64º Festival de Teatro de Mérida: más mercantilismo que calidad

De 8 espectáculos, 4 han sido buenos, destacando las producciones extremeñas, y 4 malos

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La comedia del fantasma, de Miguel Murillo, la gran triunfadora. FITCM
La comedia del fantasma, de Miguel Murillo, la gran triunfadora. FITCM

Terminó la 64 Edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida que –sin entrar en un análisis pormenorizado de algunas partes inconsistentes, como la mentida internacionalidad, o la falta de objetividad de un público que asiste atraído por el famoseo patrio, sin importarle la calidad artístico-cultural, o los maquillados recuentos de espectadores y de otras actividades paralelas que dan risa-, ha continuado en esa línea de perplejas novedades teatrales foráneas -producidas por el responsable Jesús Cimarro y su empresa Pentación Espectáculos– incapaces de lograr la clarividencia en las recreaciones grecolatinas montadas para el espacio del Teatro Romano, que deberían estar alejadas de operaciones de mercado y comprometidas con la calidad en la creación.

José Manuel Villafaina es uno de los mejores profesionales de teatro en España.
José Manuel Villafaina es uno de los mejores profesionales de teatro en España.

En mi anterior artículo publiqué el análisis crítico de los cinco espectáculos que se representaron en el mes de junio/julio, dejando aparte el bolo de danza-teatro “Electra”, estrenado en Madrid el pasado año. Comenté que de los cuatro estrenos en Mérida dos resultaron buenos, “Filoctetes” y “Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia”, y dos malos, “Ben-Hur” y “Nerón”, que fueron coproducciones grecolatinas de nueva creación, montadas con elencos de actores conocidos pero debutantes.

En el mes de agosto se han representado otros cuatro espectáculos, siendo igualmente buenos dos de ellos, “Hipólito” yLa comedia del fantasma”, de compañías extremeñas que volvieron a entusiasmar, y dos malos o mal adaptados al espacio romano, Las amazonas” y “Fedra”. Los cuatro también fueron estrenos en Mérida, pero los de Pentación Espectáculos especialmente fueron enfocados para la explotación en giras por el país. Asunto que, como ya razoné, no favorece al Festival, ya que supone un cambio negativo en la imagen de los espectáculos (no es lo mismo verlos en el Teatro Romano con toda su espectacularidad artística que menguados en una sala a la italiana) y un freno para que el público de los lugares donde se representan decida desplazarse a ver las funciones en Mérida.


“La comedia del fantasma”, de Miguel Murillo/Teatrapo, la gran triunfadora de este año.


Sin embargo, para los responsables del Festival, parece que el asunto de adecuar la programación a los distintos espacios con fundados procesos de creación y aceptación del Festival grecolatino cuenta muy poco. Lo suyo en Mérida es hacernos creer que sólo con la masiva afluencia de un público inerme el evento tiene éxito (sacando pecho, además, con la idea “turística” de que ello repercute en la buena marcha de la hostelería). No importa si espectáculos como “Las amazonas” o como “Fedra” sean mediocres o inadecuados al espacio romano. Para sus “fantásticos” balances lo que interesa –y sobre todo en este caso concreto en el que ambas producciones son de la compañía del director del Festival- es que llenen de público el teatro. Por lo que entendemos que las producciones –y coproducciones- de Cimarro están maniobradas por intereses varios del teatro comercial, que dejan mucho que desear, entre ellos los del resabio de contratar –cuesten lo que cuesten– a conocidos artistas televisivos (aunque sin importar su calidad teatral) y de utilizar la escandalosa publicidad que hemos visto, pagada con dinero público, que otras producciones –como las extremeñas- no han tenido.

Pese a todo, a la organización del Festival tras las duras críticas recibidas en PROPRONews sobre las falta de transparencia en los anteriores balances económicos –donde se valuaba que la empresa Pentación Espectáculos podía obtener del presupuesto beneficios aproximados al millón de euros por edición- y de su estafa estética, en esta edición se le ha visto cierto interés por intensificar y expandir algunas actividades paralelas, de las que se han favorecido algunas compañías y artistas extremeños. Tales han sido el aumento de representaciones en la extensión del Festival a los espacios romanos de Regina y Cáparra. Igualmente, a última hora, “generosamente” se dieron más representaciones al pasacalles extremeño “Los sueños de Hércules”, tal vez temiendo que el balance global de público fuese este año inferior al de 2017 (en el Teatro Romano hubo un lleno total menos, algo que no han consignado en el balance).

