Escalofriante catarsis colectiva contra las agresiones sexuales

Por primera vez en España veinte mujeres han contado en Cáceres, en público, los abusos que sufrieron

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Algunas de las valientes mujeres que hicieron públicos los abusos que padecieron.
Algunas de las valientes mujeres que hicieron públicos los abusos que padecieron.

Es la primera vez que se produce en España un hecho semejante. Veinte mujeres, en un acto público, han contado de viva voz los acosos y abusos que sufrieron. Acaba de ocurrir en Cáceres, en el Ateneo, en una sesión traspasada de emoción y valentía. En este trabajo ofrecemos los relatos de las víctimas, contados en primera persona y en la edad en la que sufrieron la agresión. Mujeres maduras que han vuelto a revivir para todos aquellos momentos terribles. Para sacarse de dentro ese dolor y para que no vuelva a suceder. Nuestra compañera Elisa Blázquez hace la crónica de esta gran catarsis colectiva sin precedentes en España.

Hoy, por fin, nuestro silencio es visible. Según la OMS, un siete por ciento de las mujeres del mundo -el once por ciento en España- ha sufrido algún acoso en su vida. No seré yo quien le enmiende la plana a este estudio de la Organización Mundial de la Salud, pero, si me fijo en lo que me rodea, creo que habría que invertir la proporción, y cifrar en ese once por ciento las afortunadas que no han topado con algún depredador sexual. Un grupo de mujeres de Cáceres, tras el acorralamiento mediático sufrido por la victima de la llamada “Manada”, y sospechando la que le caerá encima a la muchacha de Aranda, decidimos sacar a la luz nuestros fantasmas y decir en voz alta y clara, que hemos sufrido acoso.


Estos son los relatos de las víctimas de entre 11 y 42 años: abusos, tocamientos, violaciones en grupo…


La idea parte de Teresa Corcobado, profesora de matemáticas y mujer combativa en todo aquello que considera justo. Se une Pilar Bacas, profesora también. Y así, poco a poco, ampliamos el grupo. Y sucede algo curioso. De entrada, cuando lo proponemos, alguna dice: “Perfecto, me parece buena idea, os apoyo, pero yo no puedo contar nada, porque nunca he tenido ningún percance de ese tipo”. Pero al rato, esa misma persona me llama y, casi llorando, me cuenta, que no uno sino varios percances son los que tiene en su haber. Permanecían archivados en un lejano rincón del cerebro y salían a la luz solo con haber llamado tímidamente a la puerta.

Así, arropadas unas por otras, nos lanzamos a la aventura. El Ateneo de Cáceres nos presta su salón de actos. El tesorero, Francisco Torrado, se une y organiza una performance para enmarcar los relatos. El profesor del Aula de Filosofía, Ángel García Fernández, se embarca en una charla ilustrativa, “Filosofías contra machismos”, para cerrar el invento, al que bautizamos con el nombre de “Jornada Contra la Violencia Machista en tres actos”. Y Amelia David, profesora de teatro, se encarga de darle unidad y contexto a nuestras historias, y de resumir las tremendas experiencias que le contamos.

Emoción, rabia, vergüenza...
Emoción, rabia, vergüenza…

Las redes sociales hacen el resto y el día D, la sala está a rebosar. Dos horas antes del comienzo, el whatsapp “A mí También”, creado para organizarnos, echa humo. Hay nervios, hay risas, hay quien propone llevar un termo con tila, por si acaso; hay quien se ha puesto a hacer croquetas y quien se pasa la plancha por el pelo; hay quien apura su jornada de trabajo y hay quien no dice ni pío. Pero sobre todo hay SORORIDAD y el convencimiento de que lo que vamos a hacer es necesario, porque, emulando a aquel astronauta, Neil Armstrong, cuando pisó la luna, pero al contrario: “Esto es un gran paso para nosotras, aunque pequeño para la sociedad”. O ¡qué caramba!, ¡también esperamos que sea un paso grande para la sociedad!

