González trincaba y Floriano lo sabía

Carlos Floriano conocía los tejemanejes de Ignacio González y no hizo nada.

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Carlos Floriano es uno de esos políticos de los que ignoramos los méritos para llevar tantos años en puestos clave de la política nacional, viviendo a cuerpo de rey a costa del erario público. Salvo que el mayor mérito sea esa sumisión a prueba de bomba que lleva a estos escuderos incluso a encubrir a compañeros y jefes supuestamente corruptos, servicio que ciertos partidos recompensan muy bien.

Extremeño de Cáceres, profesor de la Universidad de Extremadura, entró en política en 1990, justo un año después de terminar la carrera de Derecho. Desde la presidencia de Nuevas Generaciones del PP primero y desde la vicesecretaría regional del PP extremeño después, en 1995 empieza a ostentar cargos públicos como diputado de la Asamblea de Extremadura. Su máxima aspiración entonces era disputarle la presidencia de la Junta de Extremadura al PSOE, después de los sonados y reiterados fracasos en tal empeño de su camarada y antecesor Juan Ignacio Barrero –otro hombre de méritos ignorados para haber llegado tan arriba en política-. Y Floriano sigue labrándose una carrerita en el aparato del PP, logrando ser secretario regional y luego presidente del PP de Extremadura, con la vista puesta en la presidencia de la Junta.

DERROTA

Quiso ser presidente de Extremadura y perdió.
Quiso ser presidente de Extremadura y perdió.

En 2007 Carlos Floriano se presenta a las elecciones para presidente de la Junta de Extremadura. Él cree llegado su momento. Rodríguez Ibarra, que lleva gobernando la región desde 1982, anuncia en 2006 que no se presentará a la reelección. Floriano se frota las manos. Cree que el sustituto de Ibarra, Guillermo Fernández Vara, será un adversario fácil de batir. Pero se equivoca. Vara no solo gana en 2007 sino que lo hace mediante una holgada mayoría absoluta, con casi el 54 % de los votos. El varapalo es tremendo para el PP. Tan grande como el desencanto de Floriano, que daba por hecha la victoria. Pero él es más listo que Barrero -que perdió por dos veces las elecciones autonómicas- y no repetirá la experiencia. Con una derrota le basta. Y delante de él se abren múltiples posibilidades de medro. Ascender en el partido es relativamente fácil si andas atento, te pliegas a todo lo que digan los jefes y estás dispuesto incluso a prestar servicios deshonrosos, como encubrir a compañeros corruptos.

ASCENSO

A partir de entonces, y a pesar de su predicado amor por Extremadura, empieza a escalar puestos institucionales y orgánicos dentro del PP nacional y se marcha inmediatamente de la región. Primero, senador, luego diputado y, por fin, es elegido miembro del Comité Ejecutivo del PP, en el inefable congreso celebrado en Valencia en 2008 con el aplauso de tantos líderes de aquella comunidad que luego se verían imputados por corrupción. Ahora ya está dentro del corazón del partido y todo es posible. A partir de ahí todo será aun más fácil para él.

Nunca ganó una elección autonómica, pero se las apañó para medrar en el partido.

En 2012 alcanza nada menos que la vicesecretaría general de Organización y Elecciones en el congreso de su partido celebrado en Sevilla y posteriormente es director de campaña del PP en las elecciones europeas, las municipales y las autonómicas. Por supuesto, si se le pregunta si sabía que su partido se financiaba ilegalmente y que muchos de los actos y los medios utilizados estaban pagados con dinero de la corrupción, dirá que no, sin dudarlo. En muchos otros asuntos ha cometido traspiés imponentes -son antológicas sus meteduras de pata-, pero en esto no le pillará nadie. Él, como tantos otros responsables del PP nacional, no sabía nada de mordidas, dinero B, papeles de Bárcenas y zarandajas por el estilo.

El duro trabajo de reírle las gracias del jefe.
El duro trabajo de reírle las gracias del jefe.

PILLADO AL FIN

Pero tantos años en el filo de la navaja dan para mucho y, al fin, alguna vez tenían que pillar a Floriano en la evidencia. Hablamos de la corrupción del expresidente de Madrid, Ignacio González y de que los responsables del partido estaban, como en todo lo demás, al tanto. El caso trasciende a los medios y a la opinión de forma escandalosa. En su editorial del 30 de abril pasado, El País mencionaba “las certezas sobre el encubrimiento que practicaron Aguirre y otros altos dirigentes del PP, como Carlos Floriano…” en el caso de González. En esto no parece haber duda.

Políticos fracasados que ascienden como escuderos del aparato y no tienen escrúpulos en encubrir la corrupción.

El escándalo de las mordidas y las comisiones ilegales que percibía el expresidente madrileño encausado en la operación Lezo lo destapó un miembro del PP. La denuncia era interna, es decir, no provenía del adversario ni de ninguna fuente externa interesada en dañar la imagen del partido. Fue Jesús Gómez, diputado del PP en la Asamblea de Madrid, el que advirtió en 2014 a Esperanza Aguirre y a Carlos Floriano de que Ignacio González cobraba comisiones de OHL a través de una cuenta bancaria en Suiza. Claro que esto ya se sabía en Génova desde 2007 por mediación del entonces tesorero Álvaro Lapuerta, que informó del asunto a sus jefes sin que estos hicieran nada tampoco. Es decir, los dirigentes del PP tuvieron en sus manos la posibilidad de haber denunciado ellos el caso en lugar de encubrir a los presuntos delincuentes. Pero no lo hicieron.

Floriano y Esperanza sabían lo de González.
Floriano y Esperanza sabían lo de González.

Y ahora Floriano, pillado in fraganti, ha tenido que reconocer que recibió la denuncia sobre González pero no hizo nada ni interna y externamente. O sea, que no tramitó reacción alguna dentro de la organización para corregir tal conducta, ni lo denunció a la Fiscalía, como después hizo Cifuentes. Es decir, estamos ante un caso claro de encubrimiento de delito y eso también (presuntamente) lo es. Un encubrimiento sobre el que el fiscal debería actuar de oficio. Pero los políticos pertenecen a otra clase. Si cualquier ciudadano conociese la comisión de un delito y no lo denunciase, sería procesado por encubrimiento. Floriano, en cambio, a pesar de haber reconocido públicamente que estaba al tanto del asunto, se va a ir casi seguro de rositas. Para esto sirven los políticos fracasados que el aparato hace ascender dentro de la organización. Talento no tendrán para otras cosas. Ni falta que les hace.