Hernán Cortés y otros héroes mundiales, a la trastienda de la historia

Siguiendo el admirable ejemplo de España, numerosos países van a desposeer de honores a sus grandes figuras militares y civilizadoras

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Hernán Cortés, retratado por Joaquín Cortés.
Hernán Cortés, retratado por Joaquín Cortés.

En febrero se cumplieron 500 años de la llegada de Hernán Cortés a México y del inicio de una de las gestas más importantes de la historia, pero España está dando una lección al mundo de cómo se debe honrar a los grandes personajes históricos propios, que es ocultándolos y negándoles el recuerdo y los honores que merecen. Este ejemplo de gallarda bonhomía está siendo seguido por el resto de países del mundo, que han empezado a mandar a sus héroes a la trastienda de la historia, para que no se molesten hoy los países o territorios que invadieron o colonizaron hace siglos.

(A mi hermano Miguel del Barco Gallego, cortés y cortesiano como yo).

Ni un solo acto oficial hubo en España el pasado 21 de febrero para conmemorar la llegada de Hernán Cortés a México, uno de los hitos más importantes de la historia de la humanidad que, al margen de su dimensión militar –sangrienta como toda conquista, pero mucho menos que otras más al norte, que acabaron prácticamente con toda la población nativa-, representó una nueva era en la geopolítica mundial, dio lugar a la fundación de numerosos países, ciudades, universidades y sociedades, implantó un fecundo mestizaje y generó la realidad que hoy llamamos América. Nada han programado tampoco los gestores culturales del Gobierno saliente ni del anterior para el resto del año, absolutamente nada. Y no me refiero a fastos de relumbrón ni a eventos grandilocuentes que pudiesen herir ninguna sensibilidad, sino, sencillamente, a, por ejemplo, algunos encuentros entre las dos orillas, algún congreso, alguna exposición, algunas jornadas históricas o culturales, alguna convivencia entre Universidades…


China reniega de Qin Shi Huang, Grecia de Alejandro, Italia de Julio César, Mongolia de Gengis Kan, Turquía de Solimán, Inglaterra de Nelson, Francia de Napoleón…


Los muy cultos y diplomáticos ministros españoles de Cultura, José Guirao, y de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, han justificado la ausencia de todo recuerdo o conmemoración de aquel acontecimiento y de la figura de su protagonista, Hernán Cortés, con el pretexto de que “en México eso es complicado”. Mi pregunta es ¿por qué? ¿Acaso los demás países que conmemoran a sus grandes personajes históricos se reprimen de hacerlo porque puedan molestarse terceros? Y otra pregunta: ¿complicado para quién? ¿A quién puede molestar que España se sienta orgullosa de la obra de Hernán Cortés y recuerde su hazaña y su legado 500 años después? Y otra más: ¿acaso México es un país gobernado por nativos descendientes de aquellos que lucharon con Cortés y los suyos? ¿Están al frente de la gobernación mexicana y en la cima de las actuales élites del país los herederos de los antiguos pobladores precolombinos, que serían los únicos en poder sentirse molestos por un recuerdo que, en todo caso, 500 años después ha perdido su posible “nocividad”? Pues no. La sangre azteca o maya brilla por su ausencia, como la del resto de los pueblos precolombinos que habitaban México, en las actuales élites políticas, económicas y sociales que dirigen el país.

APELLIDOS ESPAÑOLES

Veamos, por curiosidad, los apellidos de los ministros del actual gobierno mexicano. Son estos: Sánchez, Cordero, Casaubón, Sandoval, Ojeda, Durán, Durazo, Montaño, Urzúa, Macías, Albores, González, Blanco, Ortiz, Mena, García, Márquez, Colín, Villalobos, Arámbula, Jiménez, Espriú, Barragán, Alcocer, Varela, Alcalde, Luján, Falcón, Guerrero, Torruco, Marqués.

Los apellidos de origen no hispano son apenas un Meyer –de ascendencia germánica- y poco más.