SE ACABÓ EL SILENCIO

El objetivo es muy claro. Teresa lo explica de maravilla: “Las mujeres hemos sufrido siempre acoso sexual, pero durante años no hemos hablado públicamente de ello. Eso pertenecía, porque así interesaba a la cultura dominante, al terreno de lo privado. Era algo de lo que estar avergonzadas de admitir, algo de lo que sentirse culpable. Para cada una de nosotras, cada recuerdo de abuso es un dolor. Para la sociedad en general, algo normal, algo establecido y sin mayor trascendencia. Por eso es importante decir en púbico “yo también”. Creemos que es más importante todavía aunar en esas palabras recuerdos y situaciones personales, y contar lo que eso significa para cada una de nosotras. Porque son palabras que no hacen referencia solo a un hecho. Son situaciones diversas y variadas. Son situaciones del mundo en el que nos han obligado a vivir a las mujeres y que, con este acto, queremos contribuir a cambiar. Sin vergüenza, con dignidad, con resolución, con energía trasformadora, con ganas de que las cosas cambien, diremos públicamente qué es lo que quiere decir “Yo también”.


“Las mujeres hemos sufrido siempre acoso sexual, pero durante años no hemos hablado públicamente de ello”.


Así que allí estuvimos; unas, con nombres y apellidos; otras, solo con el nombre; otras más, prestando voz a las que aún no han conseguido verbalizar, por puro desgarro, la agresión que sufrieron. Son una veintena de historias de terror cotidiano; algunas, ya superadas; otras, a medio camino; el resto han dejado secuelas tremendamente dolorosas y traumatizantes de por vida; otras, más leves, pero igualmente repugnantes. PORQUE CASI TODAS LAS MUJERES guardamos en un cajón esa experiencia terrible que hemos relegado en la memoria para seguir adelante. Pero llegó el momento de denunciarlo sin vergüenza, sin culpa, con dignidad, para así poner el foco de esa infamia y de esa culpa en el acosador y no en la victima.

Porque al final de cada relato dijimos con firmeza: “Hoy mi silencio es visible”. Y todas juntas, y muchas con lágrimas en los ojos, después de que más mujeres entre el público se levantaran también para contar su propia agresión, repetimos al unísono: HOY NUESTRO SILENCIO ES VISIBLE.

Testimonios sobrecogedores.
Testimonios sobrecogedores.

Con esta frase convertida en mantra concluyó la catarsis. Una decisión que nos ha supuesto muchas palabras de ánimo, apoyo y comprensión, pero también bastantes críticas: Que “para qué remover el pasado”; que “eso es algo que debe quedar en la intimidad de cada una”; que “para qué exponernos de esa forma”. Eso, las más agradables y bienintencionadas. Pero también nos han llamado melodramáticas, exageradas, y el más socorrido feminazis, y hasta el más original femiñoñas. A lo que yo, brindando con mis compañeras y riendo ya, completamente repuestas tras desnudar el alma, he respondido para mí misma con una de mis frases favoritas: “Bueno ¡y qué!”

Aquí van los relatos de las afectadas tal cual los contamos, en este orden y situándonos cada una en la edad que teníamos cuando sucedieron.

SOY ELISA, TENGO 18 AÑOS

Tengo 18 años y acabo de llegar a Madrid para estudiar periodismo. Me siento feliz, importante. Paseo mucho. Todo es fascinante y nuevo. Entro en una galería de arte por primera vez en mi vida. ¡Me veo tan moderna, tan chic! Está vacía de público. Al fondo, solo, el pintor. Viene hacia mí, me saluda muy amable y empieza a explicarme cada cuadro. Al tercero, está pegado a mi espalda, su pene restregándose contra mi culo. Tardo por lo menos otros tres cuadros en digerir lo que está pasando.

