Amar en la edad madura

Cuanto más amamos a alguien, menos conviene halagarle

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El respeto, base del amor a cualquier edad.
El respeto, base del amor a cualquier edad.

Es en la época navideña cuando recibimos felicitaciones de todo tipo, en las que es muy difícil ser original, pues las más de las veces todo está dicho y requetedicho. Otras, aunque no pasan de su mediocridad, hay que agradecerlas cuando vienen de esas buenas gentes que guardan un mínimo de respeto hacia nosotros. En ellas pienso especialmente a la hora de hacer estas reflexiones.

Nuestro colaborador, Ricardo Zafrilla Tobarra.
Nuestro colaborador, Ricardo Zafrilla Tobarra.

Quienes me conocen y me tratan, ya sea a diario u ocasionalmente, son conocedores de mis actitudes hacia los sentimientos, en las que no me canso de repetir que para amar y convivir es básico contar con una buena dosis de respeto. Así pues, cuando lo hay, el éxito en el “acoplamiento para la convivencia” está asegurado. Esta denominación la utilizo para referirme al cariño, el afecto y el amor en las edades maduras, pese a que las mariposas estomacales estén ya aletargadas. Por eso, el primer efecto del amor es inspirar un gran respeto. Si bien se siente veneración por quien se ama, el respeto por los otros es la primera condición para saber convivir.

En las edades maduras o avanzadas, las que los ingleses llaman mature people, que cuentan con un acumulado tonelaje de experiencias vividas, las cuerdas que amarran el respeto de unos por otros son, en general, cuerdas de necesidad. Es más, el respeto mutuo implica la discreción y reserva en la ternura, y en el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de libertad de aquellos con quienes se convive. Recordemos cómo los erizos, en sus madrigueras, se aprietan unos con otros para darse calor pero… ¡en la medida que sus púas se lo permiten! Por eso, prefiero tener más el respeto que la admiración de las personas. Sin embargo, debemos evitar lo que acontece a los soñadores, que confunden el desencanto con la verdad. El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión. En realidad, la atracción o el afecto no son más que simpatía de la costumbre.


La atracción o el afecto no son más que simpatía de la costumbre.


RECUERDOS

¡Ay, recuerdos, recuerdos…!, Es lo que me hace recordar al poeta: “…¡ay!, memoria mía, que me traes los dulces recuerdos del placer perdido…”. Evoco ahora a mi escritora romántica favorita, la que utilizó como pseudónimo el varonil de George Sand y que tanto amó a Chopin en el refugio mallorquín de la cartuja de Valldemossa. La pasión isleña fue corta, apenas cien días del invierno de 1838. Por cierto, es rotundamente falsa la información que se muestra a los turistas que la visitan respecto a la celda que ocupó y al piano que, en honor a la verdad, jamás usó el insigne músico. Insisto, ambas son falsas y dieron lugar hasta un proceso judicial con sentencia firme al respecto.

Su verdadero nombre, Aurore Dudevant, lo supe a través de mis lecturas juveniles, en las que tropecé con el académico de la Lengua Francesa André Maurois, quien realiza un extraordinario retrato de esta extraordinaria dama francesa en la obra biográfica que dedicó a la misma (Lélia o la vida de George Sand).


Para amar y convivir es básico contar con una buena dosis de respeto.


Ella siempre insistió en que una mujer llega a la convicción de que es amada más por lo que adivina o intuye que por lo que le dicen; por lo que, cuanto más amamos a alguien, menos conviene halagarle. ¿Se exceden algunos y algunas en sus valoraciones? Creo que no. Lo que ocurre es que, al igual que le sucedió a aquel marino que se quejaba de no tener viento favorable, nunca lo hay para el que no sabe dónde va. Y si no sabes dónde vas, acabarás en otra parte, pues no hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige.

Ojalá no sea nunca el caso particular de cada uno y encontremos siempre, en nuestro devenir humano, nuevos caminos, nuevos amigos y, en cualquier caso, mejores que los que hemos tenido, por supuesto. Claro que la novedad atrae la atención y aún el respeto. Pero la costumbre lo hace desaparecer pronto. Apenas nos dignaríamos mirar el arcoíris si éste permaneciese por mucho tiempo en el horizonte. Por eso la costumbre disminuye la admiración, lo que da lugar a que una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida.

Con mi deseo y mi respeto hacia tu persona, y porque tengas la felicidad anhelada e inconseguida, termino con unas palabras de Juan Pablo II: el respeto a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad. Tampoco olvido mi respeto hacia algunas cosas del marxismo que, aunque muy pocas, son muy válidas: el obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.

Felicidades para todos los lectores y lectoras de PROPRONEWS. PINTEREST
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No puedo ni debo olvidar mis estandartes, esto es, por bandera LA PAZ, y por patria LA LIBERTAD. Mis deseos, en esta Navidad que comienza a acariciarnos, de PAZ, LIBERTAD y FELICIDAD, con el típico tópico añadido de un próspero año 2018 para todos los lectores de PROPRONEWS, sean manovis o no lo sean.

(Ricardo Zafrilla Tobarra es Doctor en Historia, Catedrático de Geografía e Historia e Hidalgo de España).

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