Esquilo y El Brujo, una gran combinación. FITCM
Esquilo y El Brujo, una gran combinación. FITCM

En resumen, creo que el Festival solamente ha tenido “éxito” en lo cuantitativo, o sea por la asistencia de espectadores inermes a las actividades, pero ha sido mediocre en lo cualitativo, o sea por la falta de calidad de las producciones y otras actividades paralelas sin conclusiones. Por consiguiente, sus amañados balances institucionales son un telón de humo que no permiten ver ciertas realidades molestas, contradicciones que se repiten ensombreciendo esos propósitos de “compromiso cultural”, declarados desde el principio en el Patronato. Y digo balances institucionales, porque han estado presentados conjuntamente por el director del Festival, Cimarro, y el presidente de la Junta, Fernández Vara (con la despistada Consejera de Cultura), más preocupados -para las próximas ediciones- por elevar el listón del público que de elevar la calidad (de la que no hablan en sus declaraciones a los medios). Esa calidad cultural, a las que -se supone- las instituciones culturales deberían dedicar sus presupuestos, porque es su obligación y porque es la que de verdad permite potenciar, catapultar y abrir la capacidad del Festival hacía horizontes de superación.

 “FEDRA”

Muchos dramaturgos Eurípides, Séneca, Racine, Unamuno, Espriu, Mediero, Mayorga…-escribieron sobre Fedra, el mítico personaje co-protagonista de la tragedia “Hipólito” de Eurípides. En el Teatro Romano, siete versiones con discrepancias en los caracteres de sus personajes fueron acogidas desde 1953 (año en el que se representó una versión de Séneca, montada por universitarios). Si bien, la más sonada fue la de Martínez Mediero, producida -en 1981- por la compañía extremeña “Torres Naharro” del Centro Dramático de Badajoz, con un montaje espectacular que conjugaba felizmente humor y tragedia y utilizaba todo el teatro, con la participación de conocidos actores, que interpretaron la función a viva voz –Victoria Vera, Juan Carlos Naya, Manuel de Blas, Terele Pávez, Santiago Ramos y muchos actores extremeños de la Cátedra de Teatro de dicho Centro Dramático-. Espectáculo que llenó durante diez días las caveas y tuvo el elogio de críticos especializados, como Moisés Pérez Coterillo y José Monleón (que publicó el texto de la versión en la revista Primer Acto). Y que también fue exhibido en la primera cadena de TVE (Estudio 1).

En esta ocasión, ha sido Paco Bezerra encargado -por Pentación Espectáculos– de realizar una versión minimalista, con una Fedra más audaz en su realismo que la del autor griego (algo que se daba ya en la versión de Séneca), inspirada de manera imprecisa en un primer texto –el desaparecido “Hipólito velado” de Eurípides– del que cuentan que fue muy criticado en las Grandes Dionisias griegas porque se atrevía a dar rienda suelta a la pasión incestuosa de Fedra por su hijastro. Bezerra, que hace una criba de los personajes de las versiones clásicas –dando de baja a dioses, coros, preceptores, confidentes, mensajeros, guardias, criados…- reduciéndolos a cinco, logra un texto bien elaborado en su composición, en el que se conserva la exquisita poesía (próxima a la del melodrama “Fedra” de Racine) y el análisis psicológico de la enfermedad amorosa, pero profundizando -como lo hizo también una excelsa versión de Juan Mayorga de 2007- sobre la idea de un corazón feminista reivindicativo de una reina que pretende ser libre de impedimentos sociales y políticos (igual que lo era su marido, el rey Teseo, en las veces que hacía el sexo con las mujeres que deseaba).