No me atrevo a reprocharle nada. Digo que tengo mucha prisa y salgo de la sala llena de asco, sudando y con lágrimas en los ojos. No he sido capaz de encararme a él y decirle que su conducta es asquerosa. Al contrario, balbuceé una disculpa y huí. La alegría de vivir que sentía un rato antes, esfumada y convertida en vergüenza. No se lo conté a nadie. Hoy mi silencio es visible.

SOY PILAR, TENGO 19 AÑOS

Tengo 19 años y me encuentro con el chico al que mi amiga Teresa ha dejado. Periodista, columnista habitual de un diario de Valladolid, un intelectual interesante, conocido y reconocido en la ciudad. Damos un paseo. Es natural. Hasta hace nada era el novio de mi amiga. Al llegar a un edificio de varias plantas me dice que lo acompañe arriba, que es la casa de sus padres. Al entrar me empuja hasta un dormitorio que hay cerca de la entrada, me baja los pantalones mientras intenta bajarse los suyos, llamándome insistentemente con el nombre de mi amiga. Está fuera de sí. Parece otra persona. Forcejeo y salgo corriendo escaleras abajo. No hacía frío, pero mi cuerpo estaba helado de impotencia. Pasado un poco de tiempo se lo conté a mi amiga Teresa. Ella se preocupó por mí y me sentí arropada. Hoy mi silencio es visible.

SOY CONCHA, TENGO 14 AÑOS

Tengo 14 años y le he dicho a mi madre que voy a casa de una amiga a estudiar, pero he entrado en el cine “Llorente” de Salamanca. Me siento en una de las butacas centrales de una fila completamente vacía. No sé de dónde surge un tipo que se sienta a mi lado, en la butaca de la derecha. De pronto noto que este tipo pone su garra encima de mi falda corta, blanca, cortada a capa y que me ha hecho mi madre. No soy capaz de reaccionar. Me quedo paralizada, sintiendo cómo el asqueroso animal cierra su zarpa sobre mi muslo, al tiempo que la sube hacia mi entrepierna. Entonces, salgo corriendo, mirando si ha dejado alguna huella en mi falda; estoy completamente segura de que así es. Me siento culpable. Esto me ha pasado por querer divertirme (él lo sabe), en lugar de estar estudiando en casa de mi amiga, tal como he dicho a mi madre, engañándola. No se lo conté a nadie. Hoy mi silencio es visible.

SOY CARMEN, TENGO 11 AÑOS

Tengo 11 años y ya se han desarrollado mis pechos. Tenemos mucha amistad con unos vecinos y he notado que Enrique, mi vecino, me pasa la mano por los hombros y deja la mano tonta, hasta que me acaricia el pecho. Pensé que era sin querer, pero me he dado cuenta de que cuando aparece su mujer, enseguida se retira. Se lo he contado a mi madre. Ella se ha enfadado mucho y me ha dicho que le tenía que haber mordido la mano. Hoy mi silencio es visible

SOY CARMEN, TENGO 22 AÑOS

Tengo 22 años y una hija de dos. Estoy separada. No conozco a nadie de mi entorno cercano o lejano que esté en mi situación. Estoy viviendo cosas nada agradables; estar separada es ser una puta. Me ha llamado mi primo por teléfono para decir que soy la vergüenza de la familia. Pero mi separación me hizo fuerte y fue también mi liberación. Hoy mi silencio es visible.

SOY MARÍA, TENGO 26 AÑOS

Tengo 26 años y voy a Portugal, a una reunión de trabajo con mi jefe y un técnico. Vamos a encontrarnos con nuestros homólogos portugueses y hemos quedado para comer. De repente, mientras comemos, mi jefe está hablando de mis tetas. Me está mirando y dice: “Cuando yo te toqué las tetas…” Lo acaban de oír todos. No digo nada y él da más datos: “aquella tarde, después de la comida de empresa, en la discoteca, se te pusieron los pezones tiesos cuando te rocé”. No digo nada. Jamás me ha tocado las tetas. Supongo que me rozaría, como me pudo rozar cualquiera de los que estaban en aquella concurrida discoteca. Pero no digo nada. Me quiero ir de la comida. No puedo. Hemos venido los tres juntos en el mismo coche y volveremos juntos los tres en el mismo coche… Hoy mi silencio es visible.

