Haití: no son prostitutas, son muertas de hambre

Un lenguaje perverso que respeta a los abusadores y estigmatiza a las víctimas

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Roland van Hauwermeiren, director de Oxfam en Haiti en 2010 y principal organizador de los abusos. THE TIMES
Roland van Hauwermeiren, director de Oxfam en Haiti en 2010 y principal organizador de los abusos. THE TIMES

A la repulsa generalizada por los abusos cometidos por directivos y cooperantes de Oxfam en Haití después del terremoto que destruyó el país en 2010, se suma la indignación generalizada en él y en otros de América por el tratamiento que los medios occidentales han dado a la noticia desvelada recientemente por The Times, llamando prostitutas a niñas y adolescentes haitianas abusadas por esos degenerados, para designar a los cuales, en cambio, no se ha utilizado ningún sustantivo ni calificativo que defina su perversidad. Si esas pobres chicas empujadas por el hambre son prostitutas, ¿ellos qué son?

La noticia la desvelaba el pasado día 9 The Times, siete años después, nada menos, de que ocurrieran los hechos. Un silencio inadmisible por parte de la propia organización que ha durado siete años y que solo se ha conocido gracias a una investigación periodística. Ese silencio y la inacción mantenida en aquel momento y durante tantos años por Oxfam, que solo ha admitido los abusos cuando ha saltado la noticia, representan una conducta gravísima de encubrimiento de unos hechos que constituyen uno de los peores atentados contra la mujer y contra la dignidad humana.


La miseria extrema fuerza a muchas adolescentes americanas y de otros continentes a vender su cuerpo para subsistir y alimentar a sus familias.


Tal como se ha publicado la noticia en el Reino Unido y después en otros países occidentales -con ese lenguaje políticamente correcto que resulta tan odioso cuando no solo hay implicadas, como víctimas, menores de edad, sino, además, menores de uno de los países más pobres del mundo, y por si fuera poco, menores de unos de los países más pobres del mundo devastado además por un terremoto que causó cerca de 320.000 muertos, 350.000 heridos y dejó sin hogar a más de millón y medio de personas-, directivos y cooperantes europeos en Haití de Oxfam, la ONG británica, “contrataron prostitutas y llevaron a cabo orgías en la propia sede de la organización”.

Haiti 2010. ¿Qué degenerado es capaz de abusar de niñas y adolescentes y menos aún en una situación como esta? RTVE
Haiti 2010. ¿Qué degenerado es capaz de abusar de niñas y adolescentes y menos aún en una situación como esta? RTVE

Según las fuentes citadas por The Times, en testimonios recogidos después por otros medios occidentales, directivos y cooperantes de Oxfam en Haití, en una absoluta “situación de impunidad, organizaban grandes fiestas con prostitutas. Las chicas llevaban camisetas de Oxfam e iban medio desnudas. Era como una orgía de Calígula completa. Fue increíble. Fue loco. En una fiesta había al menos cinco niñas y dos vestían camisetas blancas de Oxfam”. Los degenerados abusadores se referían a estas actividades como “la celebración de barbacoas de carne joven”.

ORGANIZABA EL DIRECTOR

Las investigaciones han revelado que el propio director de Oxfam en Haití, el belga Roland van Hauwermeiren, de 68 años de edad, encabezaba las “fiestas” realizadas en la propia sede haitiana de la organización, y en la que tomaron parte al menos siete cooperantes, incluido él. Pero lo peor de todo es que, cuando la propia organización conoció los hechos, no tomó ninguna medida ni los denunció a las autoridades haitianas competentes. Oxfam ha declarado, con una desfachatez que raya en la indignidad, que no denunció los abusos porque “era sumamente improbable que las autoridades haitianas tomaran ninguna medida al respecto”.


La directora de Oxfam no solo no denunció sino que ni siquiera despidió al principal responsable.


Y peor aún es que una mujer, Barbara Stocking, la entonces directora ejecutiva de Oxfam-Gran Bretaña –la casa matriz de la ONG-, de algún modo suavizara la cuestión –sin duda para evitar las repercusiones económicas que el escándalo podía acarrear a una organización que solo en Reino Unido recibe 350 millones de euros anuales- al no tomar ninguna medida drástica con los responsables de tamaña fechoría.

El único “castigo” fue, según ha informado Oxfam, que cuatro cooperantes fueron despedidos y que “se aceptó” la dimisión de otros tres, incluido van Hauwermeiren. De modo que Barbara Stocking ni siquiera despidió a van Hauwermeiren, sino que le ofreció “una salida digna y gradual”, sin imponerle acción disciplinaria alguna.

DELITOS

Los hechos relatados constituyen no solo una malversación de fondos públicos –dado que a las chicas se les pagaba con dinero de Oxfam y que las “fiestas” se realizaban en dependencias de la propia organización-, sino un delito de abusos sexuales a menores, aunque las niñas consintieran “voluntariamente”, dada su precaria situación y su indefensión.

Bárbara Stocking, directora de Oxfam-Gran Bretaña, no denunció a los culpables. UNIVERSITY OF CAMBRIDGE
Bárbara Stocking, directora de Oxfam-Gran Bretaña, no denunció a los culpables. UNIVERSITY OF CAMBRIDGE

Pero no es este el único caso de niñas y adolescentes empujadas por la miseria extrema a vender su cuerpo para subsistir y alimentar a sus familias. Ahora mismo, en Venezuela, especialmente en las regiones fronterizas con Colombia, a uno y otro lado de la frontera, numerosas adolescentes y jóvenes venezolanas que huyen de su país por causa del hambre y la represión del régimen de Maduro, están vendiendo también sus cuerpos como única salida que les queda para seguir adelante. Pero, ¡ojo!, ninguna de ellas es prostituta, ni estas de Venezuela ni las de Haití. Son, en realidad, pobres chicas muertas de hambre, expuestas al abuso –aunque sea con plata- de degenerados sin corazón.