Miguel Murillo, mejor comedia, e Isidro Timón y Emilio del Valle, mejor tragedia.


La puesta en escena, de Luis Luque, desarrolla toda la acción en el centro de la escena, delante de un panel escenográfico que en el Teatro Romano no se digiere bien porque ensombrece el monumento –en su belleza y posibilidades escénicas- e indica, una vez más, que el encogido espectáculo está pensado descaradamente para la gira en otros espacios. Si bien, Luque, que maneja bien los cánones dramáticos en el mediano formato, consigue un trabajo seductor en la dirección artesana de los actores. Estos se mueven con adecuada expresividad en el reducido espacio alcanzando la resonancia del drama tenso, con acento conmovedor sobre los sentimientos de los diversos personajes.

En la interpretación, cumplen todos los actores: Lolita Flores (Fedra), Juan Fernández (Teseo), Críspulo Cabezas (Hipólito), Eneko Sagardoy (Acamante) y Tina Sáinz (Enone) logran trasvasar la organicidad, visceralidad y el desgarramiento propio de la tragedia.

 “LAS AMAZONAS”

Segunda producción de Pentación, con texto y montaje de Magüi Mira, veterana actriz de varias obras representadas en el Teatro Romano (el último fue “César y Cleopatra” en 2015, una versión hibrida de E. Hernández, con un montaje convencional y visualmente menguado en el majestuoso marco romano).


Los montajes de compañías extremeñas volvieron a entusiasmar.


La versión está basada en el visionario, utopista y volcánico melodrama romántico “Pentesilea” (1806), de Heinrich von Kleist que somete a un duelo terrible a sus protagonistas, Aquiles y la reina de las amazonas Pentesilea, a una lucha de sexo y muerte en la que el héroe de Troya acaba, contrariamente a la narración habitual, vencido. Una obra que en su tiempo no quiso montar Goethe por considerarla “una extraña mezcla de aciertos y disparates”, tal vez por la exaltación de los sentimientos irracionales y su lenguaje vehemente y porque la Grecia del romántico Kleist carecía del inspirador heroísmo que construyeran los poetas y pensadores germánicos coetáneos. Una obra que, sin embargo, el gran director Peter Stein -con el ojo puesto en las advertencias de Goethe– en una libérrima versión la montó en 2002 en el Anfiteatro emeritense (no quiso hacerla en el Teatro Romano pues le quedaba pequeño), resultando una espectacular “Pentesilea” que destacó por la escenografía de un monte tupido de flores rojas.

Las amazonas” de Mira, constituye una confusa y simplona síntesis del texto alemán en el drama de la pasión erótica que lleva a los extremos la problemática subjetivista y la anarquía de los sentimientos. Así, escenifica el amor que surge desde el primer encuentro de los dos personajes en el campo de batalla, fuertemente condicionados por el sinfín de intereses materiales, estratégicos, bélicos, de poder e, incluso, religiosos. No vi ninguna profundidad en el tema de lucha feminista que decía tener la propuesta. ¿Acaso estaba en el hecho de mostrar a una mayoría de mujeres sobre el escenario y que los pocos hombres que participan aparecen como caricaturas ridículas? Creo que es muy difícil reorientar el anhelado tema de la igualdad de géneros en una historia de amor como el de Pentesilea, que viola la regla, que va al límite y de una manera destructiva.

El montaje resulta llamativo, utilizando escenas de un ballet de amazonas –a veces reiterativo- que, con carreras y gritos tribales, llenan el escenario. Pero el espectáculo no cuaja como propuesta artística. Es incapaz de desarrollar una acción dramática con veracidad y armonía estética, al poner en juego con poco sentido una mezcla de estilos que confunden. Lo mejor, la escenografía, el vestuario y la caracterización física de las amazonas que aportan belleza. Sobresale la escena final de los amantes, con la inyección artificial de “sangre pura y roja” (decían) en sus cuerpos, que espeluzna.