SOY LEONOR, TENGO 12 AÑOS

Tengo 12 años y estoy en la piscina pública del Hotel Río de Badajoz. Juego en el agua con mis amigas y amigos. De repente, Hugo (un chico conocido de mi entorno social) se acerca a mí por detrás y sin que nadie se percate, me ha tocado, ha tocado mis partes íntimas, dos veces seguidas y de manera consciente. Me vuelvo hacia él y, al ver mi reacción de extrañeza, pudor y horror, responde con una mueca de sonriente victoria. Sus amigos, testigos de la escena, ríen. Siento asco, vergüenza, indignación. Se lo he contado a mis tres hermanos mayores, que desean protegerme y esperan encontrarse con Hugo y hacérselo pagar. Él se mantiene huidizo de mi círculo. Lo mismo, a día de hoy tiene mujer e hijas. ¿Qué te parecería si se lo hicieran a ellas? Hoy mi silencio es visible.

SOY PILAR, TENGO 20 AÑOS

Tengo 20 años y camino por la calle en Salamanca. A mi altura, para un coche. “¡Venga, que te llevo!” “No hace falta”, contesto, pero él insiste. Es el padre de una amiga de mi hermana. Cuando subo al coche, dice que me invita a un café en el Quinto Pino, a las afueras. No me atrae la idea en absoluto. Llegamos y, dentro del coche, se echa sobre mí y pretende tocarme el pecho. Lo empujo rápidamente y trato de salir, pero no me deja. Farfulla con enfado un “qué más te da” y un “perdona, que nos volvemos”. En cuanto puedo me bajo del coche. Se lo conté a mi hermana y ella miró para otro lado, o, al menos, sentí que no me miraba a mí. No pretendía que se lo contara a su amiga, por supuesto, pero sí esperaba una palabra de apoyo. Hoy mi silencio es visible.

SOY TERESA, TENGO 20 AÑOS

Tengo 20 años y estudio en la Universidad de Valladolid. Estoy en el Laboratorio de Termodinámica y se ha estropeado un sensor de temperatura. Se lo comento al profesor de prácticas y dice que en un cajón de la mesa de su despacho hay varios, que coja alguno y suba. Según bajo, me dice: “Ay, qué tonto, no me he dado cuenta de que estaba cerrado el despacho, así que bajo contigo y te abro”.

La puerta no está cerrada; al entrar es cuando la cierra. Estoy en alerta. Saca el sensor y me dice que si quiero aprobar Termodinámica, él me puede ayudar. Se acerca hacia a mí, me voy echando hacia atrás hasta la ventana, el sol se refleja en su babosa cara. Me dice frases obscenas que para él son piropos y me compara con su novia, que dice que es frígida, mientras a mí me ve “moderna, sin prejuicios”.

Me lo quito de encima. Me siento culpable. Me examino del parcial. Obtengo la mejor nota de la clase. Me ha manipulado el examen. Me armo de valor y voy a contárselo a su padre, que es el titular de la asignatura. Me humilla, me dice que soy yo la culpable, que sabe que soy fácil, que tenga mucho cuidado con él. Salgo llorando del despacho. No digo nada. No puedo volver a presentarme a esta asignatura hasta que no acabo mi carrera y cambian de profesor. Hoy mi silencio es visible.

