Injustificado ataque de celos del frustrado asaltante de los cielos

Un patético Pablo Iglesias llora por las televisiones su infantil desengaño

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Pablo Iglesias. RTVE
RTVE

El que iba a tomar los cielos al asalto, el que pudo en su día contribuir a que Pedro Sánchez fuese presidente del gobierno y no lo hizo, el que pidió la vicepresidencia, el CNI, el BOE y no sé cuántas cosas más en aquel frustrado ejecutivo que creyó tener en sus manos, ese patético Pablo Iglesias deambula hoy por las televisiones llorando el ataque de celos de que el presidente no cuente con él más que puntualmente para la implementación de las políticas sociales y que vaya a recibir en Moncloa a Pablo Casado y Albert Rivera antes que a él. Todavía no se ha dado cuenta de que ha quedado relegado a cuarta fuerza política, cerca de Vox.

Conviene recordar brevemente lo que ocurrió en las penúltimas elecciones generales. Tras la renuncia de Rajoy a la investidura y el paso adelante de Pedro Sánchez, que luego no prosperó, un fantasioso Pablo Iglesias se erigió en árbitro y mandamás de la política nacional, ideó “un gobierno de coalición PSOE-Podemos-IU” que, según él, contaría además con el apoyo de los independentistas, dijo la ridiculez de que “los cielos hay que tomarlos al asalto” (copiando algo tan viejo como la mitología griega, luego plagiada, entre otros, por Marx), avanzó la convocatoria de un referéndum (como primer paso para demoler nuestra democracia), soltó aquello de que, gracias a él, “la posibilidad de que Sánchez sea presidente es una sonrisa del destino que debería agradecer” (frasecita propia de la habitual cursilería y prepotencia del frustrado asaltante celeste), reclamó para sí nada menos que la vicepresidencia del gobierno, además del CNI, el CIS, el BOE, RTVE y no sé cuántas cosas más, y paseó, crédulo, su imposible éxito por las mismas televisiones que ahora recorre llorando de celos.


El líder podemista vuelve a reclamar un papel que no le corresponde y además lo hace de manera ridícula.


En aquella ocasión, además, el líder podemista le echó en cara a Pedro Sánchez que solo 300.000 votos separaban a ambos, lo cual, según él, le confería la suficiente autoridad moral prácticamente para hacerle la lista del gobierno al candidato socialista.

Aquello fue la prueba del algodón de que Pablo Iglesias no podría participar jamás en el gobierno de un país serio y ahí empezó la sangría de votos que le ha relegado a cuarta fuerza política, a solo un millón de votos de distancia de un recién llegado como Vox. Tan ridículo como aquel espectáculo fue después el del casoplón de Galapagar (casi 700.000 euros, no lo olvidemos, adquirido además con una hipoteca concedida por la misma banca que él ataca) y el consiguiente e infantiloide referéndum entre la militancia podemista, convocado por él para ver si ganar y vivir como la casta está bien o estaba mal.

Y ahora, tras la debacle sin paliativos de Podemos y sus confluencias, tanto a nivel nacional como en las regiones (recordemos el fracaso en las últimas elecciones andaluzas), con una pérdida de 29 diputados (sin contar el desastre podemista en el Senado), y como si el frustrado asaltante celeste continuase siendo incapaz de interpretar la realidad y no aprendiese nada de sus propios y crecientes fracasos, vuelve a reclamar un papel que no le corresponde y además lo hace de la manera más ridícula y patética posible.

GRAN VENTAJA SOCIALISTA

Pablo Iglesias olvida que en las recientes generales el PSOE le ha sacado una ventaja de casi cuatro millones de votos y que el número de sus diputados triplica los de Podemos. Pero él, como si nada, reclama que Pedro Sánchez le reciba a él antes que al resto de fuerzas políticas, como si el frustrado asaltante celeste fuese algo más que un político disminuido y en evidente decadencia. Ignora Iglesias que en una democracia moderna la cortesía parlamentaria otorga prevalencia a los líderes según el nivel de su representación. Es lógico y natural que Pedro Sánchez llame primero a Pablo Casado y a Albert Rivera, porque ellos representan a la segunda y a la tercera fuerza en número de votos y de escaños. Y a él, que representa a la cuarta, le recibirá el presidente cuando toque, es decir, en tercer lugar. Pero el eminente politólogo parece que no entiende cosas tan sencillas como estas. Confieso, sin embargo, que da un poco de piedad y de vergüenza ajena verle balbucear en las televisiones llorando el ataque de celos que le ha dado porque Pedro no le ha llamado el primero. Son balbuceos parecidos a las excusas que dio cuando se compró el casoplón. ¡Pena de chico!

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Su último libro publicado es la novela El Viaje del Tiburón – Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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