Filoctetes, la mejor tragedia de esta edición. FITCM
Filoctetes, la mejor tragedia de esta edición. FITCM

Lo peor, la dirección de actores con un estilo de interpretación falto de organicidad, incapaz de transmitir emociones. A los tres personajes masculinos –caracterizados de amariconados guerreros con penachos- apenas les saca partido cómico. Y las canciones, pegadizas como si fueran himnos (“¡Victoria mujeres!”), son de un estilo chiquilicuatre. Del coral elenco, que está formado por conocidos actores televisivos debutantes en el espectáculo, como consecuencia de la pésima dirección, no destaca ninguno. Están condicionados y desaprovechados. La única que se salva es Loles León (la sacerdotisa), con capacidad para declamar y cantar.

 “LA COMEDIA DEL FANTASMA”

Teatrapo Producciones, compañía villanovense, que tuvo hace dos años éxito con la tragedia “Marco Aurelio” ha estrenado -cambiando de género dramático- “La comedia del fantasma”, espectáculo que goza de la exquisita frescura y sutileza artística de gracias y gags de las producciones “bien fait” populares. Una obra basada en “Mostellaria” (el fantasma) de Plauto, que se representa por primera vez en el Teatro Romano.

El tema del fantasma no era raro en la dramática griega y latina, hasta el punto de que se conocen tres comedias griegas con el mismo título. Plauto escribió “Mostellaria”, obra de inconsistente argumento (quizás por ello no se había representado anteriormente), inspirándose en la de Filemón (según el erudito alemán Friedrich W. Ritschl). La comedia está construida sobre un juego de vis cómica en situaciones ideadas con mentiras, enredos y equívocos en medio de una casa encantada de “fantasmas”, en la que el autor latino maneja muy bien los caracteres de los personajes (al estilo del filósofo griego peripatético Teofrasto).


Escandalosa publicidad pagada con dinero público para las compañías de fuera que las producciones extremeñas no han tenido.


Miguel Murillo, asemejando lo que Plauto hizo con la obra de Filemón da un vuelco a “Mostellaria” escribiendo “La comedia del fantasma” como una pieza nueva que convierte en un semi/musical, tal vez entendiendo que las comedias de Plauto -donde se incluían canciones- estaban consideradas como divertidas “óperas” populares. El autor pacense fecunda una versión atemporal llena de un hálito creador bastante divertido y crítico, que en lo penetrante de sus diálogos agudos identifica el tema de la corrupción de este país (en las etapas políticas de Aznar y Rajoy, representada en las actuaciones de Luis Bárcenas y los banqueros) y el tema de algunos “fantasmas” -directores y artistas- que han pasado por el Teatro Romano. Todo, con un mensaje instructivo en la canción final: “Todo lo que vemos, y todo lo que oímos, no es siempre la realidad, y lo cierto y evidente, si no te es muy conveniente, se puede modificar”.

En la puesta en escena, Félix Estaire ha sabido seleccionar un buen elenco de artistas capaces de dominar la actuación, el cante y la danza, para potenciar los recursos del texto en un montaje ágil, inteligente, divertido y con un vuelo escénico -acomodado muy bien al espacio romano- que conduce con libertad y con ímpetu irónico en los momentos precisos de alcanzar la mofa de la situación socio-política actual. Logra escenas de muy fresca inspiración dentro de una combinación artística donde coexisten armónicamente la escenotécnia de Diego Ramos y Fran Cordero, la coreografía de María Lama, la música y canciones de Cesar Belda y el juego de los actores. Un cóctel con ritmo trepidante en el que se sirve acción, espectacularidad y júbilo teatral.

En la interpretación, destaca todo un elenco de virtuosos actores: Ángel Ruiz (Tranión), Eva Marciel (Delfio), Rafa Nuñez(Teoprópides), Juan C. Castillejo (Barcenón de Génova), Roser Pujol (Esferiona), Pablo Gallego (Filólaques), Noelia Marló(Filematio), Cándido Gómez (Misogírides), Chema Pizarro (Simón) y Pablo Romo (Calidámates), que en conjunto asombran por sus excelentes voces (especialmente Ángel Ruiz) y dinamismo farsesco –próximo a la Comedia del Arte y al clown- a lo largo y ancho del espacio romano. También lucieron los figurantes de la asociación Emérita Antiqua (los Cantatum de Hispalis), animando con bailes y cantes -en latín- la escena de un “fiestón”.