Y veamos los apellidos del presidente de la República y de los miembros de su gabinete palaciego: López Obrador, Esquer Verdugo, Romo Garza, Artís Espriu, Cárdenas Batel, Ramírez Cuevas, Yáñez Centeno, García Hernández y Villegas Mejías. Este último, con esos apellidos tan “mexicas” es el coordinador de la Memoria Histórica y Cultural de México.

Es decir, la élite que dirige el país es toda de origen hispano y en su mayoría desciende de aquellos españoles que lucharon contra los primitivos pobladores del territorio. ¿A quién, pues, puede molestar en México que España conmemore el quinto centenario de la llegada de Hernán Cortés? En todo caso, a un eventual acusador “hispano” de allá se les puede responder lo que Salvador de Madariaga contestó en Perú a una limeña de ascendencia hispana que le culpó del exterminio inca: “perdone, señora, quienes mataron a esa gente no fueron mis antepasados, que no salieron de España, sino los de usted”.

La cuestión a estas alturas de la historia es tan ridícula como si España, que sufrió las invasiones celta, cartaginesa, romana, visigoda, árabe o francesa, renegase hoy de esos legados cuya riqueza mezclada ha determinado lo que ahora somos como país, como sociedad y como cultura.


Ni en el gobierno mexicano ni en el gabinete del presidente López Obrador hay un solo apellido que revele ascendencia maya o azteca.


REACCIÓN DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Pero la comunidad internacional ha entendido perfectamente la postura española en este asunto y, tomándola no como un acto de pazguata mojigatería y de ignorancia supina, sino como una muestra de solidaridad con los pueblos nativos oprimidos, como un acto de reparación en las personas de los mexicanos de 2019 de lo que unos pocos centenares de españoles le hicieron a millones de mexicanos de 1519 –la mayoría de los cuales sobrevivieron-, numerosos países han acordado ya seguir el ejemplo español.

Así, e imitando el caso de España con el ninguneo de Hernán Cortés, China va a dejar de recordar la figura de su primer emperador Qin Shi Huang, caudillo unificador del país, invasor y conquistador donde los haya; Grecia va a iniciar una campaña de reparación de las suspicacias de los países invadidos por Alejandro Magno en tres continentes y va a sepultar en el ostracismo su memoria; Italia va a retirar las estatuas de Julio César y va a dejar de celebrar actos culturales en su honor a fin de no molestar a los franceses por la cruenta conquista de las Galias que protagonizó; Túnez no mencionará más a Aníbal como nacido en esa tierra, dado que se atrevió a guerrear en otros países, entre ellos el nuestro; Noruega va a borrar todo recuerdo de Erik el Rojo, por conquistar y colonizar territorios más allá de su país natal; Mongolia va a olvidar por completo a Gengis Kan y a impedir cualquier testimonio en su recuerdo por lo mismo; los árabes van a dejar de reconocer a los caudillos Tarik y Muza, porque derramaron mucha sangre en España; Turquía va a abjurar del legado y la obra de Solimán el Magnífico, por lo violento y agresivo que fue con otros países invadidos; Reino Unido va a retirar la estatua de Nelson de Trafalgar Square, como señal de concordia con los países cuyas armadas destruyó, entre ellos el nuestro; Francia va a desterrar los huesos de Napoleón del Panteón nacional y a prohibir el estudio de sus aventuras militares para no incomodar a los países europeos que invadió, entre ellos España; Estados Unidos va a demoler el monumento a Lincoln en Washington y a silenciar a partir de ahora a sus generales Grant y Sherman, para respetar la memoria de los confederados que fueron vencidos y murieron enfrentados a la Unión…

¿Imagina el lector que lo que acaba de leer fuese verdad? En ese caso, la estulticia de algunos responsables políticos y culturales y de ciertos ciudadanos ignorantes y acomplejados de esta sufridora España se habría contagiado al resto del mundo.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Su último libro publicado es la novela El Viaje del Tiburón – Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo