Guanajuato, La Mancha mexicana

En esta bella ciudad de México adoran a Cervantes y han sabido sacarle rentable partido al Quijote

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Francisco Calle en Guanajuato.
Francisco Calle en Guanajuato.

América presta seguramente mayor atención que España a diferentes aspectos de nuestro acervo cultural, entre los cuales se encuentra, en primerísimo lugar, Cervantes y su obra. Hay en aquel continente ciudades consagradas a la memoria de Cervantes como aquí las consagran a la devoción de un santo. Azul, en Argentina es una de ellas. Y en México, indudablemente, Guanajuato, llamada la Capital Cervantina de América. Con este trabajo se estrena en nuestro periódico nuestro nuevo colaborador Francisco Calle García, que acaba de regresar de un hermoso viaje a dicha ciudad mexicana.

Visitar Guanajuato, capital del estado mexicano de su mismo nombre, significa introducirse en un ámbito cervantino y quijotesco de mayor calado, si cabe, que el existente en nuestras tierras de La Mancha, en lo que a presencia iconográfica del Quijote y a la afición por Cervantes se refiere. No en balde la ciudad ostenta el título de Capital Cervantina de América, en la que tiene lugar cada mes de octubre el Festival Cervantino, uno de los eventos interartísticos más destacados de América Latina, y donde personas de toda condición, participan en los entremeses, interpretando, entre otros personajes, a Don Quijote de La Mancha.


Un libro intercambiado por un paquete de cigarrillos en 1936 fue la semilla del Museo del Quijote de Guanajuato.


Estas representaciones supusieron el despertar turístico de la ciudad. Una obra que impulsa la economía, es un instrumento de cohesión social y convirtió a Guanajuato, como hemos dicho, en la urbe cervantina que es hoy.

A más de nueve mil kilómetros de distancia de aquellos molinos que retrató el Príncipe de las Letras Españolas en el Quijote, es de destacar el contraste entre las extensas llanuras manchegas y la inimaginable orografía de Guanajuato. En esta ciudad no existió un plan determinado para su urbanización como en otras villas; está asentada en las laderas y a lo largo de una cañada tortuosa, en cuyo fondo corría un río, con acusadísimos desniveles y con una red de vías subterráneas, abiertas hoy al tráfico rodado y peatonal, que son vestigios de su pasado minero.

Casona que alberga el museo.
Casona que alberga el museo.

Un atractivo más de esta ciudad son las tradicionales callejoneadas, un espectáculo musical  romántico, una especie de recorrido turístico acompañado por la estudiantina, a través de las calles, plazuelas y callejones más importantes de la ciudad, en el que las tunas interpretan variados géneros musicales, que van desde pasodobles y jotas españolas hasta música romántica y mexicana de muy diversos autores.

LA INCREÍBLE HISTORIA DE EULALIO FERRER

Muestra evidente de este efluvio quijotesco –en el más estricto sentido del término- que emana y se respira por toda la ciudad, lo constituye el Museo Iconográfico del Quijote (MIQ), por cierto inaugurado en 1987 por el expresidente del Gobierno español Felipe González, fruto del empeño personal del exiliado republicano cántabro Eulalio Ferrer.

Capilla del Quijote, en el MIQ.
Capilla del Quijote, en el MIQ.

En una ciudad con una oferta museística y cultural amplia y variada – Teatro Principal, Teatro Juárez, Teatro Cervantes, Casa-Museo de Diego Rivera, Alhóndiga de Granadillas, etc.- sobresale el MIQ cuyo origen, según se relata en el propio museo, se remonta al año 1936, cuando un muchacho de apenas veinte de edad estuvo recluido  en un campo de concentración en Francia, en un sitio llamado Port-Vendres. Él y su familia habían salido de Santander huyendo de la persecución y la muerte, en los aciagos tiempos de la Guerra Civil española. Aquel muchacho llevaba como única posesión una cajetilla de cigarrillos. Un buen día, un desconocido -dicen que era un soldado extremeño- le ofreció intercambiar la cajetilla por un libro. Era un  libro muy pequeño, tanto que le cabía en la palma de la mano. Ese libro era Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, en una edición en miniatura. El muchacho aceptó el trato, con la esperanza secreta de encontrar en la lectura un poco de alivio a su desamparo. Abrió el libro y en sus páginas halló un destello perenne de luz en medio de la oscuridad y del encierro en el campo de refugiados. Luego de una larga travesía, azarosamente llegó a México con su pequeño libro en el bolsillo y ya no se desprendió de él en toda su vida. Aquel muchacho se llamaba Eulalio Ferrer.

EL MUSEO

El MIQ, cuya misión es custodiar, exhibir, preservar, incrementar y difundir de manera permanente la colección artística y cultural del museo sobre iconografía del Quijote, así como divulgar sus valores mediante la promoción y realización de diversas actividades relacionadas con la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, se encuentra ubicado en una hermosa casona de dos niveles, a un costado de la Plazuela de San Francisco, antiguamente conocida como de San Juan (aludiendo al cercano templo de ese nombre), y en la prolongación de la calle de Sopeña.

El autor del reportaje, ante un monumento al Quijote en una calle de Guanajuato.
El autor del reportaje, ante un monumento al Quijote en una calle de Guanajuato.

La colección iconográfica del Quijote, heterogénea por sus distintos orígenes, materiales y concepciones, fue donada por el generoso transterrado español don Eulalio Ferrer, como hemos dicho, para ser admirada por los visitantes nacionales y extranjeros. Muy justo era que el Caballero de la Triste Figura, tan festejado en la ciudad, tuviera en ella su residencia, tras cabalgar por calles, plazas y teatros durante varios años. Remontándonos al pasado, sería posible, tras revisar rápidamente los cambios urbanos de Guanajuato, hacernos una idea de cómo se llegó a conformar el sitio donde se encuentra la que aquí se llamó “Casa del Quijote“.

Solo me queda la vehementísima incógnita sobre la identidad de ese soldado extremeño, hombre culto, sin duda, golpeado también por los azares del destino y de la cainita historia de España; sobre si algún día supo del abundante fruto que ese pequeño ejemplar del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, intercambiado por un paquete de cigarrillos, produjo en la otra orilla de ese Océano Atlántico que el Príncipe de las Letras Españolas nunca pudo cruzar.

(Francisco Calle García es abogado. Reportaje fotográfico del autor).

MÁS SOBRE EL AUTOR

Francisco Calle Bautista, prestigioso jurista, erudito y viajero