Otra vez un festival ni internacional, ni veraz en las cifras, ni auténticamente grecolatino.


 “HIPÓLITO”

El Festival cerró con esta tragedia tramada por Eurípides sobre un hecho de amor incestuoso de la sabiduría popular. Hecho universal y duradero. El espectáculo, en versión libre de Isidro Timón compartida con Emilio del Valle (que también la dirige), ha sido realizado por la compañía cacereña Maltravieso Teatro y La Almeda Producciones.

La versión es bastante fiel al contenido del texto del autor griego, en la profundidad de la lectura idealista-tradicional, en el análisis psicológico del corazón femenino y en la calidad poética de una de las más hermosas creaciones helénicas, donde el conflicto -manifiesto desde el principio en la escena de la lucha enconada de poder, entre las diosas Afrodita y Artemisa– admite con pleno sentido las pasiones extremas de la tragedia de destrucción. Pero acrisolado con una trama de cuadros yuxtapuestos recreados en armonía dramática y cómica –que convierten la obra en una tragedia fársica- en el difícil equilibrio de conseguir un discurso atemporal de las pasiones y los valores, abierta a múltiples interpretaciones en la función moralizante y eminentemente social del mundo de hoy.

La puesta en escena, utiliza íntegramente el espacio romano exhibiendo un atractivo abanico de recursos dinámicos propios de la tragedia fársica, que del Valle sabe relacionar y que funcionan en el grado justo de intensidad en crescendo. Escenografía, iluminación, vestuarios y una sencilla pero sugerente música -en directo y al estilo del afamado Berliner Ensemble alemán- logran un montaje bastante equilibrado para crear la atmósfera sobrenatural de la tragedia y el ritmo necesario de las actuaciones. La reflexión feroz de lectura materialista se complementa con un expresionismo distanciador de las acciones para producir una interesante dialéctica orden-desorden (con técnicas del teatro didáctico de B. Brecht) en el conflicto entre la libertad del amor (representado en Fedra) y la manera de alcanzar la castidad (representado en Hipólito), en torno a ese viento de fatalismo que sopla sobre los dos personajes.


Los espectáculos de Cimarro no están enfocados al Teatro Romano de Mérida, sino para la explotación en giras por el país.


En la interpretación, que es notable en general, saltaba a la vista la entrega de los actores. Lo que no basta para que el resultado haya sido desigual. Destaca la joven Camila Almeda (Fedra), logrando un seductor cuadro de su imagen desnuda y tonos verbales en la solución de ese “pathos” terrible que la envuelve, desgarrando su amargura cuando los fríos cálculos de la incestuosa pasión fracasan. En José Antonio Lucia (Teseo), brilla la presencia escénica del legendario héroe sumido en la mayor desolación, dominando el espacio con fuerza expresiva. Amelia David (Artemisa) y Mamen Godoy (Afrodita) están genialmente graciosas en sus roles de diosas rivales. El coro de mujeres de TrecénEstefanía Ramírez, Raquel Bravo, Guadalupe Fernández y Sara Jiménez– saca partido a una ironía de teatralidad expresionista distanciada y con resonancias de lirismo lapidario en las canciones. Y cumplen, dando juego escénico Rubén Lanchazo –excelente narrador-, Javier Uriarte y Rúll Delgado como mensajeros y cazadores.

Sin embargo, flaquean al principio los papeles de Alberto Amarilla (Hipólito), bastante inseguro en sus movimientos y en la voz; y de Cristina Gallego (la nodriza), falta de una correcta caracterización física de su personaje (alejado del estilo de lo que se ha considerado un remoto anticipo de nuestra Celestina inmortal). Si bien, ambos actores logran crecerse bellamente en las conmovedoras escenas finales.

PASACALLES “LOS SUEÑOS DE HERCULES”

También es justo destacar el vistoso pasacalles temático “Los sueños de Hércules” de Samarkanda Teatro de Almendralejo, que recorrió la ciudad emeritense representando la victoria de unos personajes invasores de la mitología griega, con buenas actuaciones del elenco al son del fuego (pirotécnico) y de la música.


