exiguos 5,4 millones de 2016, que posiblemente serán bastantes menos en las próximas elecciones generales, como apuntan las recientes elecciones andaluzas y temen millones de socialistas perplejos por la deriva cada vez más inexplicable de un partido que lo fue todo en España –incluido un sólido sustento de la estabilidad institucional del país y del progreso ciudadano- y que va camino de la nada.


El apoyo del independentismo es letal para la estabilidad de España y del PSOE.


El abandono de la socialdemocracia y de la defensa del modelo de Estado que tan buenos resultados ha dado en las últimas décadas se aduce como la causa principal de esta decadencia, además, claro está, de los abusos, las corrupciones, las arbitrariedades y los apaños que han jalonado la gestión socialista desde la segunda fase de Felipe González.

Todo lo bueno que el PSOE hizo por España y por la ciudadanía, que ha sido mucho, va quedando desdibujado en el tiempo a causa de la tibieza y la torpeza de sus dirigentes, incapaces de armar un discurso y una política socialdemócratas de verdad, que es para lo que los electores socialistas les votaron.

TRES VECTORES CATASTRÓFICOS

Y ahora se acumulan factores clave para la tormenta perfecta que puede reducir al PSOE al papel residual en que han quedado otros socialismos europeos, como el francés, mientras se comprueba que allí donde el partido ha hecho lo que debía, anteponiendo los intereses de la ciudadanía, su posición se ha fortalecido, como es el caso de Portugal.


El encastillamiento de Susana Díaz en Andalucía es otro factor demoledor para su partido.


Estos factores se apoyan en tres vectores igualmente catastróficos para el futuro del PSOE, dos que tienen que ver con los líderes actuales por sí mismos y con terceros actores, y uno que se incuba entre el inestable líder y la muy tocada lideresa andaluza.

El entreguismo de Pedro Sánchez a los independentistas catalanes para mantenerse en el poder a toda costa, aun a riesgo de la unidad de España, es uno de los principales errores del líder socialista, si no el principal, y ya ha empezado a pasarle factura en Andalucía. Los votantes y simpatizantes socialistas asisten perplejos a la política apaciguadora –y “cobarde”, según dicen en privado algunos dirigentes autonómicos- con quienes han destruido la convivencia y la estabilidad de Cataluña y de todo el Estado, y están poniendo en grave riesgo la unidad y el futuro de España. Este sería el primer vector de este mapa del tiempo socialista que lleva a la tormenta perfecta.

El segundo vector es la actitud de Susana Díaz tras la pérdida de la Junta de Andalucía y la debacle sufrida por su partido en las recientes autonómicas, aunque ella haga como que no se ha enterado y se aferre a la falsa idea de que ha ganado. El numantinismo de la destronada lideresa, aferrándose al sillón de “jefa de la oposición” (ella no tiene, como Rajoy, un Registro de la Propiedad al que volver; en realidad no tiene nada fuera de su “carrera” política en la que lleva casi desde que era una niña) y asegurando que volverá a ser candidata a la presidencia de la Junta denota su sentido patrimonialista de los cargos, su claro afán de enfrentarse a Pedro Sánchez y su desprecio a la democracia interna y al resultado de unas primarias previas, que deberían ser las que dijeran quién será el próximo candidato.

De lo negativa que resulta para el PSOE la actitud de la expresidenta, ya anticipamos los efectos el 3 de agosto de 2017, anunciando en PROPRONews lo que podìa ocurrir y que, 18 meses después, ya ha ocurrido en Andalucía. Aquel artículo, que los lectores pueden consultar al final de este texto, se titulaba “La cuarta hecatombe electoral del PSOE será culpa de Susana Díaz”. La que se avecina en las generales, será también responsabilidad de Pedro Sánchez.


La guerra interna Pedro-Susana agrava la agónica situación del PSOE.


Y el tercer vector es el inevitable choque de trenes entre Pedro y Susana, enemigos mortales disfrazados de sonrisa, cada uno tirando para sus intereses, ante el asombro y el desencanto de los cada vez menos simpatizantes de una organización que se ha convertido con el tiempo en una caricatura de partido político, como se entiende que debe ser una organización progresista de izquierdas en pleno siglo XXI.

OTROS AYUDANTES DEL DESASTRE

El barro electoral en el que puede hundirse definitivamente el PSOE en las próximas elecciones generales lo están amasando a conciencia Pedro Sánchez y Susana Díaz con sus ansias de poder, su lucha intestina suicida y los devaneos del primero con los independentistas catalanes y con los que quieren desmontar el edificio institucional de España, léase Podemos.

Pero al desastre contribuyen también otros ayudantes socialistas, en mayor o menor grado. Ahí tenemos el caso de la presidenta socialista de Baleares, Francina Armengol, y su forzosa –e ignominiosa- implantación del catalán en su comunidad, con la correspondiente huida de profesionales de la sanidad pública y de otras ramas de la administración balear, ante una arbitrariedad que casi nadie entiende en las islas y nadie en el resto de España.

Ahí tenemos también a Miquel Iceta, líder de los (cada vez menos) socialistas catalanes, tan bailón él y tan frívolo a veces en sus devaneos con el separatismo, en ese seguidismo sanchista de amansar al tigre ya que no pueden domesticarlo, cuando lo que hay que hacer con una fiera que pone en peligro a los demás es ponerla entre rejas.

Y ahí tenemos a ese dechado de coherencia que es Guillermo Fernández Vara, el presidente (¿socialista?) de Extremadura, tan valiente, escudado en aquella cuadrilla de conjurados, para defenestrar inicuamente a Pedro Sánchez de la secretaría general del partido, y tan modosito ahora en decir nada, cuando más falta hace que se diga con claridad que las políticas del presidente con los separatistas catalanes ponen en serio peligro la unidad de España y la estabilidad institucional del país.

Los últimos años han sido muy malos para el PSOE, pero el mapa del tiempo que se avecina augura algo mucho peor para esta formación, cuyos votantes y simpatizantes merecen algo más, y mejor, que lo que hoy se les ofrece.

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