Fidel García, el único obispo que no respaldó la “Cruzada del 36” y lo cara que le costó su valentía

El régimen franquista le buscó un doble que frecuentaba prostíbulos para desacreditarle como indigno de su prelatura

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1948, el obispo con el gobernador civil de entonces.
1948, el obispo con el gobernador civil de entonces.

El autor de este impresionante testimonio conoció personalmente y trató a D. Fidel García Martínez, el único entre todos los obispos españoles de la época que no le bailó al agua a Franco ni a la dictadura franquista y que sufrió tal vez la peor represalia que puede padecer un hombre de Iglesia. Ahora, cuando el nuncio saliente, Renzo Fratini, ha vuelto a sacar la “Cruzada” que bendijo la práctica totalidad de la jerarquía católica de entonces, este artículo de un profundo conocedor de la Iglesia y de su historia, pone las cosas en su sitio.

Xavier Moreno Lara
Xavier Moreno Lara

La larga sombra de una Cruzada episcopal. Renzo Fratini ha despedido su diez años como Nuncio de su Santidad en España con unas palabras que invitaban a minimizar el recuerdo de una dictadura que alargó, con nuevas injusticias, la crueldad de nuestra Guerra Civil. El desacierto de esta actitud va en línea con el relato de cuanto se escribe al respecto. Lo que me llama la atención de esas palabras, tan poco diplomáticas, es que, desde el inconsciente parece haber querido defender la actuación de la Jerarquía española en su apoyo incondicional a Franco. Y eso sí puede considerarse un asunto del pasado, oscuro en su trasfondo, pero fácil de aclarar por la evidencia de los hechos.

Si me ocupo de ello es para reivindicar una figura de la Iglesia española, don Fidel García Martínez (Soto y Amío, León, 1880, Logroño, 1973), que, como Obispo de Calahorra, se abstuvo de firmar la carta colectiva de los Obispos que, el uno de julio de 1937, definía el golpe militar como Cruzada. Aunque su oposición, frente a la adhesión de 48 prelados, incluyendo 8 cardenales, era mínima, pero iba a pagarla muy cara.


Se negó a firmar la carta colectiva de los Obispos que, el uno de julio de 1937 , definía el golpe militar como Cruzada.


UNA CLARA OPOSICIÓN AL FASCISMO

Don Fidel era un hombre muy bien formado, Doctor en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, había mantenido contacto con obispos de diferentes naciones al participar en representación de España en el XII Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Chicago en 1926. Por eso, tenía muy claras sus ideas sobre la amenaza fascista cuando en 1942 publica su carta denuncia del fascismo. Lo hace a pesar de que la guerra mundial vivía el momento culminante de la ofensiva de los ejércitos del Eje fascista. Y se atreve a denunciar la amenaza que representaban para el futuro inmediato las ideas que querían imponer. Franco no pudo tolerar este aviso y decidió anular las ideas del obispo calagurritano recurriendo a una trama de falsas denuncias que acabarían por apartarle de su diócesis.

El obispo, de joven.
El obispo, de joven.

¿Acaso le defendieron el resto de los obispos? Todos dieron la callada por respuesta a la maquinación franquista que era burda en extremo: una persona del hampa, que se le parecía físicamente, aceptó pasarse por él en una campaña que le hacía presente en casas de prostitución y lupanares… Los obispos no le defendieron. Don Fidel optó por renunciar a la diócesis y aceptó la acogida que le brindaron los jesuitas, con quienes había cursado su carrera. En las bibliotecas de sus Casas de Formación se preparó para participar en el Concilio Vaticano II donde fueron apreciados sus conocimientos y la fortaleza de su carácter.


El obispo jamás se plegó a las veleidades de la dictadura y rechazó la rehabilitación que le ofreció Franco.


MERCEDES PARA LOS OBISPOS

En 1962 Franco le ofreció una rehabilitación material, pero no la de su honor, algo que no aceptó el prelado. En esa época los obispos recibieron de Franco como regalo un Mercedes. El rechazo de la feligresía se expresó diciendo que los prelados sabían orar, de acuerdo con lo que decía el Catecismo de Astete: “Orar es levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes”. El catecismo lo escribía con minúsculas, Franco, con las mayúsculas de la marca alemana.

Don Fidel se retiró al seminario de su diócesis y allí murió, muy apreciado por los suyos, como demuestra el hecho de que se le hayan dedicado calles y lápidas a su recuerdo. La persona utilizada para su desprestigio reconoció en su lecho de muerte que se había prestado a la farsa.


¿Acaso le defendieron el resto de los obispos? Todos dieron la callada por respuesta a la maquinación franquista, que era burda en extremo.


MÁRTIRES A LOS ALTARES

La Iglesia española ha optado por relatar los desastres de la Guerra Civil como un martirio alumbrado por la quema de numerosos templos. Y ha convertido en beatos y santos a algunos de los más de seis mil sacerdotes y religiosos, de ambos sexos, asesinados por los instauradores y defensores de la República. Creo que este merecido reconocimiento hubiera tenido su oportuno complemento en una reflexión meditada sobre cómo y porqué aquellos representantes de la doctrina de amor fraterno -corazón del cristianismo- habían sido rechazados y condenados a una muerte cruel por aquellas clases humildes a las que habían dedicado esfuerzos generosos. El conocimiento profundo del cómo y los porqués de estos y otros capítulos de la Guerra no puede abordarse con palabras a la ligera, como ha hecho el Nuncio Fratini.

GRACIAS, DON FIDEL

Hubiera hecho esta crónica y defensa de don Fidel como reto a mi afición a la Historia, pero tenía una razón especial para hacerla, además, de mil amores, y con detalles significativos. Como obispo de Calahorra me impartió la confirmación, de la que he guardado una tenue imagen, porque entonces yo era un niño de cuatro años. Pero fue más adelante, ya retirado de su diócesis, cuando le conocí por una larga estancia que pasó en el Colegio de Orduña, donde yo cursaba mis estudios de Humanidades. Él pasaba la mayor parte del tiempo en la Biblioteca, preparando su participación en el Concilio Vaticano II. Pero también estaba cerca de nosotros y valorábamos sus opiniones al juzgar algunos de nuestros trabajos de oratoria o redacción.

1952, el obispo, en una celebración de su diócesis.
1952, el obispo, en una celebración de su diócesis.

Doy por hecho que con su rechazo a ver una Cruzada en una guerra que apostaba por el fascismo, don Fidel ha tenido seguidores en los muchos sacerdotes y religiosos que en la Dictadura se fueron atreviendo, cada vez con más claridad, a enfrentarse con el régimen de Franco. Para hacerlo bastaba evidenciar la verdad del mensaje cristiano en acciones tan sencillas como, por ejemplo, irse a vivir al Pozo del Tío Raimundo…

Por eso ¿hasta qué punto podemos considerar inoportunas las palabras de Renzo Fratini que denuncian lo equivocado de nuestro reiterado dar la espalda a momentos oscuros de nuestra historia?

(Xavier Moreno Lara es periodista, escritor y filósofo).

SOBRE EL AUTOR

El prestigioso periodista, filósofo y escritor Xavier Moreno Lara, nuevo colaborador de nuestro periódico

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