Se observa falta de objetividad en un público atraído por el famoseo patrio, sin importarle la calidad artístico-cultural.


El espectáculo que se realizó 11 veces los fines de semana utilizó dos plazas en un círculo donde lo podían ver un máximo de 250 espectadores. Se supone que el espectáculo fue presenciado como máximo por 5.500 y no por 10.740 como dice Cimarro en su balance.

LO MEJOR DEL FESTIVAL 2018

El crítico de PROPRONews, que ha asistido a todas las obras, valorando los mejores trabajos artísticos de los estrenos en esta 64ª edición del Festival, cree que merecen una corona de hiedra y placa de bronce (sencillo reconocimiento que se otorgaba en los certámenes teatrales de las Grandes Dionisias griegas) los siguientes:

Mejor tragedia: “FILOCTETES”, de Producciones Bitó.

Mejor comedia: “LA COMEDIA DEL FANTASMA” (Musical), de Teatrapo Producciones.

Mención especial: “ESQUILO, NACIMIENTO Y MUERTE DE LA TRAGEDIA”, espectáculo/conferencia de “El Brujo”.

Mejor Versión Tragedia: ISIDRO TIMÓN/EMILIO DEL VALLE (por “Hipólito”).

Mejor Versión Comedia: MIGUEL MURILLO (por “La comedia del fantasma”).

Mejor dirección Tragedia: ANTONIO SIMÓN (por “Filoctetes”).

Mejor dirección Comedia: FÉLIX ESTAIRE (por “La comedia del fantasma”).

Mejor Actor Protagonista Tragedia: PEDRO CASABLANC (por “Filoctetes”).

Mejor Actriz Protagonista Tragedia: CAMILA ALMEDA (por “Hipólito”).

Mejor Actor Protagonista Comedia: ANGEL RUIZ (por “La comedia del fantasma”).

Mejor Actriz Protagonista Comedia: EVA MARCIEL (por “La comedia del fantasma”).

Mejor Actor de Reparto Tragedia: JOSÉ ANTONIO LUCÍA (por “Hipólito”).

Mejor Actriz de Reparto Tragedia: TINA SÁINZ (por “Fedra”).

Mejor Actor de Reparto Comedia: JUAN CARLOS CASTILLEJO (por “La comedia del fantasma”).

Mejor Actriz de Reparto Comedia: NOELIA MARLÓ (por “La comedia del fantasma”).

Mejor escenografía: PACO AZORIN (por “Filoctetes”).

Mejor Utilización del Espacio Escénico: RAFAEL ÁLVAREZ “EL BRUJO” (por “Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia”).

Mejor iluminación: PAU FULLANA/PEDRO CHAMIZO (por “Filoctetes”).

Mejor vestuario: LORENZO CAPRILE (por “Las amazonas”).

Mejor maquillaje: LOLITA GÓMEZ (por “Filoctetes”).

Mejor música: CÉSAR BELDA (por “La comedia del fantasma”).

Mejor coreografía: MARÍA LAMA (por “La comedia del fantasma”).

(José Manuel Villafaina Muñoz es licenciado en Arte Dramático, actor, director autor, profesor y crítico teatral, con una trayectoria profesional de más de 50 años).

Vara y la Consejera de Cultura, con el alcalde, avalan otra edición mediocre que se salva por las producciones extremeñas. JUNTAEX
Vara y la Consejera de Cultura, con el alcalde, avalan otra edición mediocre que se salva por las producciones extremeñas. JUNTAEX

(Próximamente:

* SOSPECHAS DE AMAÑO EN LA ADJUDICACIÓN A CIMARRO DEL FESTIVAL DE MÉRIDA

* ES FALSO QUE CIMARRO HAYA APORTADO UN CÉNTIMO A LA AMORTIZACIÓN DE LA DEUDA DEL FESTIVAL).

MÁS SOBRE EL AUTOR

José Manuel Villafaina, un profesional integral del teatro, nuevo colaborador de PROPRONews

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