SOY RAQUEL, SOY MUY PEQUEÑA

Soy muy pequeña y un adulto abusa sexualmente de mí. Es amigo de mis padres. Ocurre en mi entorno familiar, en la chimenea de casa de mis abuelos, en un día de campo, bajo las vestiduras de la mesa camilla del comedor de casa… Creo que es consentido por mis padres, siempre están cerca e, incluso, delante cuando ocurren los tocamientos…

Tengo 13 años, mis padres tienen el gesto serio. Mi padre nos pregunta a mi hermana y a mí si recordamos a aquel amigo de ellos que hace tanto que no saben de él. Se me descompone el cuerpo. Después dice: “Parece que ha sido denunciado por abusar de algunas niñas. ¿A vosotras os hizo alguna vez algo? Lo mato si es así…” ¡Ellos no lo sabían! ¡No lo sabían! Niego que me hubiera hecho algo. Nunca más volvimos a hablar de ello. Luego he vivido episodios de anorexia y bulimia. Nada pasa porque sí. Hoy mi silencio es visible.

SOY NURIA, UN ACOSADOR ME LLAMA

Me he dado de bruces contra la “justicia”. Hace un tiempo comencé a recibir innumerables llamadas de un acosador al móvil que uso para mi trabajo y que tengo disponible, por necesidades del servicio, las 24 horas del día. El acosador jadea y dice obscenidades. Asustada, lo denuncio. Dos años después, es localizado. El día del juicio, el acusado no se presenta. El juez sentencia que los hechos sucedidos han sido destipificados en base a una norma de este año y además, han prescrito, como consecuencia de la lentitud con la que se ha desarrollado el proceso. La sentencia da por probado que el acoso existió, pero añade que no se puede castigar. Es decir, que el acosador, Blas Martínez Gila, queda exento y no paga costas. Será el Estado, o sea, nosotros, quienes las paguemos. Hoy mi silencio es visible.

SOY MANOLI, TENGO 15 AÑOS

Tengo 15 años y mis padres me han puesto un profesor particular de contabilidad. Es amigo de mi hermano, tiene tres años más que yo. Las clases son en mi casa, en torno a la mesa camilla. Mete la mano por debajo de la faldilla, me está tocando la pierna y poco a poco, la sube. Intento quitarla. Lo vuelve a intentar. Aún hoy me sube los colores. No lo digo en casa. Las culpas serían para mí, porque él es “estupendo, bueno y cristiano”. Hoy mi silencio es visible.

SOY MARÍA JOSÉ, TENGO 15 AÑOS

Tengo 15 años y soy hija de madre soltera. Mi referente masculino es un profesor que, ganándose mi confianza y admiración, me hace creer que se preocupa por mí. Me invita a un congreso, ya que es conocedor de mi interés por la psicología. Me hace sentir importante. Volviendo a Cáceres una tarde de niebla y con la excusa de que no ve bien, se sale con el coche por un camino a esperar a que escampe. De pronto empieza a acariciarme y me bloqueo. Me coge la cabeza y me obliga a hacerle una felación. Me siento asqueada, culpable… Siento mucha vergüenza. Hoy mi silencio es visible.

SOY MARÍA, TENGO 17 AÑOS

Tengo 17 años y estoy dormida. Abro los ojos: el marido de mi madre me está metiendo mano. No vuelvo a dormir hasta que tengo 18 años, cuando me voy de casa. Hoy mi silencio es visible.

SOY PILAR, TENGO 42 AÑOS

Tengo 42 años y durante mi estancia en Costa Rica conozco a un profesor de la Universidad que me invita a cenar dos veces en restaurantes de la capital y a pasear por las calles. Me parece un rancio caballero español a la más antigua usanza. Nada atractivo. Han pasado tres años, vivo en Madrid y él viene a España con un amigo. Quiere conocer Sevilla y, aprovechando que voy a Cáceres ese fin de semana, acordamos que vendrá conmigo hasta allí y, al día siguiente, continuará su viaje a Sevilla. Sigue siendo nada atractivo. Paseamos por Cáceres. Lo invito a cenar y volvemos a mi casa en el campo. Al poco de llegar, se abalanza sobre mí sin previo aviso. Lo empujo con fuerza. Él me pide mil perdones. Dice que creía que en España las cosas eran así y que parecía que yo lo estaba deseando. Se retira a su cuarto. Yo me encierro en el mío, indignada, y coloco una pila de sillas y la mesilla contra la puerta. Nada más despertarme, lo llevo a la estación de autobuses para que vaya a Sevilla o a donde le dé la real gana. No se lo conté a nadie. Hoy mi silencio es visible.

