La cocina, el estómago extracorpóreo que no debe sustituir al genuino

Lo que un humano necesita básicamente para nutrirse es, ordenado por densidades, partículas del éter, luz solar, aire, agua y sólidos.

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Las semillas, mejor crudas y germinadas. J.M. PAGADOR
Las semillas, mejor crudas y germinadas. J.M. PAGADOR

Lo que un humano necesita básicamente para nutrirse es, ordenado por densidades, partículas del éter, luz solar, aire, agua y sólidos. Lo más fácil de tomar es el éter y el sol. También es fácil respirar, como también lo es, el beber agua… Es fácil comer aquello que se desintegra fácilmente, como las frutas maduradas en el árbol y que, además de nutrirnos, nos proporcionan agua orgánica y de alta biodisponibilidad. También es fácil comer aquello que brota del suelo, como las semillas germinadas, en las que la celulosa no está bien formada, ni la proteólisis de los brotes completada, disponiendo así de los aminoácidos y nutrientes de una manera más fácil que de una semilla sin germinar o hecha ya una planta.

Carlos Martínez Correa. PROPRONews
Carlos Martínez Correa. PROPRONews

Una semilla como la de girasol, que se pueda comer cruda, aumentará su capacidad nutritiva más de 5 veces si la comemos germinada y disminuirá más de 5 veces si la comemos cocinada.

Una taza de lentejas germinadas nutrirán más que un plato hondo y lleno de lentejas cocidas, sobre todo por la alta digestibilidad y biodisponibilidad del brote, que es la manera más fácil de digerir.

Si vas a comer semillas sin germinar, recuerda que están sin activar y que posiblemente lleven anti nutrientes, como inhibidores de enzimas en su capa externa. Hay que activarlas antes de su consumo, que no es más que enjuagarlas y dejarlas en remojo unas cuantas horas, en las cuales éstas se hidrolizan y se “activan” al disolverse en el agua los inhibidores enzimáticos que le impedían tener la actividad metabólica que le hace brotar, volviéndose muy biodisponibles los nutrientes, tanto para el embrión (germen) como para nosotros.

Remojar las semillas permite descomprimirlas, activar sus enzimas y hacer más accesibles sus nutrientes. Se podrán comer crudas o hará falta cocinarlas, según la semilla y la capacidad digestiva que tengamos.


Para nutrirnos, en el reino vegetal tenemos todo lo que necesitamos.


Si no podemos comer del reino vegetal, en su mejor versión, que es crudo, podemos usar el estómago extra corpóreo, al que llaman cocina, para romper la pared celular de las plantas y así disponer de sus nutrientes. Es cierto que hay vegetales más densos o con mucha celulosa que, aunque tienen muchos nutrientes, gran cantidad de éstos no vamos a poder digerirlos al cien por cien, y nos pueden producir incluso gases. Algunos requieren de obtener sus jugos con máquinas de prensado o batidoras o de cocinarlos de diferentes formas. No todo lo vegetal es comestible o se puede comer crudo… Por eso elegiremos, sin obsesionarnos, lo que se pueda y como se pueda comer. Su cocinado será al vapor, cocido o al horno, a no más de 100 grados, para obtener así de ellos la mayor cantidad de sus nutrientes sin que se alteren demasiado. Hay alimentos que incluso se pueden cocinar a menos de 45 grados.

Los vegetales fermentados (chucrut, kimchi, etc.) son una buena opción para comer, porque han sido transformados en más digestivos que cuando estaban crudos. Además, tienen fama de favorecer a la microbiota intestinal de nuestro cuerpo.

La cocina, el estómago extracorpóreo. En la imagen, fogones del restaurante Boga-Boga, de San Vicente de la Barquera. J.M. PAGADOR
La cocina, el estómago extracorpóreo. En la imagen, fogones del restaurante Boga-Boga, de San Vicente de la Barquera. J.M. PAGADOR

Un animal, cuanto más difícil sea masticarlo, como los moluscos, peor será su digestibilidad. Y aunque se cocinen, seguirán sin digerirse bien, como ocurre con las carnes hebrosas y tendinosas, o las carnes rojas de animales viejos. Los jóvenes son mejor opción, por ser más tiernos.

También se habla del pollo o del pavo como carnes tiernas, luego están los huevos o los peces del mar, que aún son más tiernos y digestivos… pero todos ellos, aunque nos aportan algunos nutrientes, como las proteínas, siguen dejando muchos residuos tóxicos en nuestro organismo. Tenemos semillas y vegetales que nos aportan una fuente indiscutible de aminoácidos de alto valor nutritivo para formar todas las cadenas de proteínas que necesita nuestro cuerpo y produciendo además pocos residuos en su metabolización.

Tenemos todo aquello que necesitamos en el reino vegetal. Hasta la B12 la tenemos por los suelos; en los brotes de las tierras que están llenas de bacterias precursoras de esta vitamina.

(Carlos Martínez Correa es un profesional multidisciplinar experto en nutricionismo y calidad de vida).

SOBRE EL AUTOR

Carlos Martínez Correa, nutricionista, dietista (y muchas cosas más), nuevo colaborador de PROPRONews

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