SOY TERESA, TENGO 12 AÑOS

Tengo 12 años y estoy en el cine con una amiga. A mi lado se sienta un señor que ríe las cosas ocurrentes de la película y me ofrece cacahuetes. Los cojo. Me vuelve a ofrecer y me lleva la mano a su entrepierna. No sé qué es, pero siento asco. Le digo a mi amiga que nos vayamos. Lloro y me siento una niña mala por haber aceptado los cacahuetes. Llego a casa y no digo nada. Hoy mi silencio es visible.

SOY MONTAÑA, TENGO 30 AÑOS

Tengo 30 años y vivo sola. En el buzón de mi domicilio, un día, recibo hojas de revistas pornográficas. Creo que es un error, pero no. Los mensajes suben de tono. Recibo llamadas de teléfonos con silencios, jadeos, voz distorsionada, e incluso la fotocopia de unos asquerosos genitales. Alguien me tiene controlada. Ha comenzado el infierno y el desconcierto para mí. Denuncio. Pasa el tiempo. No tengo noticias. Las llamadas y las misivas cada vez son más constantes. Estoy aterrada. La fiscal ha dado carpetazo al caso porque las llamadas proceden de dos números diferentes. Nadie me ha avisado de que la investigación se ha cerrado. Gracias a unos contactos, el fiscal jefe reabre el caso. Mi acosador es mi vecino de abajo. Hay juicio, se le impone una multa y se le exige que se mantenga alejado de mí. Pasé mucho miedo, temblaba si sonaba el teléfono y durante un largo período de tiempo cambió mi manera de vestir, de comunicarme, también través de la radio que era mi trabajo. Hoy mi silencio es visible.

SOY ANA, TENGO 33 AÑOS

Tengo 33 años, me tocan el culo, se arriman demasiado en el metro, me dicen cosas asquerosas y de todas me defiendo; contesto e incluso he dado patadas en los huevos. Me dicen: “Ignóralo. No entres al trapo. No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Yo digo: “No, tú me agredes yo respondo”. Hoy mi silencio es visible.

SOY MARTA, TENGO 15 AÑOS

Tengo 15 años y mi noviete y sus amigos han alquilado un piso en Cáceres para las fiestas navideñas. A las 16:00 horas mi amigo se marcha a trabajar y los demás me convencen para que me quede con ellos hasta la salida del autobús que me llevará al pueblo. Me quedo y todo es un calvario. Los cinco me encierran en una habitación y durante tres horas me hacen de todo. Me desnudan, les tengo que hacer felaciones, uno la saca, otro la mete; se corren en mi cara, me toquetean y me llenan de semen todo el cuerpo. Al acabar me dicen: “¡Venga puta, ya te puedes ir para el pueblo!”. Salgo llorando. He perdido el autobús y mi madre no sabe dónde estoy. Duermo en casa de una conocida del pueblo. Le cuento a mi noviete lo sucedido. Él dice: “No haberte quedado con ellos”. Le contesto: “¡Vete a la mierda!”. Vuelvo a Cáceres. Es mi palabra contra la de ellos: “¿Quién va a creer a una pueblerina como tú?” Guardo el secreto de por vida. Los veo por Cáceres, son muy conocidos, uno de ellos es profesor universitario… Hoy mi silencio es visible.

HOY NUESTRO SILENCIO ES VISIBLE.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Reportaje gráfico de la autora).

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